Hace pocos años, para comprar un antibiótico bastaba con ir a algunas farmacias y, si no lo encontrabas había que esperar el próximo ciclo de distribución. En la actualidad la escena es distinta: solo debes abrir un canal de Telegram para localizar el medicamento que usted busca ofrecido como mercancía común, o recorrer espacios públicos donde pululan vendedores, algunos camuflados, otros abiertamente.

Lo que comenzó como un rumor —búscalo en Revolico (grupo de Facebook en el puedes hallar todo tipo de productos), seguro aparece— ha terminado siendo una práctica cotidiana. Existen decenas de páginas en las cuales mueven todo tipo de fármacos e insumos importados o no. Muchos sin garantía de conservación o la cadena de frío correspondiente, pero lo cierto es que son un salvavidas para quienes, frente a la escasez, no encuentran otra opción. Con este reportaje Trabajadores se propuso un acercamiento a una de las problemáticas más sensibles de nuestra sociedad: la venta ilegal de medicamentos, a partir de una investigación en tres provincias del país.
Primera escena de la obra
La disponibilidad de medicinas constituye una prioridad sanitaria. La red de farmacias comunitarias, principal vía de acceso para la población, sufre hoy las consecuencias de una crisis de producción y abastecimiento que ha generado preocupación social y obligado a respuestas institucionales.
En un artículo publicado en Cubadebate, Cristina Lara Bastanzuri, directora de Medicamentos y Tecnologías Médicas del Ministerio de Salud Pública (Minsap) explicó que “el 62 % —equivalente a 403 productos– deben ser fabricados por la industria nacional y el 38 % restante son importados”.
Las reducciones en esas cifras las sienten los necesitados o enfermos en cualquier provincia, como la camagüeyana de 71 años Susana Iraola Fernández, quien recurre con frecuencia a calmantes y ungüentos que la ayudan a enfrentar los achaques propios de la edad.
“Cuando comenzaron a escasear las medicinas en la farmacia, especificó, me vi forzada a comprar en la calle sobre todo antibióticos. A eso siempre me opuse porque una nunca sabe de donde salen, pero es muy duro estar enfermo y no tener nada.
“Siempre hay un vecino o amigo que ayude, sin embargo, la escasez es muy grande y no se puede estar regalando. Y peor se puso la cosa cuando el chikungunya, ahí sí tuve que gastar más dinero para adquirir dolocom y cosas afines”, reveló.
Lázaro Marín, por su parte, estudiante de medicina, añadió que en varias ocasiones ha tenido que adquirir medicamentos para su madre por la calle. “Hay gente que los vende y te dicen para lo que sirven, sin saber a ciencia cierta. Por eso hay que tener cuidado. La necesidad está obligando a acudir a esos revendedores sin garantía ni seguridad de lo que compras”, detalló.
Producción nacional, la otra cara
Cuba cuenta con un modelo de distribución de fármacos que dependía en gran medida de la producción nacional. Cerca del 80 % de los productos medicinales que llegaban a las droguerías eran fabricados en el país. En los hospitales, la proporción era aún mayor, de los 84 fármacos señalados como de tarjeta (esenciales para ingresos y procedimientos hospitalarios), 64 se producían localmente.
El Dr. C. Santiago Dueñas Carrera, vicepresidente de BioCubaFarma, reconoció que a pesar de las limitaciones la industria nacional sostiene buena parte del cuadro básico, aunque enfrenta tensiones crecientes. El organismo agrupa a 62 empresas —la mayoría en Cuba— y 164 líneas productivas con capacidad para elaborar más de mil productos. Entre ellos se incluyen sistemas diagnósticos, vacunas, medicamentos genéricos e innovadores, equipos y dispositivos médicos, también cubren todo el ciclo de prevención, tratamiento y rehabilitación.
