
En tiempos en el que mostrarse vulnerable y franco parece algo suicida, palpar sus cicatrices y permitir que estremezcan en forma de palabras mezcladas con emociones es canto inspirador.
Tal vez por eso, y bajo estallidos de emoción, tecleo desterrando la lástima. Reto a una pequeña montaña de notas y grabaciones con profundo rostro humano. Confieso que no pretendo narrar una existencia y sus tormentas, quizás solo iluminarla. ¿Debería leerse a modo de un libro de cabecera? ¿Podría ser un trazo tan estremecedor que lograse interiorizarse como si fuera en carne propia? ¿Sería demasiado pretencioso intentarlo?
En realidad, el verdadero desafío no estará en que usted devore letras, se emocione o incluso llore. Le adelanto que a esta mujer se le rotuló en el espíritu una fuerza infinita. Por eso, cada cicatriz, gesto, suspiros o frases que exprese serán como palpar la piel de un alma, que ha trazado una pintura real de su camino…
“Me diagnosticaron cáncer cuando tenía 14 años. No estaba totalmente consciente de qué tan fuerte o complicada podía ser esa enfermedad y las consecuencias que trae”, la que habla es Leydis Posada, atleta con discapacidad de tiro con arco que, en una fría mañana de finales de enero, desciende otra vez a las profundidades a las que llega un ser humano, cuando la brújula de su salud es abollada por el destino.
“Fue chocante —continúa porque su carne y su espíritu fueron testigos de la experiencia— lo asumí, la vida nunca te va a poner nada que no puedas superar. Gracias a la familia y a los médicos estoy aquí.
“El mayor temor fue que me amputaran la pierna. Al final pasó. Uno se aferra a conservar cualquier parte de su cuerpo”.
Siendo tan joven, ¿de dónde sacabas fuerza para seguir adelante?, le digo mientras mantiene sus ojos firmes y en movimiento, como siguiendo cada palabra de mi pregunta.
“De mis ganas de vivir y los sueños que tenía…”.
La vida no te para frente al espejo solo para gustarse. Lo hace también para demostrar qué hay detrás del reflejo.
“Hacer las paces con mi cuerpo fue complicado. Al cumplir los 15 años, por ejemplo. Estaba en pleno proceso de la quimioterapia, no tenía pelo, engordé muchísimo. Después me recuperé y volvió a crecerme el cabello. Comprendí que uno debe aceptarse. Ser positivo”, acentúa con los rasgos de su feminidad encendidos.
“Mira —recalca tocándose la mejilla, imagino que cálida— recuerdo que coincidí con otros pacientes a quienes les habían amputado una pierna y decían, pero ahora, ¿cómo voy a salir a la calle así y la gente? Y a ti qué te importa, les respondía. El que no quiera mirar, que no mire. Saldrás caminando, eso es lo importante”.
Frota su frente con el interior de la muñeca. Se reacomoda en un butacón y enjaulando un pequeño bostezo, quizás por el frío, revela que continuó sus estudios. Completó el noveno grado en la casa y al preuniversitario y a la universidad (Licenciatura en Turismo) asistió normalmente.
“Se habla de una madurez acelerada luego de superar algo tan difícil como el cáncer” —apunta y dibuja con su rostro cargado de gestos de simbolismo—. “Gané fortaleza mental, mayores deseos de vivir y a integrarme más en lo social. Muy complicado al principio…”.
Dijeron que vendría la claridad y pondría fin a lo oscuro. Lo que llegó fue una sombra dolorosa. Urge una luz que ilumine cierta ceguera.
“Hay quien no entiende la complejidad de la vida después del cáncer. Hasta que no lo vives, o estás muy cerca del que lo padece, no comprendes los temores, los miedos y la incertidumbre que se enfrenta.
“Necesitamos divulgar las historias de quienes superaron esa terrible experiencia. Su ejemplo demuestra que es posible salir adelante…”.
De repente se pasa las manos por el pelo. Aspira aire varias veces como para contener alguna palabra pesada y prosigue.
“Algunos creen que tengo que demostrar a diario que estoy completamente curada. Que soy positiva ocultando los días difíciles.
“Nadie sabe cómo uno se siente, lo que está pasando. Jamás he cogido lucha con lo que las personas piensen o crean de mí. Si quiero peinarme lo hago. Si deseo ponerme un short o un pantalón lo hago. Soy respetuosa y educada. Soy natural”, refuerza y se pasa la lengua por los labios, como preguntándose si debería agregar algo más…
La verdad de ciertas historias está en el silencio que las preceden. En el no siempre agradable contexto que aprisiona a sus protagonistas. La incomprensión es un mar profundo. Escuchar la voz de quien ha mirado de frente la pérdida, la rabia y el miedo es verso feroz.
