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Confesiones de Mariana, la reina del BMX

Montería, Colombia.— Hay deportistas que uno admira desde lejos y cuando los tiene delante descubre que son más grandes que todos los títulos y medallas ganados y cronicados por esa sencillez al hablar, la sonrisa sincera y sobre todo confesiones increíbles. Así me sucedió con Mariana Pajón, que después de dormir en sus brazos a Théo (cuatro meses cumple el 28 de marzo) se lo dio a su padre, Vincent Pelluard, y accedió a fotos y exclusiva conversación.

 

Foto: Tomada de www.rcn.co

 

Apodada como “la Hormiga Atómica”, la doble campeona olímpica en BMX (Londres 2012 y Río de Janeiro 2016) y plata en Tokio 2020, así como 12 veces campeona mundial no tuvo reparos en hablar sobre cábalas y proyectos futuros, tampoco a revelar su admiración por Cuba y todo el legado que deja una disciplina como el ciclismo en las sociedades. Dialogaba de pie y parecía un sueño profesional realizado. Aquí, tal y cual ocurrió.

“Estuve en Cuba muy pequeña, pero me gustaría volver un día, aunque me han dicho que no hay pistas de BMX. Sé que son buenos en la pista y en la ruta, y también en otros deportes como béisbol, boxeo, lucha, judo…”, dijo como si apelara a una memoria bien cercana.

“Nada de retiro todavía. Quiero competir en este ciclo olímpico en la velocidad por equipo, es decir, en la pista. Me lo han pedido porque hace falta una corredora y seré la que abra. Además, seguiré haciendo BMX y espero clasificar para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028”, comentó la nacida en Medellín en 1991 y que pudo ser gimnasta como querían sus padres, pero la enamoró el ciclismo.

“La maternidad la estoy disfrutando y me gusta. Théo es un niño deseado y pienso darle un hermano después de Los Ángeles”, apunta con los labios encendidos de felicidad y como si quisiera que todos los sepan, aunque no lo había asegurado tan categórica antes a ningún periodista.

Le pregunto entonces por su otro amor: el mundo de las bielas y los pedales. Cómo llegó allí y si pudiéramos verla de entrenadora una vez vencido el deporte activo.

“Desde los 4 años monto bicicleta y a los 9 gané en Argentina mi primera competencia. Siempre tuvimos procesos de captación muy buenos en todas las disciplinas y la gente montaba mucha bici, por eso salían ciclistas. Los domingos cerraban las calles para hacer carreras y eso fue determinante.

“No creo que pueda llegar a ser entrenadora. Tendría que prepararme porque no basta con haber llevado mucho tiempo practicando deportes y ser medallista mundial u olímpico. Eso exige estudio y conocimientos que no poseo hoy y parece que mi campo futuro anda por otro rumbo”.

Comparto con ella informaciones anteriores que he leído. Su profesión de enfermera técnica; que tiene como plato favorito la bandeja paisa, aunque también le encanta la pizza de pepperoni y le aterra madrugar. Sonríe con limpieza y me suma: también compito con medias de diferentes colores…

Toca hablar de ídolos y nuevas responsabilidades. “Mario Soto era mi referente en el ciclismo. Fue campeón mundial de BMX y murió muy joven en un accidente. Ahora admiro mucho a Santiago Botero, Rigoberto Urán, Egan Bernal, en fin, todos somos una familia.

“Nunca imaginé ser la voz de muchos ciclistas en la Comisión de Atletas del Comité Olímpico y luego ser elegida para el Comité Director de la Unión Ciclista Internacional (UCI). Es un orgullo inmenso y de paso, otra responsabilidad gigante, que asumo porque entiendo que puedo aportar algo. Quiero llevar adelante varios proyectos para desarrollar el ciclismo desde los niños. El presidente de la UCI cree mucho en mí y en todo lo que pueda aportar en la región de América”.

Théo no se ha despertado, pero Mariana no ha dejado de mirarlo acurrucado en el pecho de su padre. Siento que no puedo huir de la pregunta común, la que el lector quisiera siempre escuchar: ¿algún sueño se te quedó tras haber logrado los premios más preciados?

“Claro que sí. Muchos, muchos. A veces las cosas no salen como uno quiere en campeonatos mundiales y carreras para las que uno se prepara por meses. Prefiero decir que cumplí algunos, superé otros y me faltan pocos, pero todavía quedan sueños…”

Bien lo sabía desde el inicio. Mariana Pajón es de esos grandes deportistas a los que piensas que quieres desde lejos y acabas amándolos cuando te concede su amistad, su cariño, sus palabras

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