El testimonio de lo vivido por un pequeño grupo de hombres que desde su trinchera fueron de los primeros en repeler a los invasores mercenarios y avisar del desembarco
La oscuridad de la noche presagiaba el peligro. En una trinchera de Playa Larga se mantenían alertas cinco integrantes del batallón 339 de Cienfuegos de las Milicias Nacionales Revolucionarias .El grupo, encabezado por el miliciano Ramón Rafael González Suco, trabajador del sector eléctrico de 22 años, tuvo el privilegio de ser quienes dieron el aviso de la invasión mercenaria, que frustró el factor sorpresa de la agresión. Lo acompañaban un carpintero, un soldador, un optometrista que había entregado su óptica a la Revolución, y un muchacho isleño, fuerte. Tres alfabetizadores de la cercana playa La Máquina habían pedido quedarse allí cuando se marcharon los moradores de la casa donde se encontraban.

Los hechos ocurrieron así: como a las 2 de la madrugada se sintieron motores de una lancha. El grupo tenía una ametralladora BZ colocada en una trinchera abierta en el diente de perro, como jefe del grupo, Suco la montó y gritó el alto, se trataba de un lanchón, venía un hombre en la proa y se veían las cabecitas de otros a su lado. Sintió que se montaban los fusiles de los invasores, se tiró al suelo y lo que le pasó por arriba fue un manto de balas trazadoras.

Juntos en el combate milicianos y alfabetizadores
Le gritó al compañero que operaba la ametralladora ¡Duro, Israel! ¡Patria o Muerte! Y él empezó a tirarles casi a boca de jarro, se oyeron gritos unos se tiraron al agua. Los alfabetizadores sirvieron voluntariamente como auxiliares de la ametralladora. Después los milicianos supieron que le habían causado al enemigo cuatro bajas.
Suco fue para la microondas que pertenecía a los constructores de Playa Larga y que los milicianos usaban para comunicarse con el central Australia cada media hora. Les orientaron que se mantuvieran informando mientras pudieran y después se retiraran por la carretera para unirse a las fuerzas revolucionarias que iban a mandar a la playa.
Les empezaron a disparar mientras veían señalas como las que usaban los hombres rana, Se les fueron reduciendo las balas a los milicianos, Suco volvió a la microondas, pero se había apagado, entonces ordenó lanzar un barraje de balas para poder atravesar el edificio del balneario y salir por la carretera para reunirse con su batallón. Pero ya el camino estaba tomado por los mercenarios.
¡Prisioneros!
El grupo se escondió en un edifico en construcción donde se habían refugiado campesinos del lugar. En un momento dado los mercenarios gritaron que los que estaban dentro salieran con las manos detrás del cuello, alguien dijo que adentro había militares, entonces empezaron tirar al techo y pidieron que salieran con las manos en alto.
Suco sintió un golpe en la nariz que le pareció que se le salían los ojos de las órbitas y al caer al suelo sintió dos o tres golpes en la espalda que le hicieron perder el sentido. Fu recuperándose poco a poco y sintió que lo llevaban en vilo por brazos y piernas, y lo pusieron de pie ante un mercenario.
Estuvieron en poder del enemigo, unas 22 horas, desde las nueve de la mañana del 17 de abril hasta las siete de la mañana del día 18, en que cayo Playa Larga. En ese lapso uno de los alfabetizadores se sentó junto a Suco y puso su cabeza sobre su hombro. Entraron dos mercenarios que querían establecer una relación “amistosa” y aseguraron que si era Fidel el que los cogía presos los iba a fusilar a todos pero que ellos no lo hacían con sus prisioneros.
Uno de ellos le preguntó al brigadista de qué era su uniforme y él le contestó que de alfabetizador, el mercenario quiso saber qué era eso y la respuesta del jovencito fue enseñar a leer al que no sabe. El individuo le siguió preguntando si era comunista y el muchacho respondió que no, pero el individuo le dijo que todos los fidelistas eran comunistas. El alfabetizador le replicó: Bueno entonces seré comunista sin saberlo, pero yo soy fidelista. Estas palabras provocaron la ira en el tipo y Suco apretó la mano del jovencito para callarlo y evitar que le hicieran daño.
Recordó Suco que cuando cayó la noche entraron algunos tanques de los revolucionarios en la zona de Playa Larga, uno recibió un bazucazo y de su interior sacaron un tanquista. Lo llevaron en vilo entre dos o tres mercenarios ante el oficial que los mandaba y al preguntarle este al tanquista cuántos tanques venían, la respuesta fue: “Ni cien invasiones como esta los paran”. Entonces el oficial dijo: Nos han embarcado.
La huida de los mercenarios
Ya amaneciendo se produjo la debandada. Los camiones de los invasores patinaban en la arena llenos de gente y los de arriba les daban culatazos en los brazos a los que querían subir. Se fueron.
Una muchacha que había estado detenida buscó una bandera cubana en la escuela, la pusieron en un palo y los milicianos y los campesinos salieron por la carreterita que salía al central Australia. Finalmente se encontraron con los tanquistas que mandaron a Suco en un yipi hacia donde estaba el capitán José Ramón Fernández, en Pálpite.
Fuente; Versión de la entrevista El aviso miliciano que alertó de la invasión, de Martínez Triay Alina y Suárez Ramos, Felipa. Periódico Trabajadores, 11 de abril de 2016
Acerca del autor
Graduada de Periodismo en 1974 y Master en Ciencias Políticas de
enfoque Sur, Al graduarse pasó a atender temas históricos e
ideológicos y viajó a varios de los antiguos países socialistas. Al
pasar al periódico Trabajadores, escribió para el Suplemento de
salud durante varios años y realizó la cobertura del segundo
contingente de la brigada médica en Guatemala. Posteriormente fue
jefa de la edición digital y subdirectora editorial hasta mayo de 2025
que se jubiló y se recontrató en la publicación. En el transcurso de
su ejercicio profesional Ha ganado premios en concursos
periodísticos y de humorismo.


