Las TREMENdas soluciones
Paquito
Aunque alguien podría pensar por su apodo de Tremebundo que Trivaldo González y García es un tipo que se toma a la tremenda cualquier contratiempo, su reciente sangre fría ante las agonías cotidianas por el actual cerco energético de los Estados Unidos contra el pueblo de Cuba, parecen demostrar todo lo contrario.
Nuestro querido Treme, como le achican el nombre sus amistades más allegadas, es uno de los tantos cubanos que ha decidido no dejarse vencer por las adversas circunstancias y ha puesto todas sus neuronas en función de hallar soluciones pintorescas a las carencias de electricidad, transporte, agua, comida y hasta etcétera.
Su primer gran invento fue un dínamo gigante que conectó a su vieja bicicleta, ahora estática por la falta de neumáticos, lo cual le permite, dando pedales toda la noche en la sala de su casa, generar corriente eléctrica para el televisor, la radio, o la lámpara.
Cierto es que debe escoger uno de los tres equipos y que se cansa un poquito cuando alargan mucho el Noticiero, pero se enorgullece de que su solución es más ecológica que la ya tan famosa del Polski que camina con carbón.
Para ir y venir del trabajo ideó la primera chivichana de vela que el mundo haya conocido. Loma abajo, el Treme arría el mástil para que la gravedad haga lo suyo, y en terreno llano despliega el mantel de hule que heredó de su abuelita, alcanzando una velocidad superior a la de cualquier motorina eléctrica con dos gordos encima.
Debemos precisar que todavía este medio de transporte está en fase de prototipo. Porque el Treme no ha logrado que suba por la empinada calle San Lázaro hasta la Universidad de La Habana. Además, por culpa de la “chivivela” con frecuencia llega tarde a su centro laboral y suele aplicar medidas inefectivas, al tener que dar grandes rodeos según para donde sople el viento.
Frente a las dificultades del acueducto para el bombeo, el Treme tiene pensada una innovación absolutamente futurista: un colector purificador del sudor, de uso personal e intransferible, que convertirá ese abundante fluido tropical de nuestro cuerpo en agua fresca y 100 % pura.
El modelo Beta del revolucionario dispositivo irá acoplado a su viejo chubasquero de los años ochenta del pasado siglo, un primer paso para que en un horizonte no tan lejano los seres humanos seamos tan autosuficientes en materia de baño como han sido los gatos de toda la vida. La proyección es desarrollar un ensayo clínico a nivel de laboratorio para agosto próximo, en el que se prevé que abunde la principal materia prima: el sudor.
Y por último, pero no menos importante, está el tremendo dilema de la cocción de alimentos. Para este delicado asunto, nuestro héroe se remontó a la Historia Antigua, a la defensa que se le atribuye al matemático, físico e innovador griego Arquímedes de Siracusa frente al asedio de su ciudad por otro imperio (el romano).
Cuenta la leyenda que con tremenda resistencia creativa el también descubridor de la fuerza de las palancas venció aquel (otro) bloqueo imperial reflejando la luz del sol con grandes espejos, hasta incendiar las naves enemigas con su arma solar.
Más de dos milenios después, el Treme de La Habana, sin gas y sin luz, empezó a defenderse con una cocina solar bajo el mismo principio de funcionamiento, hecha con todos los cristales de espejuelos viejos que guardaba en una gaveta del clóset y ensamblados con un simple tubito de cola loca, en una idea literalmente tan pero tan brillante, que sirve hasta para ablandar los chícharos de la bodega.
“Cerco ni cerco —dice Tremebundo— ¡Aquí no se estriñe nadie!”.
