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El contundente papa León XIV frente al irrespetuoso Trump

El papa León XIV dio una lección a los políticos, dignatarios y personalidades del mundo de cómo deben responder a las continuas declaraciones irreverentes e intimidaciones del mandatario de EE.UU., Donald Trump.

La máxima autoridad de la Iglesia Católica no se dejó amedrentar por el gobernante de la Casa Blanca, quien irrespetuosamente lo calificó de débil y pésimo en su política exterior por sus llamados a la paz global, al diálogo y el multilateralismo para encontrar soluciones a los problemas internacionales.

En conversación con la prensa en camino esta semana hacia su primera gira africana, el pontífice afirmó no tenerle miedo a Trump ni a su administración, y subrayó que seguirá manifestándose contra las guerras, promoviendo el diálogo y la reconciliación entre todos los pueblos.

Asimismo, criticó las amenazas del jefe del régimen de Washington de destruir la civilización iraní, y lo exhortó a que encuentre una salida que ponga fin al conflicto con la nación persa.

León XIV señaló además que no quería entrar en un debate con el presidente estadounidense, una evidente respuesta de menosprecio a las descorteses declaraciones del ocupante de la Casa Blanca.

Aclaró, no obstante, que proseguirá sin temor promoviendo la paz, y proclamando a la vez en voz alta el mensaje del Evangelio.

A juicio de diversas fuentes periodísticas y analistas políticos, el papa fue contundente con Trump y puso en el lugar que le corresponde a quien es considerado el peor presidente de la historia de EE.UU.

Nunca antes sus predecesores se pronunciaron en términos tan groseros hacia un pontífice, lo que dice mucho de la conocida conducta agresiva del actual mandatario estadounidense.

Los ataques verbales hacia León XIV por parte de Trump han recibido severas criticas en los medios de prensa internacionales, en las redes sociales y por los ciudadanos en EE.UU., donde hay más 70 millones de católicos, alrededor del 20 por ciento de su población.

El gobernante de Washington, en su narcisismo, parece no solo aspirar a ser el emperador del mundo, sino también Dios, pero evidentemente los tiros les están saliendo por la culata.

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