Bien cerca de las montañas del Plan Turquino, de San Cristóbal, la curiosidad te lleva hasta La Finca La Montalveña, uno de los 90 Proyectos de Desarrollo Local (PDL) aprobados en la provincia de Artemisa, que crece desde 2022, en la carretera a Niceto Pérez.
Porque ser guajiro fue tal vez lo primero que aprendió en su vida, ya ha perdido su nombre de identidad, Osmiel Tejeda Pérez, para ser sencillamente Piro, por aquellos lares y poco más allá.
Él convirtió su pequeña parcela en un PDL, con financiamiento del Consejo de la Administración Municipal. En ella se aviva el desarrollo de aves de patio, cerdos, carneros, conejos, chivos, codornices, además, de cultivos de todo tipo y hasta carbón, con demanda suficiente a precios competitivos.
“Yo sí soy finquero. Corto guano y tabla de palma para levantar los cuartones de los animales. Siembro un surco, halo por la guataca para desyerbar, porque el fertilizante y los herbicidas están en falta, cosecho, comercializo, saco cuentas y siempre la tierra da…
“Ya esta finca tiene forma con más de 2 500 matas de mango, en producción, unas 200 de coco, 1 000 de café y casi 20 000 de piña, de estas últimas eran muchas más, pero si urea ni potasio no es muy fácil.
“Ahora cuando me siento en el tronco de un árbol a la caída del sol, lo siento como un premio al esfuerzo, al igual que el tomate, la naranja, el boniato, la yuca, la frutabomba y el mamey que se dan en las nueve hectáreas de tierra bajo nuestra guataca y sudor.
Unos cuatro millones de pesos apostó su municipio para desplegar -en diez años- este módulo pecuario a solo dos kilómetros de su premontaña. “Ya ha reintegrado casi la mitad del dinero, siendo la motivación para no detenerme, lo más importante”, cuenta.
“Antes solo vendía a los lugareños en ferias sabatinas. Todos iban en busca de lo que traía Piro, el de La Montalveña. Ahora me dieron la opción de arrendar una bodega en la ciudad sancristobalense. Se eleva el PDL a su máxima potencia: la satisfacción detrás de sus ofertas”, argumenta confiado.
“¿Exportar parte de mis bienes? Sería ideal. Así sea comercializar con la Zona Especial de Desarrollo Mariel. Tendría garantizado mucho de lo que necesito comprar con ingresos en ‘moneda dura’. La economía anda algo retorcida.
“En una gran nave, con una minúscula máquina, proceso pulpas. Ya tendremos mejor equipamiento; mientras, cerramos ciclo de algunas cosechas como mango y tomate.
“Ah, procesamos algún queso. Soñamos con el ordeño mecanizado, una cámara de frío, el turismo ecológico y ser parte de programas de la Universidad”, añade.
Ya un día Piro se vio en un lindo hotel habanero explicando el quehacer en La Montalveña como un proyecto local, “y puede que haya quien se interese por darnos una mano con financiamiento extranjero”, nos cuenta
Piro es uno de los finqueros cubanos que ilumina el lomerío. Sabe de días de trabajo y de no rendirse. De amanecer con el cantío del gaño y no pegar ojo en su almohada.
Sabe de buscar agua debajo de la tierra para saciar ese deseo innato de tantos seres vivos, y juntar fuerzas para que nunca la perseverancia le abandone.
¿Por qué La Montalveña? La hacienda de igual nombre, en la novela Destilando amor (en adaptación de la colombiana Café, con aroma de mujer) fue la inspiración para nombrar así su proyecto.
Detrás de tanto esfuerzo hay un guajiro casi cincuentón, fanático al amor, el trabajo, los sueños y la pasión por hacer.