El jefe del régimen de Washington, Donald Trump, protagoniza una cruzada sin precedentes contra el mundo, desde su retorno al poder en enero de 2025, con el propósito de imponer su dominio global, que puede terminar con la desaparición de su “imperio” o con una fatídica conflagración nuclear para la humanidad.
A su regreso a la Casa Blanca, el mandatario estadounidense emprendió una contienda arancelaria que impuso a la mayoría de los países, incluidos sus aliados europeos y potencias como Rusia y China, a la vez de intentar apoderarse del petróleo de las naciones mayores productoras del llamado oro negro.
Al unísono, comenzó a agredir con intensas campañas mediáticas a la Venezuela Bolivariana, a la que al inicio de este año atacó y secuestró a su presidente constitucional Nicolás Maduro y su esposa, actualmente encarcelados ilegalmente en EE.UU.
Sin duda alguna, el “éxito” del Pentágono en la operación castrense en Venezuela envalentonó a Trump, quien pretendió con actos de piratería e intimidaciones convertirse en controlador de la transportación internacional del petróleo y dueño del mundo.
Con el pretexto de enfrentar el narcotráfico Washington militarizó las aguas del Caribe, y atacó a lanchas supuestamente vinculadas al negocio de los estupefacientes, provocando la muerte a personas inocentes.
La cruzada enloquecida del inquilino de la Casa Blanca, y su ensañamiento con Irán, como sus predecesores, lo llevó a la guerra que le impone desde hace casi dos meses al país persa, junto con su histórico compinche Israel, al cual ha respaldado siempre en su genocidio del pueblo palestino, y en sus agresiones al Líbano y otros Estados del Oriente Medio.
Trump no ha dejado de lanzar amenazas y ultimátums de todo tipo a Teherán, que ha demostrado no solo responder con firmeza y resistir, sino además causarle numerosas pérdidas de costosos artefactos militares y efectivos a sus adversarios.
Evidentemente el régimen de EE.UU., por su prepotencia y menosprecio a los pueblos y otras culturas, por cierto, milenarias, hizo muy mal sus cálculos acerca de su confrontación con Irán, y hoy está inmerso en un callejón sin salida y solitario.
La mayoría de sus fieles aliados europeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) determinaron cerrar sus espacios aéreos a los aviones militares estadounidenses, y prácticamente abandonar a Washington a su suerte.
Trump está enfurecido con sus amiguetes de la OTAN por no responder a su pedido de sumarse a las presiones y un posible ataque terrestre a Irán para que abra el estratégico estrecho de Ormuz a sus barcos y los de Israel.
La posible acción por tierra contra la nación persa ha sido rechazada de igual manera por un grupo de generales del Pentágono, incluido el jefe de su estado mayor, y altos cargos de la Casa Blanca, quienes fueron despedidos, mientras congresistas y millones de estadounidenses demandan someter al presidente a un juicio político para destituirlo de su cargo.
Trump está herido, solitario, y acorralado, síntomas del fin definitivo del dominio unipolar de EE.UU., pero a su vez es cruel e inhumano, lo que lo puede llevar a provocar antes de su aniquilamiento una confrontación nuclear.


