El 22 de noviembre de 1963, en Plaza Dealy, de Dallas, Texas, era asesinado el presidente de Estados Unidos donde, John F. Kennedy.
“Precisamente el día que lo mataron estaba yo conversando con el periodista francés Jean Daniel (director de Le Nouvel Observateur) que él me había enviado con cierto mensaje para hablar conmigo. De manera que se estaba estableciendo una comunicación que tal vez hubiera podido favorecer una mejoría en nuestras relaciones”, le narró Fidel Castro al intelectual galo Ignacio Ramonet.
Este, en las notas de su libro donde plasmó su extensa entrevista al Comandante en Jefe, acotó que en 2003 se hizo público el contenido de la grabación de una conversación entre Kennedy y su consejero para la seguridad nacional, McGeorge Bundy, que mostraba que el presidente quería probar la vía de un acercamiento con Cuba, y estaba de acuerdo con la posibilldad de un encuentro secreto con un emisario de a Habana, según una oferta hecha por Fidel Castro.
Dignidad sin subordinaciones
El interés del Jefe de la Revolución cubana por mantener relaciones normales con su vecino del Norte, sobre a base del respeto y en condiciones de igualdad, no era nuevo.
En abril de 1959 había visitado los Estados Unidos con un objetivo diametralmente opuesto al de los gobernantes cubanos del pasado burgués, quienes acudían a Washington a buscar dinero, aprobación y someterse a los designios del imperio.
El entonces primer ministro no hizo una visita oficial sino respondió a la invitación de la Sociedad de Editores de Periódicos y aprovechó la ocasión para dar a conocer a la opinión pública de ese país y del mundo el significado de la Revolución que recién había triunfado en la Mayor de las Antillas. Antes de partir había declarado que la visita era a continuación de la Operación Verdad cuyo objetivo era contrarrestar las calumnias sobre lo que estaba ocurriendo en Cuba.
“Tengo el decidido propósito de que esta sea una visita de buena voluntad”, dijo a su llegada. En otro momento subrayó que su postura era de plena dignidad, sin subordinaciones ni sometimientos. Explicó igualmente que no había ido a pedir, porque la revolución no tenía nada que pedir, como no fuera amistad y comprensión.
El pueblo estadounidense le prodigó una calurosa bienvenida, ovaciones, vivas, multitudes queriendo conocerlo y una admiración desbordada, más aún cuando Fidel decidió abandonar todo protocolo y sumergirse en la muchedumbre que lo estrujaba y pronunciaba a gritos su nombre. Dialogó con varios sectores estadounidenses y dedicó amplio espacio a la prensa.
Este recibimiento contrastó con la actitud soberbia de Eisenhower, entonces inquilino de la Casa Blanca, quien decidió no recibir al primer ministro cubano e irse a jugar golf, para dejarle esa tarea al vice Richard Nixon. Este en un memorándum a su presidente le expresó “Castro es tan increíblemente ingenuo con respecto al comunismo o está bajo su disciplina. No debe considerarse, ilusoriamente, como un rebelde furibundo al estilo de Bolívar, por lo cual hay que actuar en consecuencia”
Lejos de corresponder a la buena voluntad de Cuba, el imperio que la había tenido sometida durante más de 50 años no podía tolerar que se escapara de sus manos. Por ello “actuar en consecuencia” significaba en ese momento enfrentar a la Revolución.
La postura de Fidel
Además de la comunicación con Kennedy, frustrada por su asesinato, otros mandatarios estadounidenses mantuvieron contactos confidenciales con Fidel Castro.
En el libro De la confrontación a los intentos de “normalización”. La política de Estados Unidos hacia Cuba, de Elier Ramírez Cañedo y Esteban Morales, el primero expresó que uno de los aspectos neurálgicos tratados en el texto es la posición histórica y consecuente del Comandante en Jefe en este delicado tema.
“(…) la postura de Fidel, a contrapelo de lo que algunos tontos y malintencionados piensan y dicen, ha sido siempre la de estar en la mejor disposición al diálogo y la negociación con nuestro vecino del Norte, para resolver el conflicto entre ambos países. Los propios documentos desclasificados en los Estados Unidos que hemos consultado, específicamente de las administraciones Kennedy, Johnson, Ford y Carter, reflejan claramente esta voluntad de Fidel”
Subrayó que el líder de la Revolución Cubana siempre insistió en que dicho diálogo o negociación se hiciera en condiciones de igualdad, con respaldo del derecho internacional y que no persiguiera que Cuba cediera ni un milímetro a su soberanía ni renunciara a sus principios.
