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Tras los pasos de su papá

El ejemplo de su padre, la confianza depositada en él, las posibilidades de superación y el empeño personal son claves en su vida laboral. Foto: Pedro Paredes Hernández

“Prácticamente me críe aquí, era el trabajo de mi papá y venía mucho con él, aunque mis pa­dres estaban divorciados, siem­pre hubo una buena relación y él es mi ídolo, por eso quería se­guir sus pasos”, afirma el joven Carlos Enríquez León Bejerano, quien tiene 23 años y es jefe de la instalación turística Cueva del Indio.

El centro, ubicado en Viña­les y perteneciente a la Empre­sa Extrahotelera Palmares S.A., en Pinar del Río, cuenta con 37 trabajadores y se destaca por la atractiva oferta que incluye pa­seo en bote y servicios de restau­rante, cafetería y bar.

A su corta edad, Carlos os­tenta un título nobiliario que enorgullece al colectivo: es el di­rectivo más joven del sector en la provincia.

 

El jardinero

“Empecé como jardinero cuan­do terminé el Servicio Militar Activo, pero la compañera que llevaba el almacén era una per­sona mayor, que no podía hacer fuerza, y la ayudaba a mover las cosas pesadas. Fui aprendiendo y pasando cursos en el Centro de Capacitación para el Turismo (Formatur) como dependiente y almacenero”, asevera.

Dos años después ya se desem­peñaba como jefe de brigada. A los pocos meses en esas funcio­nes pasó a segundo adminis­trador, comenzó a quedarse al frente de la unidad y asumir otras responsabilidades…

A no amilanarse ante el reto lo impulsó Boris Crespo Miran­da, quien en ese momento era el jefe, y actualmente dirige Palmares en la provincia. Con el ascenso de él, León Bejerano quedó comandando la instala­ción. “Siempre me decía: tú tie­nes ‘pinta’ para esto”.

Reconoce que requiere mu­cho esfuerzo, porque es comple­jo dirigir a personas que hasta le duplican la edad, tienen ex­periencia y lo conocen desde niño.

Continuar la superación es un empeño personal para este joven que cursa la Licenciatura en Gestión Sociocultural. Asi­mismo, quiere formarse como capitán de salón, cantinero y otras especialidades, porque “para poder exigir que se haga bien, hay que saber”.

 

A pesar de…

En el sector privado podría ob­tener más ingresos, algo muy importante cuando se estrena como papá de una niña, pero dice que no lo atrae, no obstan­te todas las oportunidades que tendría en Viñales: “Siempre quise trabajar en el sector es­tatal del turismo, es lo que me gusta, y aquí estoy”.

Destaca que en la empresa se prioriza a los jóvenes para las acciones de capacitación en Formatur, que se reúnen periódicamente con ellos y les enseñan mucho. En ese senti­do, se siente acompañado y es­timulado.

Como el mayor reto des­de que asumió el cargo, seña­la la evaluación del Ministerio del Turismo para la categori­zación, proceso del que no co­nocen aún el resultado, pero durante su realización no tu­vieron señalamientos y los fe­licitaron.

La recuperación del punto de venta El Parqueo, después de dos años cerrado, es un logro que presume. Fue quien dio lec­tura al compromiso de los di­rectivos de Palmares del país, durante la firma del Código de Ética.

En él se cumple una máxima de su mentor, Crespo Miranda, para impulsar a los jóvenes ha­cia un mayor protagonismo: “Es mejor trabajar con quien quiera y no sepa, que con quien sepa y no quiera”. Carlos ama lo que hace y se enorgullece de seguir los pasos de su papá.

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