El arte cubano perdió este domingo 29 de marzo a uno de sus más ilustres exponentes, Ever Fonseca, pintor, escultor y ceramista, cuya obra trascendió fronteras y dejó huellas en la historia de las artes plásticas en Cuba.
Acreedor del Premio Nacional de Artes Plásticas en 2012, deja un legado invaluable que se manifiesta tanto en su prolífica producción artística como en su compromiso con la formación de nuevas generaciones.
Nacido el 20 de febrero de 1938 en Ojo del Agua, Manzanillo, en la antigua provincia de Oriente, y registrado en Guantánamo, Ever fue una figura destacada desde los albores de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de La Habana, donde, entre 1962 y 1967, fue el primer alumno inscrito en sus cursos fundacionales, iniciando una trayectoria que lo convirtió en uno de los pilares de esta institución educativa. Su pasión por la enseñanza se extendió por más de veinte años, durante los cuales ejerció en los tres niveles de educación artística, contribuyendo a consolidar y renovar los programas pedagógicos del país.
Fue un pionero en muchos sentidos. Como el primer pintor cubano de la década de los sesenta invitado a realizar una exposición personal en el Museo Nacional de Bellas Artes, inauguró aquella muestra bajo el título Óleos de Ever Fonseca, un hecho histórico que subrayó su relevancia artística en la escena de las artes visuales en Cuba. Posteriormente, en 1970, su obra pasó a integrar la colección permanente de este prestigioso museo, un testimonio de la calidad y profundidad de su lenguaje creativo.
Su carrera se extendió internacionalmente, con decenas de exposiciones personales y más de cuatrocientas colectivas en más de veinticinco países, lo cual refleja no solo su versatilidad y dominio técnico en pintura, escultura y cerámica, sino también la capacidad de dialogar con diversos públicos y corrientes artísticas alrededor del mundo.
Participó asimismo en salones y concursos nacionales e internacionales, en muchos de los cuales se desempeñó como jurado, rol que le permitió influir en la evaluación y promoción de numerosas propuestas contemporáneas.
Ejemplo de su compromiso con la divulgación cultural fueron las múltiples conferencias que dictó en encuentros con escuelas de arte en Cuba y en el extranjero, donde abordó no solo temas técnicos sino también reflexiones sobre el papel social y humanista de la creación artística. Su integración a organizaciones como la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y la Asociación Internacional de Artistas Plásticos (AIAP) reafirmó su estatus como referente dentro de las redes artísticas nacionales e internacionales.
El Consejo de Estado de la República de Cuba reconoció su destacada trayectoria otorgándole la Distinción por la Cultura Nacional y la Medalla Alejo Carpentier, distinciones reservadas para quienes han realizado aportes significativos al patrimonio cultural del país. El Sindicato de Trabajadores de la Cultura también lo honró con la Distinción Raúl Gómez García, sello de reconocimiento a su dedicación y entrega en el ámbito artístico y cultural.
La obra de Ever Fonseca está presente en numerosas colecciones privadas e institucionales de prestigio. Entre estas sobresalen el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana; el Museo Internacional de Arte Siglo XX TIMOTCA-UNESCO, en Nueva York; y la colección Liberte´ 98 Memoria artística del Siglo XX perteneciente a la ONU, con sedes en Ginebra y Nueva York. Además, sus piezas forman parte del acervo del Museo de Arte Contemporáneo de Vilnius, Lituania, ejemplificando la proyección global de su arte.
Fonseca no solo legó obras tangibles; su influencia también reside en la huella imborrable que dejó en sus discípulos y en la consolidación de espacios educativos y culturales que continúan vigentes. Fue un creador que supo fusionar tradición y modernidad, explorando técnicas y materiales con rigor y sensibilidad, reflejando en sus creaciones la complejidad del ser humano y la riqueza cultural cubana.
Su partida representa una pérdida irreparable para la cultura cubana y la comunidad artística internacional. Sin embargo, su obra y enseñanzas permanecen como testimonio vivo de un compromiso inquebrantable con el arte como vehículo de expresión y transformación social.
Por decisión familiar, sus cenizas reposarán en el Panteón del Ministerio de Cultura, en la Necrópolis de Colón.
En este momento de duelo, el mundo del arte rinde homenaje a Ever Fonseca, quien con su talento y dedicación hizo brillar la plástica cubana en el escenario mundial y abrió caminos para futuras generaciones. Su nombre queda inscrito con letras doradas en la historia artística de Cuba, inspiración perenne para quienes valoran el poder del arte como forma de vida y resistencia cultural.