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Una mujer dichosa

Foto: María de las Nieves Galá

María Esperanza Domínguez Hurtado lleva con orgullo su blanca cabellera y una dulzura en el rostro, que reflejan su no­bleza. A sus 74 años de edad es aún una activa innovadora en la Empresa Geominera del Centro, en Villa Clara, entidad respon­sabilizada con la fabricación de carbonato de calcio, zeolita, piensos, fertilizantes, áridos y otros productos vitales para el desarrollo de la economía.

De hablar pausado, no es­conde sus orígenes. “Nací en Vueltas, un pueblito villaclare­ño. Mi padre, un hombre visio­nario, que participó en la lucha clandestina, quería que sus dos hijos estudiaran. Mi hermano, Eneido, se hizo ingeniero agró­nomo en la Universidad Central Marta Abreu, de Las Villas. Y yo empecé una carrera pedagógica en 1964, pero al primer año de prácticas, me di cuenta de que esa no era mi vocación. Se lo dije a mi padre, y la dejé.

“Entonces, se crearon varias fábricas en el centro del país, a propuesta del Comandante Er­nesto Che Guevara, en ese en­tonces, ministro de Industria. Dentro de estas estuvo Planta Mecánica Fabric Aguilar No­riega, la cual inició su produc­ción para el mercado nacional, con equipos y piezas de repuesto para la industria azucarera. Ahí convocaron a un curso para di­bujante mecánico. Esa fue una oportunidad para iniciarme en lo que realmente me interesaba”, alega.

Así comenzó a trabajar en el departamento de diseño de di­cha entidad. Siguió superándo­se y matriculó en la Universidad Central para estudiar Ingeniería Mecánica a través del curso para trabajadores. En 1985 logró su objetivo.

“En Planta Mecánica estuve hasta el 2005. Para mí fue una escuela, posee divisiones espe­cializadas, talleres de servicio, laboratorios y almacenes, siem­pre se ha caracterizado por tener una gran disciplina tecnológica. Todavía voy allí y me emociono.

“Después me trasladé para un lugar más cercano, pues mi ma­dre falleció y era necesario aten­der a mi papá que ya estaba vieji­to”, afirma, convencida de que es un deber de los hijos retribuir a los padres tanto amor y entrega.

 

Innovar no es nuevo

Desde su experiencia, María Es­peranza dice que la labor de los innovadores y racionalizadores siempre ha estado presente en la industria, pues el impacto del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos a Cuba desde hace más de seis dé­cadas ha sido muy fuerte. “Gra­cias a la innovación, en muchas ocasiones hemos podido poner a funcionar nuestras máquinas”.

Ella se sumó con sus saberes a la creatividad. En 1983 resul­tó Vanguardia Nacional dentro de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (Anir) y ha obtenido el Sello 8 de Octubre. También ha participa­do en varios encuentros de Mu­jeres Creadoras.

Entre sus trabajos está la solución dada al equipamiento del área de lavado de la Unidad Empresarial de Base Planta de Carbonato de Calcio, ubicada en Remedios, de importancia vital para la economía.

“Su producción tiene varias aplicaciones y se utiliza funda­mentalmente para la elabora­ción de pienso de aves de corral. Los equipos que intervienen en ese proceso presentaban un serio deterioro, por lo cual resultaban ineficientes, además de ocasio­nar gran suciedad y contamina­ción al medio ambiente”, comen­ta.

En el 2025, María Esperanza estuvo entre los Premios al Inno­vador de Mayor Impacto Econó­mico y Social que otorga la Anir por su participación en el diseño y fabricación, junto a otros es­pecialistas, de un molino para procesar áridos en la planta de Guajabana, en el municipio de Caibarién, el cual estaba en des­uso desde hacía varios años.

Recuerde que ya se había ju­bilado, pero fue recontratada. “Parece que no trabajo mal”, dice con una sonrisa y asegura que aún tiene ideas que aportar.

Está feliz de la familia que la acompaña: sus hijos Tania y Gerardo y los nietos Amalia y Marcos. Siempre estuvo y está a su lado para que se convirtieran en hombres y mujeres de bien. Ellos, y el hecho de sentirse aún una persona útil, la impulsan a seguir generando maravillosas ideas por el bien de la sociedad.

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