“He chocado con prejuicios y otras cosas. Al principio me molestaba muchísimo que preguntaran ¿qué te pasó?, ¿por qué? O incluso había gente que decía, ¡ay, tan bonita y le falta una pierna!, —manifiesta dando un largo suspiro y aleteando los brazos como buscando equilibrio—. Incómoda estaba. Más cuando vivía el proceso de adaptarme a la prótesis.
“Chocaba bastante. Respondía según mi ánimo. Decía, ¡no, no fue un accidente, fue cáncer! Entonces se estremecían. No esperaban esa respuesta. No quiero que la gente sienta lástima por mí”, revela con un poderoso encogimiento de hombros.
“El deporte me eligió. Te da disciplina, control físico y mental —prosigue animada, buscando mejores horizontes—. Nunca pensé en ser deportista, incluso teniendo mis dos piernas. En el tiro con arco aprendes a controlar tus emociones, necesitas mucha concentración. Es una bendición”.
¿Qué significó participar en los Juegos Parapanamericanos de Chile y en los Paralímpicos de París?, curioseo y ella respira hondo como si quisiera repletar sus pulmones de todo lo bello que probó.
“Para los Parapanamericanos clasifiqué luego de tres meses de entrenamiento. Fue una experiencia linda. Conviví con personas con discapacidad de otros países. Intercambiamos vivencias.
“¿En los Paralímpicos? —dice y su risa se hace tan cálida, que dibuja una en mi rostro—. Es lo que sueñan todos los atletas, ¿no?; el hecho de ir. Sientes que estás entre los mejores del mundo. Es tremendo. Un montón de sentimientos encontrados. Ver tantas personas gritando y animando. Te preguntas, ay Dios mío, ¿dónde estoy?”.
En un mundo en el que se manipulan las emociones y lo vulgar puede campar a sus anchas, urge reflexionar sobre las complejidades de la condición humana. ¿Nos amparamos entonces en esa belleza indomable de ojos encendidos de fascinación y bienestar nombrada fe?
“Practico la religión yoruba. Hice santo (Obatalá) a raíz de la enfermedad. Es bien importante para mí. Siempre le pido a mi ángel de la guarda. Me ha traído bendiciones. Hay gente que dirá que no, pero es lo que creo. Estoy viva, en parte gracias a él”, revela con las manos unidas en gesto de oración…”.
Nos adentramos en un pilar de una victoria completa. El sostén pincelado de coraje y determinación.
“Hay quien en la calle se alegra de mi superación personal. Hace un tiempo me pidieron hablar con un señor al que le amputaron una pierna. Le hizo bien, estaba triste. Fue muy valioso en lo particular apoyar a las personas, que no se vean con lástima”.
Si alguien acaba de ser diagnosticado de cáncer y te pidiera un solo consejo, ¿cuál sería? Le expongo y cincela verdades en el mármol de su espíritu.
“Le diría que se aferrara a lo positivo de la vida. Habrá miedo, tristeza e incertidumbre. Necesita impulsarse para luchar y vencer. Sabes —insiste exhumando notas de su vivencia—, la sociedad tiene que tomar más conciencia sobre la discapacidad. Hay que ser más empáticos y conscientes. Ponerse en el lugar del otro. Aspiro a que no vean a los sobrevivientes de cáncer con compasión. Les hace daño. Eso no impide que alcancen sus sueños. Son inspiración. De lo malo en la vida se sale. Ni Dios, ni los santos te van a poner una prueba que tú no puedas superar sin importar lo que piensen los demás”, recalca y deja caer los párpados como un estremecedor libro que ya se leyó…


siempre se agradece leer cosas así puede no gustar a alguien pero es la realidad señores bendiciones para la muchacha que mucho lo merece
Valiente y muy interesante artículo necesario y útil en tiempos actuales donde la sensibilidad es importante, salud para la joven deportista
Bendiciones enormes para quien no se dejó vencer, ejemplo de mujer, saludos
Cuántas historias de superación de mujeres hay para conocer y compartir, bravo por Leydis
Muy buen trabajo franco incluso crudo pero real y bien contado
Dios Bendiga Tu Fortaleza Solo El Sabe Tu Amor 🧡 Eres Muy Noble y Comprensiva y Así Seguirás Adelante Con Más Ahinco y Fe Te Deseo Lo Mejor del Universo Tu Sabes Suerte y Salud 🥂 TU PUEDES Y LO SABES MI INOLVIDABLE LEYDIS 🥰❤️😘
Que Puedo Decir , Yo Su Tia Sale Guerrera A Nuestra Familia Cañizares Y Con Todo Respeto No Lo Pienso Discutirlo Con Nadie Buenas Tardes MIs Respeto Nuestra Family
Muy buen artículo. Agradecida con la entrevista y con que Daniel lograra plasmar por escrito todo lo que dije y quise decir. Y exhorto a que se sigan haciendo más trabajaos como este