¡Robe, cará, mi primer hermano de la vieja guardia! ¿Sabes? Este Primero de Mayo me recordó los nuestros de los años 60.

Sì, aquellos en que ayudábamos a movilizar con nuestro periodiquito en Santos Suárez. ¡Qué años aquellos! Sobre todo el 61, cuando nos fuimos a subir el Turquino cinco veces como jóvenes rebeldes y allá nos cogió Girón y la alfabetización, aunque al final de la campaña pudimos ir cuando regresamos de la Sierra,
¿Cómo dices? Ah sí, claro que ahora muchas cosas son distintas, hermano. Sobre todo que ya a muchos de nosotros la vida no nos permite marchar como hicimos durante tantos años. ¡Qué digo años! Como hicimos durante tantas décadas. ¡Cuánta huella dejamos en calles y avenidas, en plazas y tribunas! ¡Cuánta huella dejamos y se nos quedó por siempre en el medio del pecho!
Pero ahora igual seguimos levantándonos en la profunda madrugada, con el mismo fervor, y allá vamos como siempre a sumergirnos como uno más en el mar de pueblo.
¿Y cómo dices que no me viste? ¡Tú siempre jaraneando! Porque yo te vi y me vi, entre los curtidos veteranos de labor, los insomnes centinelas y los bisoños incansables. Entre los que hacían ondear la bandera enorme y los que llevaban en alto la imagen de Fidel, que se veìa orgulloso de nosotros. Y parodiando a Naborí, si no nos vieron a su lado fue porque estábamos dentro de él.
Y me vi y te vi entre los artistas, que tradujeron en verso y música el jolgorio de un pueblo por mantenerse erguido, para que el mundo sepa, como dijo Papillo en una de sus décimas, que “nadie podrá quitarnos / la sonrisa de la cara”.

