Hace más de tres décadas Lázara Porras Márquez comenzó a trabajar en una granja de pollos, con solo 17 años de edad. ¿Qué no sabrá de gallinas, huevos, agonías por falta de alimento, naves en malas condiciones y despertares en la producción?.

Ella es una de las voces autorizadas en el Colectivo Laboral José Antonio Labrador, perteneciente a la Empresa Avícola (Aviart), ubicado a unos pocos kilómetros del centro de la ciudad cabecera de Artemisa,
Ya ni espera que el reloj marque su despertar. Vive cerca y es de las primeras en llegar sin importar la lluvia, la frialdad o cualquier novedad del clima. Recibe su nave y acto seguido va a los procederes diarios.
“Ellas, me refiero a mis gallinas, están esperando por mí. Recibo la nave de manos del custodio, activo las cajuelas de pie y manos para la desinfección a favor de la bioseguridad a la entrada y salida de la nave. Distribuyo el pienso, reviso la mortalidad, lo cual es mínimo en toda la granja y es parte del sistema de pago como estímulo al buen manejo con el ave”, acota.
“Recojo los huevos fríos, como le llamamos a la puesta de la noche-madrugada y quizás amanecer”, comenta con suficiente maestría. Entretanto, aborda como moraleja el horario del pico de puesta. “Cerca de las 11 y 12 del día aprovechan la luz natural”, detalla.
“La clasificación de los huevos es otro de los procederes diarios. Sanos, sucios o cascados van a diferentes files”, explica con la naturalidad de quien puede discernir entre unos y otros con los ojos cerrados, así como el resto de la veintena de mujeres que, como ella, asumen las naves en producción.
Fortalezas de un Colectivo
Hace solo unos meses nada era así. El silencio molestaba. Ni un cacareo daba signos de vida. La unidad había terminado su vida productiva e iniciado el proceso de habilitación sanitaria, etapa de reposo o periodo vacío.
“El proceder que debíamos encargar a una brigada sanitaria, es decir sacar toda la excreta, fregar, aplicar productos para desinfectar, fue asumido por los mismos trabajadores, de manera tal que no quedamos interruptos durante esos meses”, aseguró Reinier Sánchez Suárez, quien fuera jefe de producción y desde agosto se desempeña como director del colectivo.

“Recuperamos diez naves y tenemos nueve activas con más de 85 mil aves. En julio de 2025 empezamos a recibir los animales. Habilitamos las que fueran responsabilidad de las granjeras de mayor experiencia en función de lograr estabilidad en el tratamiento a las gallinas, algunas en etapa de adaptación y otras de producción”, explica Sánchez Suárez.
“Promediamos el mes anterior unos 20 mil huevos diarios. Siempre con la mira puesta en las aves que podamos incorporar paulatinamente a ponedoras para alimentarlas con otra categoría de pienso, no solo por más eficiencia sino para crecer en volumen, es decir en huevos, prioridad de la empresa”, explica el directivo.
Alternativas que suman
¡Pienso! Quizás la palabra líder para poder potenciar un alimento de los más codiciados en la mesa de los cubanos, y que se ha sostenido en el valor de 3 mil pesos, al menos en Artemisa, mediante la oferta de actores económicos no estatales.
¿Cómo logran mantener el abastecimiento del indispensable alimento de las aves? Responde Efrén Naranjo Rodríguez, director de Aviarte, que “esta entidad comercializa sus producciones con el turismo, en moneda libremente convertible e importa el pienso necesario para cada etapa”.

“Es una estrategia productiva en medio de la asfixia económica que ha garantizado la vitalidad de la fuerza de trabajo, la activación de granjas avícolas, el crecimiento del salario básico y la estabilidad en la producción.
“Otras tres granjas, Alianza Obrero Campesina, Tomás Orlando Díaz y Venezuela Libre, también laboran con esa alternativa de pienso importado, que acelera la producción y la eficiencia.
“Nos favorece la posibilidad de comercializar directamente con hoteles habaneros y artemiseños, además, llegamos a tiendas con venta en moneda libremente convertible; aunque, es importante mencionar que hay otros encargos sociales nunca menos significativos que a nivel de empresa, cumplimos celosamente, sobre todo con instituciones de Salud Pública y Educación”, amplía.
“Para nosotros la gallina es el laboratorio. Cuando consume pienso importado de República Dominicana, por ejemplo, al cuarto día ya da una respuesta positiva en la producción de huevos. En nuestra experiencia, ese cuenta con todos los nutrientes, los valores que debe tener un pienso. Quién dice si es alimento es bueno o malo es el ave”, insiste el propio director del colectivo laboral.
Más que huevos
Hay otro camino que también motiva al colectivo de la granja artemiseña, y así nos lo explica Eugenio Pérez Soto, uno de los obreros, machete en mano.

Él se dirige a unos surcos de plantaciones de plátano que ahora campean con salud entre nave y nave. Esperan por este tallo para hacer chicharritas para el almuerzo de los trabajadores”, dice con el orgullo de quien aporta también con las manos en la tierra.
“Antes no era así. Un día nos convocaron a aprovechar todas nuestras capacidades. Ahora tenemos sembrado frijoles, tomate, yuca, ajíes pimiento y cachucha, calabaza, plátano, pepino…
“Una pequeña brigada, de solo dos trabajadores, que nos apoyan otros obreros de hacernos falta, nos dedicamos a habilitar la tierra entre naves, en las cuales no se entra a despachar el pienso.

“También nos ocupamos de un área ociosa de la entidad que ya preparamos para sembrar maíz. Todo lo producido acá mejora con creces la alimentación en el comedor obrero, pero también se comercializa con precios muy aceptados”, dice.
Quizás, sencillo de explicar, pero muchísima voluntad hay detrás de los 20 mil huevos diarios y toda esa labor agrícola. La moraleja está en no desistir.
De salarios básicos inferiores a los 3 mil pesos, acá la nómina visualiza 7 mil como promedio, además, quienes están directos a las naves, triplican ese valor mensualmente, concluye Yailemis Puentes Crespo, jefa de Producción.
Siempre que sea constante el movimiento y el cacareo en una granja avícola, todo es ganancia. Ya eso lo comprobó este colectivo y no hay vuelta atrás. De esa persistencia también dependen la economía de Aviarte y la familiar.

Acerca del autor
Desde 2005 el periodismo me abre las puertas en Radio Artemisa, con la posibilidad de reorientar mi carrera al cursar estudios en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Soy licenciada en Educación, en la especialidad de Defectología, y ya había cumplido varias tareas, incluso en la Unión de Jóvenes Comunistas.
Los resultados en el medio radial me condujeron a que, en 2011, al crearse la provincia de Artemisa, ocupara la responsabilidad de Corresponsal Jefa de la Agencia de Información Nacional, nombrada poco después Agencia Cubana de Noticias.
En ese mismo tiempo, alternaba como parte del ejecutivo de la Unión de Periodistas de Cuba, en el territorio, y posteriormente me desempeñé como su Presidenta; hasta que, en agosto de 2014 la dirección del Partido me designó directora del su Órgano Oficial, el periódico El Artemiseño, labor que continúo desempeñando.
Las funciones de dirección siguen aportando a la pasión por el periodismo, de ahí que mantenga publicaciones del acontecer de mi provincia en mi órgano de prensa Artemiseño, y en medios nacionales de comunicación, con mayor estabilidad, y representando tanto de compromiso como de orgullo, en el periódico Trabajadores.