Los esfuerzos se centran hoy en elaborar los medicamentos destinados a la atención al paciente grave, como los sueros e insumos para hemodiálisis; además de los productos del Programa Materno Infantil y a enfermedades crónicas controladas mediante el tarjetón. “Basta con que falte uno de los más de cien componentes que requiere un medicamento para que no pueda elaborarse.
“El bloqueo económico, comercial y financiero de EE. UU. agrava las dificultades, trabando las transacciones financieras incluso cuando hay proveedores dispuestos”. A ello se suman los problemas energéticos y de transporte: “un apagón de 30 segundos puede ocasionar desviaciones de las buenas prácticas de fabricación”, y muchas veces el desabastecimiento no se debe a la inexistencia del medicamento, sino que la falta de combustible impide que este pueda llegar a las farmacias.
Recordemos que 10 años atrás el sistema farmacéutico gozaba de estabilidad. La directora de Medicamentos y Tecnologías Médicas del Minsap señaló que el punto de quiebre llegó en 2019, con la reducción de las relaciones comerciales, y se profundizó con la pandemia.
Ante este panorama el vicepresidente de BioCubaFarma precisó que adoptaron alternativas como las colaboraciones internacionales, que permiten producir en el extranjero medicamentos o ingredientes farmacéuticos como la aspirina y traerlos a Cuba. “Esta medida nos facilitó importar interferón desde China durante la COVID-19”.
A esa medida se suma el aumento del protagonismo de los productos naturales como una solución viable. En territorio agramontino, por ejemplo, existen dos centros para dicho fin y dispensarios en 29 farmacias. Sin embargo, los planes no se cumplen. “En el 2025 solo llegamos al 67 % de lo proyectado. No nos pudieron asegurar suficiente masa vegetal, alcohol o miel”, señala Maurilys Acosta Nápoles, jefa de la sección de Farmacia y Óptica del Departamento de Medicamentos y Tecnologías Médicas de la Dirección general de Salud de la provincia.
Escasez vs. ganancias
El desabastecimiento de las farmacias se ha agudizado y la autorización de importar fármacos libres de impuestos aduanales favoreció el surgimiento de un mercado negro que, pese a los elevados precios, es la vía más expedita y en no pocos casos prácticamente la única para adquirirlos.
En Pinar del Río, la doctora Roxana Martínez Suárez, jefa del Departamento de Medicamentos y Tecnologías Médicas en la Dirección general de Salud, en esta provincia, advirtió que la distribución puede derivar en complicidades con los trabajadores y afectar la venta organizada por consultorios, dejando sin cobertura a pacientes crónicos como hipertensos y diabéticos.
Su comentario tiene basamento en hechos delictivos detectados a inicios del 2025 como fue el caso de un enfermero del hospital Abel Santamaría Cuadrado, quien solicitaba medicamentos supuestamente para pacientes ingresados y luego los comerciaba en el mercado ilegal.
En lo privado… ¿una farmacia?
Esta problemática no solo impacta la salud, también golpea la economía doméstica. En muchos hogares el gasto en fármacos adquiridos en el mercado informal supera el presupuesto destinado a alimentos o transporte. Un blíster de antibióticos (sea cual sea de ellos) puede costar alrededor de 400 pesos; la inversión mensual en antihipertensivos, analgésicos o antihistamínicos supera fácilmente los miles de pesos, de ahí que las familias se vean obligadas a elegir entre cubrir sus necesidades básicas o garantizar un tratamiento adecuado.
El escenario se ha diversificado hasta llegar a las redes sociales como Facebook, Telegram o WhatsApp, donde proliferan las opciones con precios que cada vez más rebasan lo sensato. Leinier, como se identifica un revendedor en un grupo de WhatsApp, tiene de todo lo que alguien puede llegar a necesitar: prednisona, azitromicina, dexametazona… todos importados.

El propietario de ese perfil bajo un seudónimo nos dijo que “antes, la gente desconfiaba de las medicinas traídas de afuera, pero como ya casi no se ven las cubanas, te las vuelan de las manos. Eso fue precisamente lo que me metió en este mundo, la necesidad”, afirmó.
