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Elías Losada, amigo panameño de José Martí y director de La Revista Ilustrada de Nueva York

Elías Cristóbal Losada y Plissé nació en Panamá el 15 de enero de 1848, a los doce años viajó con su familia por Europa y América. Establecidos en Nueva York, en 1877 se convirtió en uno de los socios de la compañía comercial Asencio-Losada; años después pasó a trabajar en la empresa Thurber-Whyland, en cuya firma posteriormente se hizo cargo del departamento de exportación, el cual incluía la dirección y propiedad de una modesta publicación. Esta publicidad era el medio de divulgación de la empresa entre sus clientes de habla hispana, Thurber, Whyland and Companyˈs Spanish Review.

 

Manchón de La Revista Ilustrada de Nueva York cuyo propietario y director era el panameño Elías Losada.

 

Losada cambió varias veces el nombre de la publicación que en diciembre de 1886 comenzó a llamarse La Revista Ilustrada de Nueva York. Desde sus inicios trató de ser la equivalente en lengua española de la Harperˈs Magazine; en consecuencia, presentaba una amplia gama de temas desde crítica literaria y ficción hasta acontecimientos de la época, modas y avances tecnológicos. Sus artículos buscaban fomentar el orgullo por los logros culturales y tradicionales de América Latina.

 

La Revista Ilustrada de Nueva York.

En noviembre de 1890 Losada le envío una misiva a José Martí en la que solicitaba su colaboración; el cubano correspondió «su benévola carta […] que es un premio de veras  […] aceptando de pleno corazón su encargo de escribir unas cuartillas para el número de enero». Nuestra América, medular ensayo de Martí, salió publicado el 1o de enero de 1891 inmediatamente después de la editorial; muy acogido por los lectores se reprodujo el 30 del mismo mes en el periódico El Partido Liberal, de México. El texto fue un claro llamado a crear una identidad latinoamericana y resistir las influencias de Europa y de Estados Unidos, evidente alerta antimperialista frente al expansionismo creciente del imperio yanqui.

En mayo de 1891 el Maestro publicó un artículo, en la propia revista titulado La Conferencia Monetaria de las Repúblicas de América. Alerta en el escrito sobre el sueño fascinador de la delegación de Estados Unidos para crear una moneda común de plata que circulara en todos los Estados de América. Ahí sentencia: «los pueblos menores, que están aún en los vuelcos de la gestación, no pueden unirse sin peligro con los que buscan un remedio al exceso de productos de una población compacta y agresiva, y un desagüe a sus turbas inquietas, en la unión de los pueblos menores».

De la colaboración periodística surgió una amistad que se consolidó con el tiempo, el intercambio epistolar así lo revela. Martí le escribe el 12 de enero de 1891: «he visto con orgullo ese número hermosísimo […] todo rebosa arte exquisito y espíritu nuevo». El mes siguiente Martí estaba enfermo, y en una epístola del día 27 le comenta sobre otra colaboración: «y aunque me estoy quedando sin pulmón, por acá se cumplen siempre las promesas: sobre todo cuando las ha estimulado el agradecimiento». En las despedidas firma el héroe de Dos Ríos como «su amigo afectuoso», «su amigo y servidor» y «su amigo afectísimo».

La publicación que pertenecía a la compañía Losada & Co., salía con frecuencia mensual; caracterizada por la variedad de sus ilustraciones, ganó con rapidez gran número de lectores y para 1892 circulaban 9 000 ejemplares por toda América Latina. En el equipo editorial se encontraban, en mayoría, inmigrantes y exiliados latinoamericanos que eran tanto políticos como escritores, lo que favorecía reflejar en sus páginas el ambiente político del Nueva York de habla hispana. El primer editor, desde 1886 a 1890, fue el venezolano exiliado Nicanor Bolet Pereza a quien le sucedió el nicaragüense-salvadoreño Román Mayorga Rivas quien era diplomático en los Estados Unidos.

