Durante una década Víctor Hugo Leyva Sojo tuvo unos 17 encuentros con el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Algunos cercanos y extendidos, incluido uno de algo más de 12 horas; otros breves, aunque intensos, pero todos, absolutamente todos, marcados por el asombro, la admiración y el constante aprendizaje para el profesor de la Universidad de Oriente.

Con los bríos juveniles, las dotes de periodista osado y ese permanente gusto por enrolarse en cuanta tarea le asignan, Víctor Hugo dijo presente al llamado de ser parte del claustro docente, incluidas responsabilidades de dirección, en proyectos de la Revolución ideados por el Líder Histórico.
Desde 2001 y hasta 2011 laboró en el Programa de Formación de Trabajadores Sociales, tanto cubanos, venezolanos, como bolivianos (en Santiago de Cuba, Jagüe y Grande y La Habana), el Frente Francisco de Miranda (en Venezuela), el Programa de Formación de Bachilleres Chinos y la Facultad de Español para no hispanohablantes (en Tarará), así como el Nuevo Programa de Formación de Médicos Latinoamericanos (en La Habana y Pinar del Río).
«Fidel siempre fue un surtidor de ideas e iniciativas que fraguaba en su mente, y para materializarlas, con el acompañamiento de muchos, las explicaba al detalle

«Lo recuerdo yendo en reiteradas ocasiones a las escuelas, a los centros sedes de cada programa, los mismos que la vida se ha encargado de demostrar, de muy diversas formas, su valía.
«No había hora exacta para verlo llegar, como tampoco era posible predecir el tiempo que dedicaría al diálogo con profesores y con alumnos.
«La conversación podía iniciar hablando del por qué de esos programas de la Revolución, su importancia presente, su valor de futuro, y terminar con previsiones de la política internacional.
«Era genial su manera de llevar y traer las palabras, los conceptos, de desarrollar los temas, de interrelacionar y concatenar ideas. Si de algo no conocía procuraba hasta la más mínima información al respecto, era evidente que quedarse sin saber no iba con él.
«Yo atesoro cada momento como una clase magistral que dejó huellas en mí como profesor, como periodista, y como ser humano».
Si bien fueron reiterados los encuentros con el Comandante, dos ocasiones en particular sacudieron hondo a quien actualmente se desempeña como Presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec) en tierra santiaguera.
«La primera fue en 2003, cuando me entregaron la Distinción Especial del Ministro de Educación Superior. Allí estaba Fidel, en la presidencia, y cuando mencionaron mi nombre de verdad que se me alojaron las piernas. Su estrechón de manos resultó telúrico, respondí a sus preguntas como en suspenso. Cuando supo que era santiaguero no contuvo la admiración por Santiago de Cuba, fueron minutos que se me hicieron horas.
«La segunda fue en 2004, ahí también estaba Hugo Chávez, y yo me las ingenié para llegar a los dos, saludar al presidente venezolano y repetir el apretón de manos a Fidel: ¡qué manos las del Comandante! Lujazo el de ese día, dos hombre-historia de cerquita».
Víctor Hugo guarda en el más cálido de los rincones del alma las vivencias de su vínculo de trabajo con el Líder de la Revolución Cubana, pero no son mera reliquia sentimental, se han convertido en lecciones que procura aplicar en su dinámica de vida.
«De Fidel admiré y aprendí que los procesos hay que evaluarlos en su integralidad, que es posible prever resultados y diseñar estrategias en tal orden, pero muy en particular que en medio de todo, por encima de todo, lo más importante, a quienes hay que cuidar y proteger son a las personas. Él fue humanista de pensamiento y acción».
Acerca del autor
Periodista cubana. Máster en Ciencias de la Comunicación. Profesora Auxiliar de la Universidad de Oriente. Guionista de radio y televisión.