La venta de medicamentos no es legal y aunque los nombres y números telefónicos se encuentran disponibles en las plataformas, quienes se dedican a la actividad prefieren, por razones obvias, el anonimato. No obstante, obtuvimos varios de sus testimonios.
“Empecé en esto porque tengo ciudadanía española, podía viajar y traer cosas a la gente, como ‘mula’, mi mamá es hipertensa, igual que mi abuela, quien también es diabética. Desde la primera vez fui con la idea de traer lo que ellas necesitaban, porque aquí no había”.
Con el tiempo las ideas cambiaron, “esto se vende bien, y ahora desde mi casa lo hago. Todo es importado. Hasta he tenido que aprender un poquito de ruso para explicarles a las personas cómo identificarlos. De esto vive mi familia ahora y si cierran completo los viajes no sé qué me voy a hacer”, comentó la vendedora.
La medida excepcional de julio del 2021 —eliminar aranceles y autorizar la importación de medicamentos para uso personal, que se ha ido prorrogando cada seis meses— alivió la escasez, pero abrió la puerta a medicamentos sin trazabilidad, almacenados en condiciones inadecuadas o revendidos a precios exorbitantes.
“Uno siempre regala a amigos y familiares, y saco lo mío, porque esto es un negocio. Trato de no abusar. Estoy clara de la desesperación de necesitar algo y no tenerlo, y aquí la gente viene mucho buscando medicamentos para el Alzheimer o pacientes siquiátricos y eso casi todos son drogas, y los venden controlados, así que no se pueden traer”, añadió otro vendedor digital.
Por su parte, un hombre que igualmente participa en este mercado informal por redes sociales nos contó: “No le puedo decir de dónde salen mis medicamentos, pero los cubanos se venden más rápido y la mayoría de la gente los prefieren. No le pregunto nada al que los trae. Si vienen en sus cajas, sellados, con todo en orden, no hay problema. ¿Usted cree que todo lo que hay en las mipymes es legal? Y le doy la cara a la gente, porque estoy seguro de la calidad”.
Maylin Beltrán Delgado, jefa del Departamento de Farmacias y Ópticas del Minsap, declaró recientemente al sitio digital Cubadebate que para enfrentar el auge de las ilegalidades se ha desplegado un plan de control. Al cierre de octubre del 2025 se registraron 33 hechos graves, incluidos robos con fuerza y sustancias fiscalizadas. Alertó que el mayor peligro no es solo falsificaciones detectadas por el Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (Cecmed), sino la ruptura de la cadena de frío y la falta de condiciones de almacenamiento.
Controlar las colas = controlar el acaparamiento
Aunque la industria nacional no logra cubrir todas las necesidades, las autoridades insisten en que lo poco que se produce debe llegar al paciente sin diluirse en las calles. Por ello, el Minsap aprobó un procedimiento de venta organizada por consultorios médicos, medida que se extiende a todo el país.
En Camagüey, la dependienta Milagros González de Arma, con más de medio siglo de trabajo en la unidad 662, asegura que esta estrategia “ha sido la mejor”, pues redujo las colas y frenó el acaparamiento Maurilys Acosta Nápoles, jefa de Farmacia y Óptica provincial, reconoce su impacto positivo, si bien advierte vulnerabilidades: plantillas incompletas —solo un 51 % de cobertura en droguerías, hospitales y policlínicos— y problemas de calidad en algunos envases.

También se aplican nivelaciones de medicamentos esenciales —como antibióticos— entre instituciones, para que lleguen a donde son necesarios. Liuba Ávila Baute, secretaria general del sindicato de la salud en esta provincia, explicó que de forma mensual se realiza un control sistemático de las acciones con énfasis en la vigilancia permanente de los locales hospitalarios mediante la llamada “guardia revolucionaria”.
