Un segundo lugar sería una hazaña, pero no una sorpresa
Oscar Sánchez Sierra, director de Jit
Será la edición del centenario de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Santo Domingo, en julio y agosto venideros, otro gran reto para el sistema deportivo cubano. No es una justa olímpica, tampoco panamericana ni mundialista, pero pasa por varias cumbres, tan borrascosas como la de los entresijos de la novela, considerada un clásico de la literatura inglesa.
La actual situación económica del país, signada por el recrudecimiento del bloqueo estadounidense, al que se le han sumado de enero hasta hoy bandos imperiales de medidas coercitivas que violan el derecho de cualquier nación a comerciar libremente con Cuba; persecución financiera y cerco energético, más una correlación de fuerzas diferentes en el mapa deportivo centrocaribeño son escollos en el ascenso a los podios.
México y Colombia son el mayor desafío de la delegación cubana, hasta ahora con 429 clasificados. Esos dos pabellones aventajaron a la Mayor de las Antillas en la edición precedente de San Salvador 2023, el primero con 145 doradas y el segundo con 87, por 74 de nosotros.
En la capital salvadoreña esa cifra de metales áureos de la comitiva mexicana no se alcanzaba desde Maracaibo 1998, cuando Cuba la llevó hasta 191. Hoy el tablero es muy similar, pues México se ha hecho fuerte en los deportes de combate, una de las fortalezas de Cuba; es más robusto en los de arte competitivo (gimnasia, clavados y natación artística), sin ceder en los que siempre le han aportado como la natación, el atletismo, el tiro, la arquería y las pesas, entre otros.
Para Cuba es posible superar los 74 premios de oro y hasta encaramarse en el segundo escaño del medallero; porque el primero demanda 130 coronas y objetivamente no está al alcance.
Para lograrlo no puede flaquear en las disciplinas en las que es fuerte, y sumar en aquellas en las que la disputa con los dos líderes de hace tres años es más cerrada.
Debe controlar, además, las modalidades en las que tiene rivalidad con Venezuela y República Dominicana, sobre todo ante esta última que, no por ser sede sino por el franco ascenso en su desarrollo competitivo está llamada a protagonizar una de sus mejores presentaciones en estas lides multideportivas.
A la tierra del merengue vamos apretados
Joel García
Los Juegos Centroamericanos y del Caribe serán la fiesta más importante del deporte para nuestra región, no solo por la lucha de cada medalla o los nuevos y viejos campeones que tendremos, sino por la real configuración de esta actividad en un contexto bien diferente al de hace apenas ocho años, al menos para Cuba.
Dominadores históricos de títulos y preseas en total, así como primer lugar por naciones desde Panamá 1970 hasta Veracruz 2014, los atletas cubanos siguen siendo reflectores para rivales y aficionados, con la salvedad de que esta vez los objetivos andan aterrizados a la situación económica en que hemos podido prepararnos, en medio de una crisis muy dura, que arrastra también al deporte en cuanto a topes, bases de preparación y competencias.
México, uno de los tres fundadores de la justa con Cuba y Guatemala, es el aspirante indiscutible para ganar esta XXV edición con una cifra superior a los 100 títulos con relativa facilidad, en tanto es previsible que Colombia afiance su segundo lugar con más de 80 doradas, un techo que puede superar a partir del rendimiento en el anterior ciclo y la calidad de los jóvenes talentos vistos ya en los Juegos Panamericanos Juveniles.
Cuba exhibirá una delegación igualmente joven y con más de un70 % sin experiencia en estas justas múltiples, de ahí que sea imprescindible una alta eficiencia en cada prueba, sobre todo en disciplinas que hemos dominado siempre: boxeo, atletismo, luchas, judo, canotaje; así como en otras de notable rendimiento en no pocas versiones: gimnasia artística, levantamiento de pesas, tiro deportivo, esgrima, remo, tenis de mesa y voleibol de playa.
Por supuesto, no olvido los deportes colectivos, que si bien dan una sola corona, aportan mucho en cuanto a desarrollo deportivo de una nación. Béisbol, polo acuático, balonmano, voleibol, hockey sobre césped, sóftbol pueden subir a la cima.
De cualquier manera, un tercer lugar sería un resultado más que decoroso y fiel a la realidad. Y merecerían los aplausos de oro que en otras épocas nos sobraban para dar y que en la tierra del merengue estarán bien apretados.
Opino ¿arderé?
Daniel Martínez
¿Necesitamos conservar ciertas estatuas espirituales de lo que fuimos? ¿Debemos mantener en pie ideas y planes que hoy son imposibles de alcanzar? ¿Convenimos en bajarlos de los podios mentales en los que los instalamos y pretendemos ser más objetivos y críticos para intentar una nueva marcha?
Si me escudara en el chovinismo más petulante, envuelto con el velo del oportunismo y la ceguera, apelaría otra vez a la casta, el valor y la incansable capacidad de superación de los cubanos.
Desecharía un grupo de argumentos (incómodos para quienes habitan en el arribismo y los intereses más personales) que hace tiempo desangran a esta parcela de nuestra sociedad.
Aclaro, antes de que algunos se pongan en guardia, que siempre reverenciaré a nuestros atletas. Como tantos que sufren y continúan representándonos con honor y gallardía, sin embargo, no están ajenos a un poderoso huracán que ha generado una aguda crisis económica, un profundo y palpable deterioro social, además de una importante sangría de abandonos de talentos y figuras destacadas.
A ello pudiéramos sumar la cancelación y participación de un buen número de eventos nacionales e internacionales, que generan retroceso, apatía y frustración en los practicantes y los entrenadores, sin olvidar el mal estado y las ruinas de una parte de la infraestructura deportiva de la nación.
Es cierto que la aprobación de la nueva Ley del Sistema Deportivo Cubano invita a varios a imaginar un despertar. Aun así, y sin la intención de torpedearles la idea, les señalo que urge a la par de ese estatuto un profundo estremecimiento objetivo, estructural y mental (patrocinio y profesionalización incluidos, aunque hay más) en todas las instancias para aspirar con mesura a unrenacer.
Resumiendo, estimo que Cuba podría anclar en el cuarto escaño. México y Colombia, deben copar los dos primeros puestos, en tanto Venezuela y los dominicanos, que se afinan con mayores recursos y oportunidades, pelearán junto a nosotros por un tercer lugar, que se antoja difícil y que de consumarse, podría festejarse como una gran conquista.
Aclaro, tamaña proeza no debería llamarnos a engaños, pues los daños que nos conducen son evidentes y amenazan con extenderse más. Entonces, después de esta opinión ¿arderé?