Colombia se aproxima a un momento crucial en su historia política. Con Gustavo Petro a punto de cumplir su mandato como primer presidente de izquierda del país, las elecciones de 2026 no solo definirán la continuidad o el cambio en las políticas de su gobierno, sino también el rumbo de una nación marcada por conflictos internos.

En este contexto, el 31 de marzo del 2026 se celebrarán las elecciones locales y regionales en las que elegirán alcaldes, gobernadores, concejos municipales y asambleas departamentales. Estos comicios son clave para medir la popularidad de las fuerzas políticas en el terreno y funcionan como antesala de las elecciones presidenciales que tendrán lugar dos meses después. La primera vuelta de esos comicios mayores está prevista para el 28 de mayo de 2026. La segunda, si fuera necesaria, tendría lugar el 19 de junio.
Los expertos señalan que en el panorama electoral colombiano sobresalen la alta incertidumbre y la polarización política. Las fuerzas que han jugado un papel preponderante en los últimos años, como el Pacto Histórico, el Centro Democrático, y los tradicionales Partido Liberal y Partido Conservador, están avocados a pactar si quieren ganar. Es muy probable que las alianzas y coaliciones resultantes de ese proceso, hoy en desarrollo, crucen incluso líneas ideológicas. No es de extrañar, la historia de los comicios ha demostrado que, en momentos definitorios, todo vale.
Las elecciones locales de marzo se presentan como una oportunidad para medir el apoyo popular que conserva Petro. Su coalición de izquierda, Pacto Histórico, busca ganar terreno, incluso en regiones donde hasta ahora ha tenido una presencia más débil.
Colombia-Estados Unidos, más allá de lo bilateral
En febrero de este año Petro sostuvo en Miami un encuentro de unas dos horas con el presidente estadounidense Donald Trump. A los medios trascendió que, aunque los puntos neurálgicos de tensión entre ambos mandatarios no fueron resueltos, primó cierta distensión al abordar temas esenciales como el narcotráfico y la política exterior de ambos estados.

En declaraciones posteriores, el líder colombiano reafirmó su postura de trabajar por una América Latina autónoma, mientras que Trump defendió la visión hegemónica de Washington para la región. Sin dudas, el futuro de esa relación, que trasciende lo bilateral, será parte de los retos que deberá enfrentar el sucesor del actual premier colombiano.
No obstante, el encuentro también ratificó que gran parte del peso de los resultados de las elecciones de 2026 recae en el llamado “legado de Petro”.
La huella del compromiso social
El compromiso de Petro con su base electoral, los más humildes, ha marcado la gestión presidencial y las más importantes reformas que impulsó durante su mandato. Esta postura le agendó enemigos poderosos, mayormente entre sectores de derecha y centro, quienes le acusan de radical y de generar incertidumbre económica. Sus partidarios, en cambio, defienden el intento que ha hecho por redistribuir la riqueza y comprometerse con la paz.
Entre las reformas impulsadas por el actual Gobierno sobresalen la tributaria, cuyo principio es que paguen más los que más tienen; así como la del sistema de salud, que busca garantizar un acceso más equitativo a los servicios médicos.
Los cuestionamientos ante ambas iniciativas han sido liderados por quienes manejan grandes capitales económicos y controlan la narrativa de los medios de comunicación. En su mayoría son los mismos que le critican la búsqueda de una “paz total”. La persistencia de Petro de negociar con los distintos grupos armados, a pesar incluso de los focos de violencia que existen en ciertas regiones, es el argumento que utilizan sus enemigos para poner en duda la efectividad de esa estrategia.
Para muchos colombianos y analistas, el gobierno de Petro ha representado un cambio profundo en las estructuras sociales del país. Desde la presidencia ha visibilizado, e intentado corregir, las heridas profundas que ha dejado la exclusión social y el acceso clasista a la justicia social. Otros, en cambio, le culpan de no haber generado la unidad necesaria para avanzar hacia la paz en una nación marcada por una larga historia de conflictos internos.
Con el fin del actual mandato, en agosto de 2026, los colombianos se encuentran ante un cruce de caminos. La opción que resulte más votada por los cerca de 41 millones de electores, marcará el rumbo del país en los años venideros.

