Cuba actualiza su sistema migratorio con nuevas leyes que redefine derechos y deberes de cubanos y extranjeros, en un contexto marcado por la movilidad creciente y la necesidad de fortalecer vínculos con la nación.
En el Centro de Prensa Internacional se presentó en conferencia de prensa la nueva Ley de Migración, la Ley de Extranjería y la Ley de Ciudadanía, instrumento que ya se encuentra publicado en gaceta oficial, junto a decretos y resoluciones complementarias.
El Primer Coronel Mario Méndez Mayedo, jefe de la dirección de Identificación, Inmigración y Extranjería (DIIE) del Ministerio del Interior explicó que se trata de una actualización profunda, que multiplica las actividades reguladas y amplía los artículos del reglamento. La reforma responde a la necesidad de adecuar las normas a la realidad actual de la movilidad y a los vínculos de Cuba con su diáspora.
La magnitud de la actualización es evidente: la Ley de Migración pasa de 25 actividades reguladas a más de 90, y el reglamento se amplía de 84 a más de 200 artículos. Un proceso complejo, enriquecido por el debate social y parlamentario, que busca responder a las demandas de la ciudadanía y a las realidades de la diáspora.
Méndez Mayedo subrayó que el sistema migratorio cubano contará con la Ley 171 migración, 172 ciudadanía y 173 extranjería, que da cumplimiento al cronograma legislativo de la Isla.
Uno de los puntos más novedosos es la definición de la residencia efectiva migratoria, que se establece en tres variantes. La más conocida exige 180 días de permanencia en el país durante un año, pero se abre la posibilidad de acreditar arraigo mediante vínculos familiares, laborales o patrimoniales, incluso sin cumplir ese tiempo. Se reconoce así que la pertenencia a la nación no se mide solo en días, sino en lazos concretos con la sociedad.
Otro cambio de gran impacto es la eliminación del límite de 24 meses fuera del país para mantener la condición de residente. Méndez Mayedo destacó que, con ello se suprime la categoría de “emigrado” que durante años marcó una separación dolorosa entre quienes permanecían en Cuba y quienes se establecían en el exterior. La nueva legislación reconoce que la relación con la patria puede mantenerse más allá de las fronteras y del tiempo.
Por su parte, la Ley de Extranjería introduce figuras como el residente provisional y el residente humanitario, este último destinado a refugiados, apátridas y personas en situación de vulnerabilidad. Se amplían también las causales para obtener residencia permanente, incluyendo vínculos familiares, aportes profesionales y económicos, o arraigo cultural.
Uno de los temas más debatidos fue el de los bienes de los cubanos residentes en el exterior. El artículo 31 de la nueva Ley de Migración ratifica que mantienen el derecho de uso y libre disposición de sus propiedades en Cuba, en correspondencia con la Constitución. Se despeja así una preocupación recurrente y se refuerza la confianza en la seguridad jurídica.
En el ámbito laboral, la normativa establece disposiciones que permiten otorgar a los cubanos residentes en el exterior y a los extranjeros diversas condiciones y clasificaciones migratorias, con el fin de autorizarles a desarrollar actividades profesionales, ejercer empleos y emprender negocios o inversiones durante su estancia o residencia en el país.
La Ley de Ciudadanía, con 114 artículos, amplía el acceso a la nacionalidad cubana. Además de hijos de cubanos nacidos en Cuba, ahora también los nietos podrán solicitarla. Se facilita la naturalización de extranjeros con arraigo social y económico, y se clarifican procesos como la renuncia, privación y recuperación de la ciudadanía.
“Hablamos de una ley para cubanos y extranjeros que participan en el proceso migratorio”, señaló Malluly Díaz Medina, de la Dirección General de Asuntos Consulares y Atención a Cubanos Residentes en el Exterior (DACCRE). La directora acotó que antes o después de estas legislaciones se anunciaron medidas que actualizaron la política migratoria del país, no es la primera vez que se actualizan esas leyes, ha sido un proceso continuo desde finales de la década del 70 del siglo XX.
La entrada en vigor de estas leyes abre un nuevo escenario para la movilidad en Cuba. El país redefine la relación entre ciudadanía, residencia y extranjería, y lo hace en un momento en que la migración es un fenómeno global que exige respuestas flexibles y humanas. La reforma no borra las tensiones acumuladas, pero ofrece un camino para que la pertenencia a la nación se entienda como vínculo vivo, más allá de fronteras y calendarios.
