En el policlínico «Máximo Gómez Báez», de la ciudad de Holguín, los apagones ya no interrumpen la atención de urgencias. Desde el pasado 18 de marzo, un conjunto de cuatro paneles solares de 2 kilowatts (KW) «blindó» al Cuerpo de Guardia, una mejora que agradecen tanto profesionales como pacientes.
Valorado en aproximadamente cinco mil dólares, según detalló Fernando Hechavarría Pupo, director de la UEB Fuentes Renovables de Energía de la Empresa Eléctrica Holguín, este dispositivo forma parte de una iniciativa más amplia que ya suma 70 instalaciones en casas de abuelos, hogares de ancianos, policlínicos, consultorios y hogares maternos de toda la oriental provincia.
Jasneidy Escobar Peña, directora de la institución sanitaria, recuerda que antes, para mitigar la falta de electricidad, solo disponían de dos lámparas recargables que apenas alumbraban por tres horas, mientras que el combustible para el grupo electrógeno dejó de llegarles desde octubre pasado.
Ahora, en el Cuerpo de Guardia, que por su céntrica ubicación atiende a una población flotante de casi 30 mil habitantes, los médicos pueden encender los concentradores de oxígeno y el electrocardiógrafo incluso durante un apagón prolongado.
El doctor Juan Manuel Ordaz Sánchez, especialista en MGI, señala que antes de los paneles solares la falta de luz limitaba severamente la capacidad de examinar a los pacientes, y subraya que el noventa por ciento de la medicina consiste en ver para diagnosticar.
Actualmente, gracias a las celdas fotovoltaicas que alimentan dos consultas, la sala de observaciones con tres camas y el puesto de enfermería, él y su colega logran atender entre 50 y 80 personas diarias sin depender de la luz natural ni de linternas de celular.
La enfermera Iliana Luaces Ledea, que lleva tres años en el departamento de vacunación, observa con alivio uno de los tres refrigeradores donde se conservan las vacunas. El mecanismo fotovoltaico permite ahora mantener la cadena de frío, vital para preservar la efectividad de estos biológicos, que protegen sobre todo a los más vulnerables: niños y mujeres embarazadas.
La trabajadora sanitaria comenta que esos frigoríficos, donados por Japón, pueden mantener la temperatura entre dos y ocho grados durante 72 horas sin corriente, pero la certeza de contar con los paneles le evita el estrés de evacuar dosis cuando se va la electricidad.
Arianna Rodríguez Soto, una embarazada que llegó al vacunatorio para aplicarse la dosis Abdala, dice sin dudar que esto es «seguridad», mientras su madre, Mairene Soto Rivera, lo califica como «un avance y un logro de la Revolución».
Hechavarría Pupo aclara que estos sistemas de energía renovable constan de cuatro paneles solares, un inversor híbrido de 2 KW y una batería de litio ferroso. El conjunto, añade, tiene la autonomía suficiente para sostener lo indispensable sin depender de la red eléctrica nacional.
Con esa energía, por ejemplo, se encienden luminarias, se mantiene un refrigerador, funcionan las computadoras y cualquier equipo de primera necesidad en la atención primaria.
Agrega que los equipos de 2 KW iban dirigidos inicialmente para viviendas, pero en los centros de salud se adaptaron para cubrir solo lo esencial: el cuerpo de guardia y, en algunos casos, una sala de terapia intensiva.
El policlínico «Máximo Gómez» fue el primero de su tipo donde se montó este tipo de tecnología, y desde entonces se han beneficiado otros centros de la cabecera provincial como «Pedro del Toro», «Mario Gutiérrez» y «Julio Antonio Mella». La energía del sol, para satisfacción de todos, se pone paulatinamente al servicio de la vida.