Convocados por Losada en sus páginas se reunieron los escritores más destacados de la época como Rubén Darío, José Asunción Silva, Juan Montalvo, Salvador Díaz Mirón, Manuel Gutiérrez Nájera y José Martí entre otros. Asimismo, aparecieron traducidos autores estadounidenses y franceses como Mark Twain, Edgar Allan Poe, Émile Zola y Alexander Dumas. Sotero Figueroa, poeta puertoriqueño quien fundó la Imprenta América donde luego se imprimiría el periódico Patria, escribió para La Revista Ilustrada de Nueva York. También escribieron el expresidente colombiano Rafael Núñez y José Ignacio Rodríguez Hernández, intelectual cubano que abogaba por la anexión a los Estados Unidos. Los polémicos temas publicados convirtieron a la revista en campo de batalla intelectual donde circulaban visiones contemporáneas sobre el futuro de América Latina.

 

Amalia Puga de Losada, esposa de Elías y colaboradora de la revista.

 

Losada se casó con la poeta peruana Amalia Puga (1866-1963), quien también colaboró con la revista. Muy avanzado para la época era que su director promovía el reconocimiento del papel de la mujer en la sociedad. Así pues, aparecieron textos de escritoras como Emilia Pardo Bazán y Mercedes Matamoros; también se incluían artículos que abordaban los intereses de las mujeres y se ofrecían reseñas de obras escritas por féminas.

Martí contribuyó con esta línea editorial femenina; en carta fechada el 3 de febrero de 1891 le escribe al director, refiriéndose a la escritora española Emilia Pardo Bazán: «no tendrá para marzo, por falta absoluta de tiempo, el estudio sobre la Bazán que me había prometido escribir, y le escribiré». De particular interés para Losada y su equipo editorial era reflejar en sus páginas los logros de las mujeres latinoamericanas en la ciencia; muy comentado fue un artículo que informaba sobre la primera mujer ingeniera graduada en El Salvador.

 

Emilia Pardo Bazán, escritora española colaboradora de la revista

 

De viaje por Tampa en diciembre de 1891 Martí le escribe a Losada para comentarle que tiene casi lista «la traducción de una linda novela de nuestras cosas», es probable que se refiera a Un idilio de Pascua, de André Theuriet, publicada el 15 de mayo de 1892. En la epístola le dice: «[…] hoy quiero escribirle para que sepa lo mucho que quieren por Tampa, de donde vengo, a Vd. y a su Revista, y el placer con que la vi, como cosa privilegiada, en las casas de vivienda y en los talleres del trabajador».

En diciembre de 1892 el panameño vendió «La Revista», como le llamaba Martí, por 10 000 dólares a Andrés F. Power y otros compradores estadounidenses no identificados quienes pronto se mostraron incapaces de mantenerla. En el número de febrero del siguiente año Losada  se despidió de sus lectores tras ocho años de labor al frente de esa publicación, a partir de entonces se dedicó solamente al negocio de los libros. Vale señalar que él también tenía una librería en el número 124 de la calle Chambers, Manhattan; después de vender la revista mantuvo la librería que era visitada por Martí. Entre libros el cubano y el panameño pasaron muchas tardes neoyorquinas mientras la nevada arreciaba en la ciudad que nunca duerme.

Posiblemente el Apóstol le obsequió un ejemplar de sus Versos sencillos, lo que se infiere por una carta, fechada en diciembre de 1891. En la misiva escribe Martí: «Ya sé que le debo una carta cariñosa, y un convite de mucho honor, al que no respondí sino con un libro de versos». De la unión conyugal entre Losada y Amalia nació un solo hijo. El niño, llamado Cristóbal, siguió los pasos de sus padres y se convirtió en un intelectual destacado, fue catedrático de la Universidad de Perú y director de la revista de esa institución docente; en dicha publicación dio a conocer las cartas que Martí le dirigiera a su padre.

El 24 de marzo de 1896 falleció en un viaje a Cajamarca, Perú, el panameño amigo de Martí. Como testimonio de la amistad quedó en manos de su hijo un ejemplar de Ramona, la novela escrita por la estadounidense Helen Hunt Jackson en 1884 traducida por el Apóstol. El texto, publicado por la misma casa editorial que la revista, tiene una dedicatoria firmada en enero de 1891 que reza: «Al buen americano Sr. E. Losada, este libro que traduje por gratitud y previsión, su amigo afectísimo. José Martí».

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