Homenaje al doctor Antonio Luaces Iraola en el 131 aniversario de su muerte
José Martín Lorenzo Luaces y Concepción Iraola, principeños que vivían en la casa marcada con el número 8 de la calle San Francisco, hoy Luaces 55, rieron felices la tarde del 11 de junio de 1842, le había nacido su hijo Antonio Lorenzo. Tony, como le decían, creció con el cariño de la familia, corría alegre por las calles de Puerto Príncipe, actual Camagüey, aprendió a leer en su hogar y el bachillerato lo hizo en el colegio de los Padres Escolapios. De mediana estatura, piel blanca y pelo rubio con tonos castaños el joven destacó por su inteligencia natural.

La favorable posición económica de la familia le permitió enviar a Tony a estudiar a los Estados Unidos. Allí se graduó de médico cirujano. Durante la Guerra de Secesión en los Estados Unidos (1861-1865) se incorporó, con 23 años, al ejército federal norteño del presidente Abraham Lincoln, prestó destacado servicio en el Cuerpo de Sanidad y alcanzó el grado de coronel. Al término de la guerra en 1865, ya con sus ideas abolicionistas consolidadas, realizó un periplo europeo que comenzó en París, Francia, con el objetivo de ampliar sus conocimientos médicos. En aquella ciudad de la luz le ocurrió un lamentable incidente, fue retratado por un fotógrafo que luego hizo un óleo y sin consultarte lo mostró en una de sus exposiciones; el joven médico se molestó mucho y lo llevó a litigio pues no había dado su consentimiento al respecto.
En septiembre de 1868, al enterarse de los movimientos que existían en España para derrocar a Isabel II embarca con varios amigos para auxiliar en esa obra a algunos antiguos condiscípulos que le pedían ayuda, llegó a Cádiz poco después de haberse producido la caída del trono de la mencionada reina. Allí se entera de la insurrección en Cuba por lo que de inmediato regresó a los Estados Unidos donde se puso en contacto con los cubanos que tenían ideas independentistas.
El doctor Luaces zarpó de Nueva York, en el vapor Perrit, el 4 de mayo de 1869. Esta expedición dirigida por la Junta Central Republicana de Cuba y Puerto Rico, fue organizada por el ingeniero Francisco Javier Cisneros quien vino como jefe de mar, el general Thomás Jordan, norteamericano, viajó como jefe de tierra. En total trajo 198 expedicionarios, 112 cubanos y 86 extranjeros, principalmente norteamericanos y algunos húngaros, polacos, mexicanos y venezolanos. Vale señalar que junto con Luaces viajaron su colega médico Sebastián Amabile, Enrique Collazo y el norteamericano Henry Reeve. Desembarcaron el 11 de mayo de 1869 por la península de El Ramón, en la Bahía de Nipe, antiguo Oriente.
La valiosa carga del vapor Perrit estaba compuesta por 2 340 fusiles Springfield, 51 fusiles Remington con bayoneta, 50 carabinas Remington, 200 revólveres Colt, 2 cañones de acero y 2 de bronce, 4 obuses de 12 libras, 388 000 cartuchos Springfield, 20 000 Berdan, 10 000 metálicos Berdan, 1 405 proyectiles y bombas de artillería, 326 lanzas, 480 machetes y como algo singular, un sable para el presidente de la República en Armas, Carlos Manuel de Céspedes. Venían además, 800 pares de zapatos, monturas, hachas, cananas y otros medios.
Al llegar a la Isla e incorporarse a la Guerra de los Diez Años, Luaces integra la compañía Rifleros de la Libertad, bajo las órdenes del canario Manuel Suárez. En uno de los primeros combates contra los españoles el doctor Luaces tuvo que brindar asistencia sanitaria a su colega y amigo, doctor Sebastián Amabile, quien recibiera múltiples heridas por armas de fuego; a pesar de su esfuerzo el paciente falleció, fue un duro golpe para el joven galeno. Después Luaces fue designado médico de la División de Camagüey, subordinado al mayor general Ignacio Agramonte y Loynaz. En julio de 1869 fue nombrado de jefe de Sanidad de Oriente, ratificado mediante decreto presidencial del 4 de abril de 1870.
En enero de 1871 un amigo le escribe desde Camagüey invitándole para que en unión de su hermano Emilio y de su tío Ernesto se presentara a los españoles. El médico fue categórico en su respuesta: «aconsejarnos que cometamos una infamia, por Dios acuérdese de los principios más sencillos de la moral, acuérdese que aun la vida tiene su valor y hay cosas que valen más que la vida, hay manchas en la reputación de un hombre honrado que infunden más terror que la muerte». En cierta ocasión el mayor Ignacio Agramonte escribió en la hoja de servicios del camagüeyano: «valor a toda prueba».
