En la lucha permanente del movimiento obrero y sindical cubano, el 22 Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) se realizará bajo el alma de tres figuras emblemáticas de nuestra historia estrechamente vinculadas a los trabajadores cubanos: José Martí, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y Lázaro Peña, Capitán de la clase obrera, líderes cuyos ideales y acciones, no solo sentaron las bases de la lucha por la independencia y la justicia social en Cuba, sino que también dejaron un legado que trasciende con fuerza ante los retos actuales, especialmente frente al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de Estados Unidos.

José Martí, el Héroe Nacional de Cuba, es símbolo de dignidad y respeto hacia la clase trabajadora. Sus palabras, cargadas de un profundo humanismo, reflejan su inquebrantable compromiso con los derechos de los obreros. En su carta a Serafín Bello, escrita en noviembre de 1889, sostiene que “el obrero no es un ser inferior ni se ha de tender a tenerlo en corrales y gobernarlo con la pica, sino en abrirle, de hermano a hermano, las consideraciones y derechos que aseguran en los pueblos la paz y la felicidad”; visión que expone claramente que los derechos de los trabajadores son fundamentales para alcanzar la justicia social y el bienestar colectivo.
La obra de Martí va más allá de las letras; es un llamado a la acción. Su aforismo “En lo que se trabaja no importa; sino que se trabaje” resume el valor intrínseco del trabajo y el decoro del obrero; concepto que sigue vigente hoy, donde la lucha contra el bloqueo y las adversidades enfrenta a los trabajadores cubanos a una batalla diaria por sus derechos y por su sustento. En tiempos difíciles, el pensamiento martiano se convierte en antorcha que ilumina el camino de la solidaridad y la unidad de los trabajadores.
Fidel Castro, líder indiscutido de la Revolución Cubana, cuyo centenario celebramos este año, entendió desde su juventud que el progreso de la nación estaba íntimamente ligado al bienestar de sus trabajadores. En conversaciones con Frei Betto, plasmadas en Fidel y la Religión (1985), expresa: “un trabajador siente más amor por su obra si dispone de condiciones dignas y se le demuestra el aprecio a su trabajo y la constante preocupación por sus problemas materiales y humanos”; palabras que reflejan no solo la importancia de las condiciones laborales dignas, sino también el reconocimiento del valor humano detrás de cada esfuerzo, fundamental en la construcción de una sociedad justa.

Fidel enfatizó constantemente que el respeto y el amor a los que sacrificaron mucho por la patria no solo se demuestran con palabras, sino con acciones concretas. En tal sentido, en la clausura del acto central del IX aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el 26 de julio de 1967, dijo: “solamente hay un modo de respetar y de amar a esos que dieron la vida, a esos que dieron todo por su país y por su revolución, ¡y es el trabajo, es la lucha!”. Estas afirmaciones revisten especial relevancia en la actualidad, donde los trabajadores cubanos siguen enfrentando el impacto del bloqueo y requieren del reconocimiento y apoyo de sus líderes.
Lázaro Peña, figura icónica del movimiento sindical cubano, defendió la idea de que la voz de los trabajadores debía ser escuchada y respetada. En su discurso, abogó por la necesidad de que los trabajadores pensaran como país, al afirmar que era fundamental “anteponer de manera realista y fecunda, el interés social al personal, convencidos los trabajadores que la solución de los problemas que uno puede confrontar ha de venir de la colectividad, de los éxitos del esfuerzo de todos, del desarrollo de la economía”; premisa que es indispensable en los tiempos actuales, donde se busca fortalecer la economía cubana a pesar de las restricciones externas.
Peña resaltó la importancia del sindicato como un actor esencial en la vida de los trabajadores, promoviendo que “el sindicato tiene que actuar con criterio propio, tiene que hacerse sentir como el representante de todos los trabajadores, para tener autoridad moral, para exigir deberes y derechos”; sentencia que se mantiene viva en el actual accionar de la CTC y sus dirigentes, que se enfrentan al reto de ser la voz genuina de los trabajadores cubanos en las persistentes adversidades que experimentamos hoy.
El 22 Congreso de la CTC representa una continuidad de las luchas de Martí, Fidel y Lázaro, quienes entendieron que la unión y la solidaridad son esenciales para enfrentar desafíos. Las enseñanzas de estos tres gigantes de la historia cubana nos recuerdan que, incluso en el infortunio estimulado por el gobierno yanqui para desestabilizar el país y echar por tierra las conquistas de la Revolución y el socialismo, el trabajo colectivo es la única vía hacia el progreso.

Hoy, los trabajadores cubanos se encuentran en un momento crítico, donde el bloqueo no solo constituye un obstáculo para el desarrollo económico, sino que también afecta la moral y las condiciones de vida de la población. Sin embargo, al recordar las palabras de Martí, Fidel y Lázaro, es posible encontrar la inspiración necesaria para seguir adelante. Es un momento para reafirmar que “el trabajo es la lucha”, y que la defensa de los derechos laborales es, en esencia, una batalla por la soberanía y el futuro de la nación.
La interrelación entre la obra y el pensamiento de estos líderes se manifiesta en la búsqueda actual de soluciones a las crisis económicas, sociales y políticas. La colaboración entre los sindicatos y el gobierno es vital para abordar las dificultades que enfrentan los trabajadores, así como para garantizar el respeto de sus derechos.
El legado de José Martí, Fidel Castro y Lázaro Peña se erige como un faro inquebrantable en la historia de Cuba y en la lucha del movimiento obrero. Sus ideales de justicia, dignidad y respeto hacia el trabajo son más relevantes que nunca en esta etapa desafiante. En el marco del 22 Congreso de la CTC, los principios que ellos defendieron deben ser reavivados y adoptados por las nuevas generaciones de trabajadores, quienes, inspirados por sus héroes, continuarán la lucha por un futuro mejor.
La historia nos enseña que los grandes hombres y mujeres que han forjado la identidad cubana vivieron y murieron en la lucha por hacer de Cuba un país soberano y justo. Mantener viva su memoria y sus ideales es un deber de todos aquellos que creen en la justicia social y en el poder del trabajo colectivo para construir un mañana digno y próspero. Así, el 22 Congreso de la CTC será una reafirmación del compromiso con los principios que forjarán el futuro de la clase trabajadora cubana.

