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Finca Marta, a 10 años de la visita de Fidel

En el portal corrido de la casa de la finca, cerca de la autopista Habana-Pinar del Río, se le escuchó al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz decir, hace diez años, que, de concretarse el modelo de aquel incipiente proyecto agroecológico, de­bía extenderse por el país.

“Pero tú debes estar aquí, eres más útil aquí, para que muchas personas vengan a verlo”, expresó con la mirada fija en el in­geniero agrónomo Fernan­do Funes Monzote, Máster en Agroecología y Desa­rrollo Rural Sustentable.

Y él mismo cuenta que había solicitado cinco años atrás ocho hectáreas de tie­rra en usufructo, para ma­terializar enseñanzas de la academia, con el referen­te de energía renovable y biodiversidad. ¿Cómo pro­ducir alimentos sanos al alcance de todos, basado en el trabajo y la ciencia en beneficio social?, fue la tesis que no dudó en po­ner en práctica el Doctor en Producción Ecológica y Conservación de los Re­cursos.

Los sueños de Fidel se cumplen a diario en Finca Marta: la voluntad de una agricultura sostenible. Foto: Cortesía del ingeniero agrónomo Fernando Funes Monzote

Pero junto a la familia buscó aliados de aquel si­tio en secano. Cavaron un pozo, piedra a piedra en siete meses, entre otras ex­periencias testificadas en La metáfora del pozo, un libro revelador de la dure­za de la tierra, pero mucho más de su bondad.

En el texto, escrito por Funes y reproducido en for­mato digital, narra acerca de sus primeros años en la nombrada Finca Marta, como su madre, y la visita de Fidel ilustrada primoro­samente en blanco y negro.

“Hablamos de la emi­gración cubana y del com­plejo panorama de la agri­cultura nacional, también de política internacional y de historia. Intercambia­mos sobre una pasión: las plantas proteicas para la alimentación del ganado y las soluciones naturistas a disímiles males que aque­jan al ser humano.

“Compartimos crite­rios sobre el beneficio del uso de la moringa y la mo­rera, así como los métodos de siembra, cultivo, mane­jo, cosecha y procesamien­to de la sacha inchi o maní de los incas”, cuenta.

“Yo siempre he pensa­do, y le dije al Comandante en Jefe la importancia de fortalecer el sistema coo­perativo, otorgarle mayor autonomía: Cooperativas que pertenezcan a los agri­cultores, no agricultores que pertenezcan a las coo­perativas”, consideró.

“No bastaron las horas dedicadas en la finca; al otro día me invitó a su casa hasta la madrugada. Com­partimos un manual de la Ciudad del Saber, ubicada a orillas del Canal de Pa­namá, como lo que sueño construir aquí,” le comenté.

A 10 años de su visita no nos detenemos. Labo­ran 45 obreros en dos co­lectivos laborales: uno en Finca Marta y otro en La Serafina, el organopónico de la granja urbana, Em­presa Agroindustrial de Caimito, con un contrato de administración coope­rada.

“Además del agua del pozo usamos la lluvia alma­cenada en un aljibe; insta­lamos paneles solares y los sincronizamos al sistema eletroenergético nacional”.

Finca Marta es la pri­mera y única mipyme usuaria de la Zona Espe­cial de Desarrollo Mariel (ZEDM), oportunidad que, según Funes, les ofrece be­neficios en el entorno pro­ductivo y social e implica responsabilidades y com­promisos respecto a la le­galidad y la adecuación a normas y procedimientos de la ZEDM.

El habanero deveni­do artemiseño reseña en el mismo portal del 2 de abril del 2016, con el ver­de en la vista, que Finca Marta está celebrando sus 15 años, y falta mucho por cumplir en el aporte a la agricultura del territorio y la contribución a ac­tivar la economía local. Todo eso con las ideas de Fidel tan potentes como sus palmas.

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