El 10 de abril de 1961 nacieron los círculos infantiles en Cuba, fruto de la visión de Vilma Espín y el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Desde entonces, generaciones de educadoras han tejido su vida entre canciones, juegos y abrazos. Una de ellas es Arelis Yudith Ochoa Chaveco, de Santiago de Cuba que ha convertido la música en puente de ternura y aprendizaje.

«Mi vida comenzó a tener pleno sentido aquel agosto de 1990, cuando crucé por primera vez la puerta del Círculo Infantil Mis Zapaticos. No sabía entonces que no solo entraba a un trabajo, sino a mi segunda casa, a mi familia y al lugar donde dejaría la huella de mi corazón».
Así recuerda Arelis sus inicios. Joven y con la ilusión de enseñar, a través de la música, descubrió que cada canción podía ser semilla de sensibilidad y conocimiento. Con el tiempo, se convirtió en Máster en Ciencias de la Educación y Especialista Principal, convencida de que los niños merecen una guía en constante crecimiento.

Su vocación trascendió el aula. Ha sido tutora de nuevas generaciones de maestros, colaboradora de la Dimensión de Estética en Santiago de Cuba, y parte de tribunales en eventos pedagógicos. Ha acompañado a estudiantes en concursos y en la hermosa tarea de captar nuevas alumnas para las carreras pedagógicas. Porque sabe que el futuro de la primera infancia depende de quienes deciden amar esta profesión.
El reconocimiento llegó como reflejo del esfuerzo: evaluaciones de Muy Bien, títulos de docente ejemplar y destacada, diplomas y medallas como la Distinción Cubana y la Rafael María de Mendive. Pero para ella, el premio más grande sigue siendo el progreso de los niños.
Su aula nunca tuvo paredes. Con los pequeños, sus colegas y las familias, montó unidades artísticas que abarcan todas las manifestaciones culturales. Cada aniversario de los círculos infantiles fue ocasión para demostrar que la educación y la alegría caminan de la mano.

Hoy, tras más de tres décadas, Arelis mira atrás y ve una vida construida con notas musicales y abrazos infantiles. Su certeza es simple y profunda: la semilla que se siembra en la primera infancia florece para siempre. Y mientras tenga voz y una canción que enseñar, seguirá en el Círculo Infantil Mis Zapaticos, porque ese es su orgullo y su lugar en el mundo.
Es evidente que a más de seis décadas de su creación, los círculos infantiles continúan siendo pilares de la educación cubana. En medio de retos económicos y sociales, mantienen su misión de formar integralmente a los niños, con el esfuerzo de educadoras que, como Arelis, sostienen la tradición de convertir cada jornada en un espacio de amor y aprendizaje. La música, el arte y la sensibilidad siguen siendo herramientas para cultivar valores y preparar a las nuevas generaciones.

Pero también existe la otra cara: las carencias materiales, las dificultades de infraestructura y las tensiones cotidianas que ponen a prueba la resistencia de este proyecto. Es precisamente en esos desafíos donde se impone la reflexión: no debemos dejar perder este logro de la Revolución, porque en él se juega no solo la educación de la primera infancia, sino la continuidad de un país que apostó por la igualdad desde sus cimientos.
En este 10 de abril, Cuba celebra la obra de los círculos infantiles y el compromiso de sus educadoras. La historia de Arelis Yudith Ochoa Chaveco es también la historia de miles de mujeres y hombres que han hecho de la primera infancia un proyecto de vida. A ellas y ellos, nuestro reconocimiento y felicitación, porque en cada canción, en cada juego y en cada sonrisa, se construye el futuro de la nación.


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