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A propósito del Día Internacional del Teatro para Niños y Jóvenes

El 20 de marzo se celebra el Día Internacional del Teatro para Niños y Jóvenes, una efeméride que cobra especial relevancia en Cuba gracias a su promoción por parte del Centro Cubano de la Asociación Internacional de Teatro para la Infancia y la Juventud (ASSITEJ Cuba) y el respaldo del Consejo Nacional de las Artes Escénicas.

 

En esta ocasión, el mensaje con motivo de la fecha fue encargado por ASSITEJ Cuba a Rubén Darío Salazar, director del prestigioso grupo Teatro de las Estaciones. Foto: Cubahora

 

Este año, la conmemoración se entrelaza con el desarrollo del XVI Festitaller Internacional de Títeres, (FESTITIM), en Matanzas, que se extiende hasta este domingo, consolidándose como un espacio fundamental para la reflexión, creación y promoción del arte escénico destinado a las infancias y juventudes.

En esta ocasión, el mensaje con motivo de la fecha fue encargado por ASSITEJ Cuba a Rubén Darío Salazar, director del prestigioso grupo Teatro de las Estaciones, palabras que sirven de guía y motivación para el teatro dedicado a los públicos infantiles y juveniles en la Isla. Titulado “No ser islas dentro de una isla”, su escrito no solo representa un llamado a la unidad y la colaboración, sino también una profunda reflexión sobre los desafíos que enfrenta esta manifestación artística en la realidad actual.

Rubén Darío Salazar, actor, investigador, titiritero y reconocido como Maestro de Juventudes (2023), aborda en su texto la evolución del teatro cubano para niños y jóvenes, señalando que hace tiempo se ha superado la influencia hegemónica de los cuentos clásicos, caracterizados por su magia y fantasía, para dar paso a una interacción con relatos contemporáneos en los que se exploran problemáticas sociales urgentes como el racismo, las desigualdades económicas y sociales, los efectos palpables del cambio climático, así como la presencia de enfermedades y epidemias que han puesto en jaque a la humanidad. Esta renovación temática supone un reto para los creadores escénicos pues deben encontrar el equilibrio entre la calidad artística y la pertinencia social para conectar genuinamente con su público.

El mensaje destaca, asimismo, el impacto negativo que puede tener la nefasta utilización de la inteligencia artificial, la cual, según Salazar, amenaza con limitar tanto el desarrollo intelectual como el emocional de los niños. A este panorama complejo se suman las tensiones geopolíticas que fragmentan el mundo en bloques enfrentados y provocan conflictos bélicos que afectan directamente a las generaciones más vulnerables, evidenciando la necesidad imperiosa de fomentar valores de convivencia y esperanza a través del arte teatral.

 

El teatro cubano para niños y jóvenes no puede ni debe afrontar estos retos en solitario. Foto: Cortesía de la Compañía Hilos Mágicos

 

En este escenario adverso, el teatro para niños y jóvenes adquiere un papel fundamental y multifacético. No sólo debe ser fuente de entretenimiento, sino también instrumento para brindar emociones auténticas que estimulen la imaginación y promuevan el desarrollo intelectual. Estas experiencias artísticas, señala Salazar, tienen el potencial de aportar herramientas para la comprensión de diversas perspectivas y realidades, fomentando una convivencia más justa y solidaria. Además, pueden contribuir a la mitigación del estrés y la ansiedad que provoca la complejidad de los tiempos que vivimos, ayudando a fortalecer la autoestima y autoconfianza de sus espectadores.

En su discurso igualmente apela a la memoria cultural, invitando a proteger y valorar la herencia artística que define tanto la identidad teatral como nacional. Frente a la creciente superficialidad global y la banalización de los contenidos culturales, es necesario preservar la memoria de lo que hemos sido, lo que somos y lo que aspiramos a ser, lo cual implica resistir la dispersión y fragmentación que podrían convertir a los creadores, al público y a las instituciones en “islas dentro de una isla”, aisladas y sin capacidad de influir en conjunto en el desarrollo del arte teatral.

Rubén Darío Salazar reconoce la dificultad de mantener un discurso optimista en medio de tantos obstáculos y contradicciones. Sin embargo, su llamado es claro: el teatro cubano para niños y jóvenes no puede ni debe afrontar estos retos en solitario. Es indispensable el respaldo decidido de las instituciones responsables, la entrega comprometida de artistas y técnicos, y la participación activa y crítica del público. Solo con la suma de esfuerzos se podrá enfrentar la mediocridad, la puerilidad o la vulgaridad, elementos que amenazan con debilitar la calidad y pertinencia del teatro para las nuevas generaciones.

El XVI Festitaller Internacional de Títeres de Matanzas (FESTITIM) se convierte así en un símbolo vivo de estos ideales, en un espacio donde se conjugan el diálogo, la formación y la exhibición escénica orientados a fortalecer el vínculo entre los creadores y sus públicos infantiles y juveniles. Este evento internacional reafirma la vocación cubana de aportar al desarrollo cultural con propuestas innovadoras y comprometidas socialmente, haciendo del teatro una herramienta de emancipación y transformación.

La celebración del Día Internacional del Teatro para Niños y Jóvenes en Cuba, con el referente del FESTITIM y las palabras de Rubén Darío Salazar, convocan a reflexionar sobre el rol  de este arte en la construcción de sociedades más humanas, solidarias y conscientes. El teatro, con su capacidad única para suscitar emociones legítimas, construir imaginarios y promover el pensamiento crítico, se erige como un espacio indispensable para acompañar a los niños y jóvenes en la compleja aventura de crecer y comprender un mundo marcado por desafíos inéditos.

Esta efeméride nos invita a renovar el compromiso con un teatro para la infancia y la juventud que sea inclusivo, arriesgado y profundamente conectado con las realidades contemporáneas. A reconocer que este arte no es un simple entretenimiento, sino un componente esencial de la educación cultural y emocional; una plataforma donde se cultivan valores, se defienden derechos y se imagina un futuro diferente. Como bien apunta Rubén Darío Salazar, la clave está en avanzar juntos, construyendo puentes y evitando aislamientos, para que el teatro continúe siendo un faro que ilumine el camino de las nuevas generaciones en Cuba y el mundo.

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