Vale agregar el contenido de una carta escrita el 22 de septiembre de 1994 al presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, que fungió como mediador entre el Comandante en Jefe y el presidente estadounidense William Clinton:
“La normalización de las relaciones entre ambos países es la única alternativa; un bloqueo naval no resolvería nada, una bomba atómica, para hablar en lenguaje figurado, tampoco. Hacer estallar a este país, como se ha pretendido y todavía se pretende, no beneficiaría en nada los intereses de Estados Unidos. Lo haría ingobernable por cien años y la lucha no terminaría nunca. Sólo la Revolución puede hacer viable la marcha y el futuro de este país.”
Cuba le salvó la vida a Reagan
En este proceso resaltaron la conducta ética y la responsabilidad de la Revolución, como ocurrió durante el mandato de Ronald Reagan, a quien le salvó la vida un antiterrorista cubano, a pesar de que como escribió Fidel en una de sus reflexiones, ese mandatario desde los días de Eisenhower había elaborado cientos de planes para eliminar físicamente al Líder de la Revolución cubana.
Se trataba de un plan de atentado a Reagan por parte de un grupo de extrema derecha en Carolina del Norte, donde él protagonizaría un acto de campaña para su reelección. Al conocer este plan, Cuba decidió informar inmediatamente a las autoridades norteamericanas y los implicados fueron detenidos, lo que agradeció el gobierno de ese país.
En los contactos extraoficiales que sucedieron durante los gobiernos de Estados Unidos y Cuba entre las décadas de 1970 y 1980 tuvo una destacada participación el entonces vicepresidente cubano Carlos Rafael Rodríguez. Específicamente en noviembre de 1981, durante la administración Reagan, sostuvo una entrevista secreta en México con el secretario de Estado Alexander Haig la cual reafirmó la posición de principios de Cuba sobe la ayuda a los movimientos revolucionarios latinoamericanos y a África, asuntos que, entre otros, Washington había pedido eliminar como condiciones para la normalización de relaciones.
Obama y el poder blando
Bajo la presidencia de Barack Obama las conversaciones conducidas por Raúl castro como jefe de Estado, tuvieron frutos como el regreso de tres de los cinco héroes cubanos: Gerardo, Antonio y Ramón, que por más de 16 años estuvieron presos en EE.UU. por defender a su Patria del terrorismo, organizado y financiado por ese país.
Hechos inéditos emprendidos por esa administración fueron una llamada telefónica a su par cubano para hablar de manera respetuosa con lo que se apartaba de la arrogancia imperial; consideró el bloqueo como una política fallida, restableció relaciones diplomáticas y se abrieron embajadas en ambas capitales, y eliminó a Cuba de la lista espuria de países patrocinadores del terrorismo, entre otro pasos positivos, que tuvieron su culminación con la visita de Obama a la Mayor de las Antillas, la primera de un mandatario estadounidense en casi 90 años.
Se conoce que este ocupante del despacho oval seguía lo principios del Soft power o poder blando, encaminado a lograr los mismos fines con otros métodos más sutiles, más por la atracción que por la amenaza o la fuerza.
Fidel en su reflexión titulada El hermano Obama hizo un análisis de los pronunciamientos del mandatario en su visita a Cuba, y enfatizó en sus siguientes palabras: “Es hora ya de olvidarnos del pasado, dejemos el pasado, miremos al futuro, mirémoslo juntos, un futuro de esperanza. Y no va a ser fácil, va a haber retos, y a esos vamos a darle tiempo; pero mi estadía aquí me da más esperanzas de lo que podemos hacer juntos como amigos, como familia, como vecinos, juntos.”
Y comentó el Comandante en Jefe “Se supone que cada uno de nosotros corría el riesgo de un infarto al escuchar estas palabras del Presidente de Estados Unidos. Tras un bloqueo despiadado que ha durado ya casi 60 años ¿Y los que han muerto en los ataques mercenario a barcos y puertos cubanos, un avión de línea repleto de pasajeros hecho estallar en pleno vuelo, invasiones mercenarias, múltiples actos de violencia y de fuerza?
“Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y a los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura.
“No necesitamos que el imperio nos regle nada, Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este planeta.”
Estas ideas de Fidel mantienen plena vigencia en el contexto actual. La mesa está servida para el diálogo una vez más, pero Cuba seguirá siendo soberana y socialista y sus hijos son los principales responsables de su futuro.