Devoción que no tiene edad

Devoción que no tiene edad

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Damaris Hernández Marí mereció recientemente el Premio Joven Investigador durante las celebraciones por el Día de la Ciencia. Foto: Cortesía de Damaris Hernández Marí

Camagüey.— El mismo camino que condujo a la mayoría de sus com­pañeros a redacciones de prensa, terminó mostrándole a Damaris Hernández Marí que la investiga­ción científica también era el des­tino de su vida.

Graduada de periodismo por la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz, en el 2015, y profesora de esa institución duran­te varios años, un día afortunado decidió incorporarse al mundo de la ciencia, tema que desde sus años de estudiante había sido recurren­te en trabajos de curso.

Hoy convertida en investigado­ra agregada del Centro de Inves­tigaciones de Medio Ambiente de Camagüey (Cimac) y secretaria del consejo científico de esa institu­ción, Damaris se felicita por aque­lla decisión.

“Al Cimac llegué como espe­cialista de Comunicación, una ta­rea en la que aprendí mucho y que me permitió seguir superándome, hasta alcanzar mi actual catego­ría científica en el 2020. El creci­miento profesional es parte de la filosofía del Cimac, un colectivo pequeño pero que puede enorgu­llecerse de importantes resulta­dos”, señala.

En un contexto de crecientes riesgos medioambientales, a cau­sa del cambio climático y la falta de conciencia sobre sus efectos, el trabajo de instituciones como esta resulta especialmente relevante. Como agrega Damaris “tenemos mucho que hacer en cuanto a in­vestigación y a socialización del conocimiento científico. El princi­pal objetivo es que cada estudio se revierta en acciones que mejoren la resiliencia de las comunidades, sus condiciones de vida”.

Damaris lo ha aprendido de primera mano. Al principio, como integrante de equipos de proyecto, y desde el 2025, como coordinadora de algunos de esos grupos.

En los últimos tiempos dos pro­yectos concentran sus esfuerzos. Uno apuesta por crear capacidades para la reducción del riesgo de de­sastres y la adaptación al cambio climático. El otro pretende facilitar la implementación del protocolo de Nagoya, a la par de contribuir con el uso sostenible de la biodiversi­dad.

“Ambos —detalla— son lidera­dos por los institutos de Geofísica y Astronomía, y de Ciencias del Mar, los dos en La Habana, a los que Camagüey se incorpora a par­tir de dos sitios de intervención que hemos establecido en la ciudad de Nuevitas y la playa de Santa Lucía. Trabajamos con diversos públicos, desde factores de la comunidad hasta entidades económico-pro­ductivas. En Nuevitas nos hemos concentrado en desarrollar capaci­dades para su adaptación al cam­bio climático. Y en Santa Lucía, en el conocimiento de la Thalassia testudinum, una planta marina que aporta numerosos beneficios ecosistémicos al ser humano.

“Se trata de un trabajo que aúna los esfuerzos de varios mi­nisterios, autoridades locales y lí­deres comunitarios. Todo ello so­bre la base de una estrategia de infocomunicación integral. Es muy importante que hagamos ciencia y también que la socialicemos. De la conjugación de saberes suelen salir las mejores soluciones”.

Guiado por esa máxima, un equipo de especialistas del Minis­terio de Ciencia, Tecnología y Me­dio Ambiente al cual se ha inte­grado Damaris, preparó un curso digital orientado a la adaptación al cambio climático y la preven­ción de riesgos y desastres. Ellos comparten sus contenidos a tra­vés de la plataforma colaborativa Moodle, en el esfuerzo por generar sinergias que contribuyan a una mejor calidad de vida de las comu­nidades.

Todos esos proyectos dependen, en buena medida, de la participa­ción de los jóvenes. Por eso era vá­lido preguntarle a Damaris sobre qué estrategias se pueden emplear para interesarlos en la investiga­ción científica, sobre todo en estos tiempos.

Y es clara al puntualizar que en la actualidad pesa mucho la necesidad de incentivos económi­cos, pero que es posible motivar a los recién graduados, en buena medida, a partir de insertarlos en proyectos valiosos asignándoles responsabilidades y vincularlos de manera directa con los inves­tigadores de más experiencia. “El de la ciencia —subraya— es un camino apasionante, solo hay que guiarlos”.

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