Sí es cierto, Luis Orta (67 kg), campeón olímpico de Tokio 2020, y medallista de bronce en París 2024, cayó el pasado viernes ante el uzbeco Aytjan Khalmakhanov, en un duelo de la Liga Profesional de Lucha.
Su traspiés frente un hombre de indudable calidad y resultados no debe ser cuestión de alarmas y pesimismos. ¿Que queríamos que ganara? es cierto, también lo deseaba Orta, gladiador curtido y acostumbrado más a la gloria que al fracaso.
Sin embargo, no creo que existan razones para preocuparse, más de ocuparse, ¿me explico?, el criollo continúa integrando la elite de su división en el mundo, aun así está en desventaja con la mayoría de sus rivales.
Él choca con un puñado de estrecheces y dificultades, que sin dudas y a pesar de su excelente capacidad deportiva, pasan factura al más alto nivel. Las soluciones más inmediatas a esa problemática no están en manos del atleta. Es cierto que incursiona en bases de entrenamiento en el extranjero, que sin dudas tributan a su progreso, más no todo pasa por eso.
En casa precisa de un grupo de argumentos logísticos, que hoy en día, son muy difíciles o imposibles de asegurar. De ahí que cada participación suya debemos analizarla con todos los elementos sobre la mesa.
Luis Orta continúa siendo la punta de lanza más filosa de la lucha grecorromana cubana actualmente. Sus excelentes demostraciones nos continuarán llegando. Paciencia, comprensión y apoyo es lo que necesita. Lo demás llegará.