En un proceso electoral de pocas sorpresas, Laura Fernández Delgado, de 39 años y politóloga de profesión, resultó electa presidenta de la República de Costa Rica tras ganar con 48,3 % de los votos en primera ronda las elecciones generales del 1 de febrero de 2026.

Según el recuento oficial difundido por el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), esta es la primera vez, desde el 2014, que la nación evita el balotaje, lo que subraya la contundencia de la fuerza política articulada por Fernández Delgado.
Nacida el 4 de julio de 1986 en Puntarenas y graduada en Ciencias Políticas con especialización en políticas públicas y gobernabilidad democrática por la Universidad de Costa Rica, la mandataria electa desempeñó un rol esencial en la administración del presidente saliente Rodrigo Chaves Robles. En su trayectoria destacan desempeños como ministra de Planificación Nacional y Política Económica y como ministra de la Presidencia, cargos que sin dudas le permitieron ganar experiencia en la gestión del Estado.
El Partido Pueblo Soberano (PPSO), al que también se le asocia con el movimiento político de derecha denominado “rodriguismo”, obtuvo además mayoría simple en la Asamblea Legislativa con 31 de 57 escaños, consolidando así un escenario de gobernabilidad que no se veía desde 1990. Esta primacía parlamentaria permitirá impulsar gran parte de la agenda gubernamental prevista, no así reformas constitucionales más profundas.
La campaña de Fernández se centró en la seguridad pública, tema devenido reclamo social debido al incremento de la violencia vinculada al narcotráfico y la delincuencia organizada. Según declaraciones a la prensa de Michael Soto, director del Organismo de Investigación Judicial, la nación costarricense, que durante décadas fue una de las más seguras del continente, pasó de ser un lugar de tránsito del narcotráfico a convertirse en centro logístico y de exportación de drogas hacia Estados Unidos y Europa.
Durante el gobierno de Chaves, los homicidios alcanzaron un pico histórico de 17 por cada 100 mil habitantes, de lo cual responsabilizó al poder judicial por “no endurecer las medidas contra los criminales”. Ello explica que la nueva presidenta basara gran parte de su campaña en un enfoque de “cero tolerancia” al crimen, con penas más severas, la declaración de estados de emergencia en zonas críticas y la construcción de una penitenciaría de alta seguridad, inspirada en modelos aplicados en países vecinos.
El plan de gobierno, denominado Más oportunidades y un mismo rumbo, propone mantener estabilidad macroeconómica —a través de disciplina fiscal y control de la inflación— al tiempo que promueve inversiones en salud, educación y empleo, especialmente fuera de la zona central urbana. Asimismo, ha planteado la modernización del Estado mediante la digitalización y la simplificación de trámites, así como el fortalecimiento de mecanismos contra la corrupción.
Aunque el enfoque fue bien recibido por una parte significativa del electorado, la oposición y observadores internacionales han alertado sobre riesgos “al modelo democrático”. Sectores críticos han señalado que algunas propuestas podrían erosionar el equilibrio entre poderes y debilitar garantías civiles, debate instalado ya en la agenda pública costarricense.
Otros también miran con preocupación el mensaje aprobatorio inmediato emitido desde Washington por el Secretario de Estado Marco Rubio: “Bajo su liderazgo, confiamos en que Costa Rica seguirá avanzando en las prioridades compartidas, entre ellas, combatir el narcotráfico, poner fin a la inmigración ilegal hacia Estados Unidos, promover la ciberseguridad y las telecomunicaciones seguras y fortalecer los lazos económicos”, dijo.
En materia de política exterior, Costa Rica ha sido defensora del multilateralismo y del uso de la diplomacia en la solución de conflictos. Especialistas auguran que esa postura podría cambiar en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas globales y de renovación de liderazgos regionales. No obstante, se espera que la defensa de la soberanía nacional, un principio inscrito en la Constitución costarricense desde la abolición del ejército en 1948, permanezca como eje de la diplomacia sin renunciar al pragmatismo que caracteriza sus vínculos con las grandes potencias mundiales.
La jornada electoral contó con la participación del 66 % del padrón, estadística que refleja a un electorado movilizado y con expectativas en torno a la urgencia de cambios en seguridad, eficiencia estatal e igualdad de oportunidades.
Laura Fernández Delgado asumirá el venidero 8 de mayo del 2026. Será la segunda presidenta en la historia republicana y dará inicio a un nuevo ciclo de cuatro años de desafíos sin precedentes.