En Pinar del Río, la especialista en Servicios Farmacéuticos Noarys Sánchez Espinosa destacó que se llevan a cabo verificaciones sistemáticas sobre la ruta crítica de distribución y controles específicos en hogares con pacientes que consumen fármacos sensibles como morfina, carbamazepina o tramadol. Estas acciones buscan reforzar la seguridad de almacenamiento y evitar desvíos, en un territorio en el que la vigilancia se ha convertido en pieza clave para sostener la confianza en el sistema.
Desde la mirada nacional en ese aspecto saltan irregularidades, pues hay consultorios sin doctores y quejas de la población sobre complicidad entre farmacéuticas y revendedores que compran con varios tarjetones sin explicación ni ser requeridos por ninguna autoridad.
Yudixa Sarmiento, secretaria general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Salud, advirtió que la falta de materias primas complejiza el trabajo de los farmacéuticos y golpea incluso los ingresos del sector. Subrayó que la venta ilegal “lacera la ética” y que se requiere un esfuerzo intersectorial junto a los órganos del orden interior y organizaciones sociales para reforzar la prevención y reducir la exposición de la población a reacciones adversas.
Pese a los mecanismos de control desplegados, persisten grietas que permiten la expansión del mercado ilegal. En La Habana existen lugares donde los vendedores no se esconden: se acercan directamente para ofrecer sus productos y, si no tienen lo que se busca, remiten a otros puntos, convertidos en circuitos de referencia para conseguir cualquier otro medicamento si tienes el presupuesto suficiente.
¡Compra tu medicamento! ¡Tú medicamento aquí!, gritan vendedores que se aglutinan en el puente de 100 y Boyeros. Algunos los guardan en mochilas; otros los exponen en improvisadas mesas desafiando las advertencias realizadas por las autoridades locales.
Siempre alguien se detiene a comprar. “La necesidad obliga”, dice una joven que busca un medicamento para su madre. Carmen Díaz dice que hace poco fue a comprar timolol oftálmico, que su esposo usa para tratar el glaucoma, y cuando observó, ya estaba vencido. “Por suerte, lo hice a tiempo, porque los ojos son muy delicados”.
¿Caso Cerrado?
El recorrido por este tema evidencia que, frente a la escasez, el país ha desplegado controles, estrategias de distribución y esfuerzos institucionales que han permitido sostener lo esencial. Sin embargo, también muestra que esas medidas no bastan para frenar un mercado paralelo cada vez más visible, en el que la lógica del negocio rápido desplaza la sensibilidad social.
Hay aciertos: la organización de la venta por consultorios, la vigilancia comunitaria, la producción nacional que mantiene líneas vitales. No obstante, persisten errores y vulnerabilidades: la falta de insumos, las brechas en la distribución y la normalización de prácticas ilegales que ponen en riesgo la salud y la ética colectiva.
El problema no se reduce a cifras ni a controles; interpela la sociedad en su conjunto. Porque lo que está en juego no es solo la salud, sino la manera en que enfrentamos esta realidad y cómo defendemos la solidaridad frente al negocio, esquema en el que las autoridades deben de enfocar soluciones con mayor rigor.
Una opción que proponen las realizadoras de este reportaje es la posible legalización de vendedores virtuales como trabajadores por cuenta propia o mipymes si fuera el caso. Pagarían tributos y hasta es posible arrendarles farmacias estatales, en las cuales se pudiera tener un control sanitario de los medicamentos que allí ofrezcan.
La pregunta queda abierta: ¿Seremos capaces de reforzar lo que funciona y corregir lo que aún nos debilita, para que el acceso a los medicamentos vuelva a ser un derecho seguro y equitativo?
Acerca del autor
Licenciada en Periodismo (1995 Universidad de Oriente). Trabajó como periodista en Tele Cristal (Holguín) hasta marzo del 2003, directora y guionista de televisión.
Periodista del semanario Guerrillero (Pinar del Río) desde mayo del 2003 hasta la actualidad, corresponsal del semanario Trabajadores en esa provincia desde septiembre del 2020.
Creadora audiovisual y cinematográfica independiente.

