La brevedad es efectiva y no por ello efímera, si deja eco. Cada edición del habitual Maratón de la Habana (Marabana) se ha convertido en tinta e imágenes de cientos de peculiares y a veces empolvadas historias.
Es indudable, que como todo evento deportivo le sobrevivan los tiempos y los semblantes de los ganadores.
Sus gestas les han convertido por derecho propio en inmortales dignos de aplaudir y mencionar. Sin embargo, agudos, eternos y a veces olvidados por las palabras se enraízan en lo más profundo de la carrera un montón de trazos en los que late el espíritu inconfundible de lo breve y a la vez perpetuo.
Es como una resistencia tenaz al paso inquebrantable del tiempo, otra prueba de lo mucho que tiene para decir un espacio deportivo donde los sueños de lo posible, increíble e inesperado están al alcance de nuestras pupilas y a veces no percibimos.