Vale destacar que el doctor Luaces simultaneaba sus labores médicas asistenciales con la de soldado de fila. Así pues, el 8 de octubre de 1871 estuvo entre los 34 integrantes de la caballería seleccionados por Ignacio Agramonte Loynaz. Estos mambises en una valiente acción de guerra, protagonizada en los campos de Jimaguayú, lucharon contra un escuadrón de 120 rifleros españoles, y lograron rescatar al brigadier Julio Sanguily Garrite. La epopeya, registrada en la historiografía como El rescate de Sanguily, constituyó un acto de valor temerario que produjo un impacto moral extraordinario en las fuerzas enemigas y exacerbó el odio de la metrópolis hacia los cubanos que luchaban por su independencia.
El 23 de julio de 1872 en el combate de El Salado, el mayor Ignacio Agramonte recibió una herida profunda entre ambos omóplatos. La atención médica del doctor Luaces fue inmediata y eficaz, le realizó cura local y sutura lo que permitió yugular el sangrado. En la misma acción de guerra recibió dos balazos en la tibia el teniente Luis González Esquevez, jefe de la tropa española, quien se asombró al darse cuenta que al terminar con el mayor, el médico cubano fue a curarlo. El español y el cubano fueron más allá de la relación médico paciente y conversaron sobre temas generales de la guerra; Luaces comentó que en los Estados Unidos se ponían en libertad a los prisioneros bajo palabra de honor de no volver a empuñar las armas. A propósito de los prisioneros el español preguntó: «¿no es verdad que Francisco I fue un gran rey a pesar de haber caído prisionero?». Luaces, quien era un hombre culto, respondió que caer herido y prisionero no era sino un capricho de la suerte.
Momentos después el propio Agramonte visitaba al jefe español preguntándole como estaba y diciéndole: «Se le ha atendido a usted con nuestros escasos recursos, con la eficacia que las leyes de la guerra determinan en obsequio de los prisioneros dignos a quienes le es adversa la tortura». El prisionero respondió: «si así no lo reconociera no sería ni militar ni caballero». El doctor Luaces dejó a los oficiales en su conversación y se fue a curar a otro mambí que tenía una herida en la mano y en el tobillo.
Otros combates en los cuales participó con actuación sobresaliente fueron: El Jacinto, Loma del Vapor, Buey Sabana, Sao de Lázaro, La Soledad de Acheco y Cocal Olimpo. Es significativo que al término de los conflictos bélicos el doctor Luaces curaba a los heridos cubanos y españoles con igual desvelo. Después de la muerte del mayor Agramonte el 11 de mayo de 1873, Luaces continuó junto al mayor general Máximo Gómez Báez, con quien participó en la Campaña de Camagüey; se destacó en los combates de La Sacra, Palo Seco y Las Guásimas.
Importa subrayar que el 9 de noviembre de 1873 en el combate La Sacra cayó prisionero el jefe de sanidad de las tropas españolas, doctor Naranjo. Gómez se acercó al doctor Luaces para que lo atendiera como colega y no como adversario y le ordenó: «hágase cargo de su compañero, que ya tendrá usted hambre de hablar sobre medicina. Dense gusto y si él lo necesita, dale ánimo». Luaces, con la cortesía que le era habitual, hizo disipar todo temor a su colega. Al día siguiente el doctor Naranjo fue puesto en libertad con todos los prisioneros del combate, antes de partir le regaló un abrazo agradecido al médico cubano.
De particular relevancia fue su participación en un Consejo de Oficiales celebrado después del combate de Palo Seco. El comandante español Martitequi se había rendido, en el registro de rigor le encontraron documentos comprometedores y algunos mambises abogaban por fusilar a todos los prisioneros. Gómez convocó a sus mejores oficiales. Luaces reunía en su personalidad al hombre educado en familia que actuaba con cortesía en el trato, al científico formado en Nueva York, París y Madrid y al bravo soldado probado en la manigua; su discurso fue convincente a favor del perdón. La junta del consejo votó casi por unanimidad por el perdón de los vencidos, quienes fueron puestos en libertad, creció así la admiración de sus compañeros por el médico mambí.
