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La manía de los morosos

En la provincia de Ciego de Ávila, un campesino conocido por el buena gente, acostumbra a dar y no recibir en tiempo el pago por concepto de venta de alimentos sacados con sacrifico de las entrañas de la tierra eminentemente agrícola.

 

Tanto esfuerzo y aportes de los campesinos frente a las carencias no es recompensado con un pago a tiempo que incentive el incremento de las producciones. Foto: José Luis Martínez Alejo

 

Hace un tiempo le pidieron un nuevo aporte para la feria agropecuaria. Él entregó varios quintales de arroz. La venta a la población fue a precio asequible. Quien vendió recogió el dinero. El productor espera aún como un milagro para extraer su parte de la agencia bancaria.

Después le solicitaron otra contribución, pero de frijoles, y los granos no llegaron a la mesa transformados en congrí ni potaje. Tal vez porque al guajiro se le agotó la paciencia por retribuciones pendientes y se cansó de aportar el extra, a pesar de cumplir siempre los planes de venta al Estado.

Las deudas son como jugadas de engaño. Por ejemplo, un año cumplirá en marzo próximo lo que le deben a ese agricultor por los quintales de maíz que entregó. Arroz, frijoles, leche y carne de ganado vacuno se incluyen también en el paquete de los tradicionales impagos.

No es la primera vez que Trabajadores publica este tipo de caso, porque el volumen del endeudamiento no está en la bóveda de ningún banco, ni en el programa de la soberanía alimentaria ni en las proyecciones para que el municipio deje de ser un eslabón pasivo y se convierta en el protagonista de su propio desarrollo.

Además, los especialistas consideran que el enclave municipal debe ser el terreno de batalla para enfrentar los principales problemas que aquejan al pueblo y este pueda palpar soluciones concretas en la gestión gubernamental.

A propósito de la prioridad, retomo algunas cifras y consideraciones sobre el papel estratégico de la provincia de Ciego de Ávila en la producción de alimentos. Con casi 35 mil hectáreas dedicadas a viandas, hortalizas, granos y frutales solo en el sector agrícola, sus tierras son un bastión para la seguridad alimentaria de los avileños y de los habitantes de otros territorios.

Además, su posición geográfica, en el centro del país, constituye una ventaja logística clave para la distribución de los alimentos. Tal convergencia de ubicación, recurso tierra y capital humano, convierte al territorio en un pilar imprescindible, con la premisa de que el desarrollo endógeno es la base más segura para la sostenibilidad del país.

Dada la importancia del asunto, vuelvo a los inicios de este comentario porque ese enclave de personas tan laboriosas como el nombrado el buena gente, tiene grandes desafíos en el empeño por reconquistar las fortalezas de su plantel industrial, ya que no es una potencia a escala provincial en la actividad agropecuaria; no obstante, allí el sector cooperativo y campesino representa casi el 70 por ciento de la gestión agroproductiva.

Sin embargo, cuando se intenta potenciar transformaciones a nivel de municipio, sobre todo en la esfera de la alimentación, engorda una impune cadena, violadora del sistema de cobros y pagos que representa un grave problema económico para el acreedor (a quien se le debe dinero), mientras el deudor (el obligado a pagar) presenta una falsa solvencia que le permite trabajar económicamente con facilidad.

Para que se tenga una idea, en el avileño municipio de Ciro Redondo una deuda a seis entidades superó los 22 millones de pesos y el promedio a solo cuatro productores ascendió a 5 millones 325 mil, endeudamiento retardado en no pocos casos.

Allí a las que más le deben es a las cooperativas de créditos y servicios Nguyen Van Troi, Felipe Navarro y José Luis Tassende, mientras que la mayor incumplidora con los pagos a los acreedores es la entidad conocida como el matadero del municipio de Morón, con el 21.1 por ciento del total de la deuda.

Tampoco escapa a la manía de los morosos la mediana empresa Carnes D’Tres, colectivo Vanguardia Nacional, perteneciente al sector privado, que realizó ventas hace dos años a empresas estatales y estas no honran sus compromisos de pago.

Hoy, por obra y gracia a esos actores no estatales, hay un modo de subsistencia en esta época de la inflación, del sexagenario cerco devenido asedio energético por el gobierno yanqui y, por qué no, mencionar el bloqueo interno recrudecido por acaparadores y oportunistas que alteran las tarifas o mueven la ficha de costo o a su antojo y le trancan más el dominó al vulnerable.

Por supuesto, este no es el momento para reanimarse de sopetón en medio de un desabastecimiento agudo de combustibles, lubricantes, energía eléctrica y otros recursos indispensables para sustentar la vitalidad de las actividades básicas.

Aunque hay cuestiones que no dependen de turbogeneradores, cosechadoras, tractores, yuntas de bueyes y paquetes tecnológicos para potenciar la autonomía municipal.

Sí es incuestionable que cuando las leyes económicas se violan, con el pleno conocimiento de los que intervienen en sus procesos, fracasan la gestión económico-financiera y las responsabilidades para con el Estado y la sociedad. ¿Así puede ser municipalizada, como se desea, la gestión integral desde lo local, para asegurar el futuro socioeconómico de la nación?

No dudo de que el cambio sería para bien si lograran ir quitándole eslabones a la larga, pesada y vieja cadena de las deudas, por citar un ejemplo. Porque, a pesar de que los productores muestran síntomas de agotamiento de la paciencia al seguir tropezando con las mismas “piedras”, no se cansan de tumbar marabú, surcar, sembrar y hacer parir la tierra.

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