Anda el Hombre de Mármol

Anda el Hombre de Mármol

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En la Plaza de la Revolución, de Bayamo, la estatua de Carlos Manuel de Céspedes no es de bronce frío; bajo la luz que los bayameses le dedican en su ceremonia de iluminación, la figura del Padre de la Patria adquiere la calidez de una hoguera encendida.

 

Foto: Obra de Amaurys Palacio

 

Cuba entera lo recuerda hoy. Lo evoca como aquel abogado de 49 años que un 10 de octubre se levantó en La Demajagua contra el imperio español y contra la injusticia misma, al liberar a sus esclavos y convertirlos en cubanos libres.

Pero, en Bayamo, la memoria es más íntima, más de piel. Céspedes nació aquí un 18 de abril de 1819, aprendió en este lugar a ser el hombre de vasta cultura, el poeta, el padre, el revolucionario que, como dijera Fidel, «… simbolizó la dignidad y la rebeldía de un pueblo que comenzaba a nacer en la historia».

Son esos los elementos que hacen entender la fibra que une a Bayamo con uno de sus hijos más ilustres.

«El legado de Céspedes ha influido en mí de manera enigmática- confiesa Javier Vega Leyva, director del Museo Casa Natal- A medida que voy conociendo sus facetas y virtudes me inclino más a defender su historia y, al propio tiempo, a enaltecerlo y colocarlo en el justo lugar que se merece».

«A veces nos concentramos solamente en el Céspedes revolucionario -advierte el especialista- y olvidamos al hombre de vasta sapiencia, que se alzó con 49 años en la manigua, con una trayectoria revolucionaria destacada y que desde los 31 años ya estaba haciendo transformaciones en la cultura de Bayamo».

Y es que esa es la paradoja del Padre de la Patria: fue un intelectual que empuñó un machete, un poeta que escribió con sangre la primera página de la independencia.

Cuando se le pregunta al Director del museo cuál fue la mayor virtud de Céspedes, no duda ni un instante:

«La decisión: esa tremenda osadía de tomar las armas contra España, el poderoso imperio que lo superaba en efectivos militares y pertrechos de guerra; y mantenerse firme a pesar de las dificultades. Porque la contienda de 1868 también fue para los mambises una batalla contra las vicisitudes, el hambre, la escasez de armas, ropa, medicinas; evidentemente, el Padre de la Patria tuvo un corazón y un temple de acero» .

Esa decisión y audacia, tuvieron un precio. Lo sabemos bien. Depuesto injustamente por la Cámara de Representantes en 1873, privado de la escolta que le correspondía, Céspedes cayó en la emboscada del Batallón de Cazadores de San Quintín en la mañana del 27 de febrero de 1874.

Se defendió solo, con un revólver, contra siete soldados. Tenía 54 años. Su cuerpo fue llevado a Santiago y enterrado en una fosa común, sin nombre, sin lápida .

Para Javier Vega Leyva, la clave para mantener vivo a Céspedes es despojarlo del pedestal y acercarlo al pueblo.

«Hay que recordarlo vivo —insiste—, no desde ese monumento, ubicado en el centro de la Plaza de la Revolución, sino con sus virtudes, cualidades y esencias, el hombre cardinal, hecho de la madera de los libertadores, que abandonó sus riquezas para dedicarse a la causa independentista».

Ese es el abrazo de un pueblo a su padre. Es la certeza de que Céspedes persiste recordándonos que el 10 de octubre tiene el número uno entre las muy abundantes páginas de gloria de la historia de Cuba.

Y es que en Bayamo está presente el «hombre de mármol» que, parafraseando a Martí, sigue andando.

 

 

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