Cada 3 de marzo se celebra el Día Mundial de la Vida Silvestre, efeméride proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas para subrayar el valor de la fauna y la flora silvestres y la urgencia de protegerlas frente a amenazas como la pérdida de hábitat, la caza ilegal, el comercio ilícito y el cambio climático
Desde las migraciones de aves hasta los arrecifes coralinos que sostienen la vida marina, la vida silvestre es la arquitectura invisible que mantiene en pie los ecosistemas del planeta. Sin ella, la humanidad pierde no solo belleza, sino funciones esenciales: regulación del clima, fertilidad de los suelos, provisión de agua y sustento económico.
Hoy, bosques, humedales y océanos sufren una presión creciente. La expansión de actividades humanas, la fragmentación de hábitats y el calentamiento global erosionan equilibrios construidos durante siglos. Ante ese escenario, la comunidad internacional articuló herramientas como la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), firmada el 3 de marzo de 1973, que regula el comercio de especies en riesgo y orienta la acción de casi 200 Estados.
Cuba: biodiversidad bajo resguardo
En Cuba, la biodiversidad es reconocida como patrimonio nacional y soporte estratégico del desarrollo sostenible. Más del 31 % del territorio está cubierto por bosques —unos 32 400 km², según estadísticas oficiales hasta el año 2023— y existen más de 215 áreas protegidas terrestres y marinas.
El Sistema Nacional de Áreas Protegidas articula parques nacionales, reservas de la biosfera, refugios de fauna y otras categorías de manejo. En estos espacios se restringe la explotación no regulada y se priorizan la restauración ecológica, la investigación científica y la educación ambiental.
La isla alberga una riqueza biológica notable. La base de datos Biodiversidad Cubana registra decenas de miles de especies, con altos niveles de endemismo en plantas vasculares, reptiles y aves. Esa singularidad convierte al archipiélago en uno de los puntos clave de conservación en el Caribe.
Geografía que protege la vida
Macizos como Sagua–Nipe–Baracoa, Sierra Maestra, Guamuaya y Sierra de los Órganos resguardan nacientes de ríos esenciales —Toa, Cauto, Hanabanilla, Cuyaguateje— y sostienen procesos ecológicos decisivos para el ciclo hidrológico.
Entre las áreas más emblemáticas destacan el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, la Reserva de la Biosfera Sierra del Rosario, el Parque Nacional Viñales, el Parque Nacional Guanahacabibes y la Ciénaga de Zapata, humedal de importancia internacional donde habita el cocodrilo cubano. Estos territorios combinan conservación, investigación y oportunidades de ecoturismo responsable.
Leyes y financiamiento
La política ambiental cubana se apoya en un marco jurídico actualizado. La Ley 150 del Sistema de los Recursos Naturales y el Medio Ambiente (2023), la Ley Forestal y el Decreto Ley 83/2024 del Sistema Nacional de Áreas Protegidas establecen principios de protección, restauración y uso sostenible.
El Fondo Nacional Forestal (FONADEF), creado en el año 2000, financia acciones de fomento y manejo forestal, prevención de incendios y educación ambiental. Según análisis de la iniciativa BIOFIN —implementada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente y el Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)— el presupuesto asignado al Fondo pasó de 30 millones de pesos en el 2000 a más de 236 millones en el 2016, lo que evidencia un respaldo estatal sostenido, aunque condicionado por el contexto económico.
Servicios que sostienen la vida
Los bosques y áreas protegidas cubanas capturan y almacenan dióxido de carbono, regulan el agua, protegen suelos agrícolas y generan ingresos mediante el turismo de naturaleza. También resguardan cuencas hidrográficas esenciales para la seguridad alimentaria y el abastecimiento humano.
Estrategias como Tarea Vida integran estos servicios ambientales en la planificación nacional frente al cambio climático, en coherencia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Retos y compromisos
Persisten desafíos, entre ellos la disminución de la reforestación activa, el impacto de incendios forestales y las limitaciones financieras para monitoreo y equipamiento técnico. Superarlos exige fortalecer mecanismos como el FONADEF, ampliar la participación comunitaria y consolidar la educación ambiental como política transversal.
La vida silvestre cubana no es un adorno natural; es infraestructura ecológica, identidad cultural y garantía de futuro. Protegerla significa defender la base misma del bienestar nacional.
