Santiago de Cuba.— Sus ojos rasgados le valieron el sobrenombre de la China casi desde su primer respiro, el 24 de octubre de 1968, en esta ciudad. No obstante, Rafaela Matos Ross responde sin importar como se le llame: Chini, Rafa, Fela, mamá, hermana, amiga…
Eso se traduce en mil y una maneras de acudir, estar, asumir lo que venga, hacerse presente, incluso, aunque pareciera exagerado, volverse imprescindible. Sucede igual en cada sitio por donde pasa, con cada cosa que toca, sea cual sea, en especial, si del ámbito sindical se trata.
Cercanos como estamos al Día del Trabajador de Hotelería y Turismo, valgan estas líneas para la merecida reverencia a quienes, como la China, no solo creen en el sindicato sino que lo validan como algo útil, de respeto y prestigio.
Entrevistarla puede ser el camino más fácil para realzar sus más de 10 años de liderazgo en ese sector en esta provincia —el de mejores resultados en el país—, pero a sabiendas de que no gusta de loas personales la opción fue dibujarla con los trazos de aquellos que comparten con esta mujer de bríos incalculables, esos que no le vienen de la fortaleza física sino de la entereza del espíritu.
Solo así es posible explicarse cómo un cuerpo menudo, al que incluso le falta un riñón, es capaz de enrolarse en empeños diversos y a todos elevarlos a la excelencia.
La fórmula coinciden muchos afiliados está en el ejemplo. Nos encontramos ante una líder que no hace llamados desde tribunas y sí encabeza cada convocatoria.
Cuando dice vamos es porque ya está en el lugar.
Para Rafaela —que en los años noventa comenzó como dependienta gastronómica y ahora está a punto de graduarse como licenciada en Turismo— la oficina y la silla cómodas no son lo suyo.
No lo fueron en tiempos de dirigir secciones sindicales, y luego el buró extraterritorial de Palmares Santiago, mucho menos ahora que es la máxima representante de los más de 3 mil afiliados al Sindicato Nacional de Hotelería y Turismo (SNTHT) en el suroriental territorio.
La prédica de la China es compartir en los colectivos, única manera de, según dice, saber más de la gente y porque allí se define la calidad del servicio.
Lo suyo no es el verbo encendido, ni el adjetivo de adorno a lo superfluo, más bien relega los discursos. Las palabras prefiere usarlas en el tú a tú con los empleadores. Ahí, en el ruedo de la representación de los trabajadores, encuentra terreno fértil con base en el conocimiento de lo legislado.
Por eso y más, su nombre se repite de boca en boca cuando hay que elegir delegados a conferencias y congresos, de los comités nacionales del SNTHT y de la Central de Trabajadores de Cuba, respectivamente.
Si bien se enorgullece de reconocimientos, entre ellos, la Medalla Jesús Menéndez, lo que más le satisface es saberse útil, y en el interés de lograrlo no mide entregas personales asumiendo como suyo al sindicato, y todo cuanto tenga relación con este.
Mucho resalta en la China el don de comunicar saberes y la desenvoltura en la labor sindical, de ahí que algunos la llamen madrina, a veces madre, en especial los jóvenes que ha sabido enamorar con el trabajo sindical, y que hoy forman parte del comité y del Secretariado de ese sindicato en la provincia.
Rafaela Matos Ross, tan impetuosa como apacible, según sean las circunstancias, es “dueña” del sindicato por compromiso y dedicación, algo que lega a toda la gente que ha sabido sumar al quehacer proletario. No la mueven egoísmos personales mas sí una vocación: hacer valer la organización para, llegado el momento, darla a modo de continuidad.