El 26 de marzo de 1874 Luaces fue ascendido a coronel, vale señalar que su hermano Emilio y su tío Ernesto Lorenzo Luaces Molina también alcanzaron grados de coronel. El 18 de noviembre de ese año el médico marcha junto con Gómez a la prefectura de Pedro Cisneros para brindar asistencia médica al diputado Francisco Sánchez que estaba enfermo. Un mes después, el 21 de diciembre de 1874, Gómez le ordena a Luaces que junto con Virué realicé las exploraciones al campo de Las Guásimas.
Ese día el generalísimo escribió en su diario: «Al separarme del doctor Luaces que es esta la vez primera desde que llegué aquí al Camagüey a hacerme cargo del mando por muerte del malogrado Agramonte justo es que diga dos palabras, pues yo creo que muy pocos conocen al doctor Luaces como conocerlo puedo yo que es mi compañero de tienda, que es como mejor se conocen los hombres cuando su vida es íntima. Luaces, hombre profundamente honrado es de un delicadísimo trato, virtuoso hasta donde pueden serlo los hombres, de costumbres muy puras y con un corazón lleno de benevolencia y bondad, se capta la simpatía de todo el que como yo llegase a tratarle. Es de muy buen juicio y bastante talento y sobre los conocimientos que pueda tener de su profesión, como no soy voto en su materia no puedo formar opinión».
Al Gómez invadir Las Villas, Luaces quedó subordinado al general de brigada Henry Reeve, su compañero de viaje en la expedición del Perrit. Junto al norteamericano libró otras importantes batallas; al finalizar los combates, pasaba de guerrero mambí a médico de asistencia, curaba con igual dedicación a los heridos cubanos y españoles.
Acampados en La Crimea, el 19 de abril de 1875, los mambises fueron sorprendidos por la guerrilla Los Doce Apóstoles, integrada por desertores del Ejército Libertador. En el sitio, localizado a 40 kilómetros de Puerto Príncipe, se encuentra el potrero Los Alacranes, donde fue hecho prisionero Luaces y conducido a la ciudad el día 20. El 21 de abril de 1875 fue llevado al paredón que existía en la carretera de Pueyo, en la misma ciudad de Puerto Príncipe. Poco antes de ser fusilado aceptó un tabaco que le diera un oficial español y exclamó: «no es verdad que siempre es hermoso morir por una causa justa», solo tenía 32 años. Actualmente el hospital más importante de la provincia Ciego de Ávila lleva el nombre del doctor Antonio Luaces Iraola, rinde así tributo el pueblo avileño al destacado coronel médico de la Guerra de los Diez Años.
*Médico e Investigador histórico. Doctor en Ciencias Médicas. Académico Titular de la Academia de Ciencias de Cuba. Neurocirujano del Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente «Saturnino Lora». Santiago de Cuba. Miembro de la Uneac, de la Unhic y de la Scjm.
Acerca del autor
Dr. C. Ricardo Hodelín Tablada*
Médico e Investigador histórico. Doctor en Ciencias Médicas. Académico Titular de la Academia de Ciencias de Cuba. Neurocirujano del Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente “Saturnino Lora”. Santiago de Cuba. Miembro de la Uneac, de la Unhic y de la Scjm.


Magnífico trabajo. Rememora la participación del Dr. Luaces en la Guerra de los 10 Años, en la lucha por la independencia de Cuba. Un hombre de gran experiencia profesional y también médico militar, adquirida en su participación en la Guerra de Secesión de EU. Destacado por su humanismo y vasta cultura. Es lamentable que al caer prisionero no tuvieron la consideración que él tuviera con los militares españoles capturados por el EL y atendidos por él. Saludos afectuosos. Muchas felicidades y espero nuevos artículos para continuar incrementando los conocimientos sobre la participación de los médicos en las luchas por la independencia de Cuba y la libertad de los cubanos. 🇨🇺
Degustamos leer todo de Los Mambises y las epopeyas en la manigua. Lo más trascendente EL HUMANISMO de personajes,
tradición que hoy conserva y vive Cuba.
Doctor por allí me explica la siglas UNHIC y SCJN, entendemos son asociaciones a las cuales usted pertenece.
Abrazos
La historia no deja de sorprenderme . Exelente trabajo
Es una excelente reseña del doctor Luaces, un paradigma de la medicina y médicos cubanos patriotas, imagino que se enseñe en las Facultades de medicina, en la actualidad hace falta muchos hombres y profesionales patriotas como estos. Saludamos esta labor historiográfica meritoria del doctor Hodelin.