Las nuevas agresiones de EE.UU. contra Cuba lejos de conseguir asfixiar a la isla caribeña la están haciendo más soberana económicamente, y en todas las esferas de la sociedad.

Si bien es cierto que la mayor de las Antillas sufre el castigo colectivo inhumano que Washington le impone desde hace casi siete décadas, arreciado actualmente con un bloqueo petrolero, es una verdad indiscutible que sus autoridades y pueblo buscan alternativas con iniciativas propias con el objetivo de continuar resistiendo y desarrollarse al mismo tiempo.
Para paliar la compleja situación energética causada por la escasez del llamado oro negro, el decano archipiélago del Caribe utiliza el de su producción nacional, al tiempo que materializa un inmenso programa de instalaciones de parques fotovoltaicos y paneles solares a lo largo y ancho de su territorio, y pone en marcha otros que generan electricidad.
Esa determinación ha impedido la paralización del país, contrario a lo que vociferan los enemigos que mienten a diario con la frustrada clara intención de demostrar que Cuba es un Estado fallido.
Las iniciativas para enfrentar el cerco intensificado, tras la llegada a la Casa Blanca del mandatario, Donald Trump, se extienden por todos los sectores de la sociedad, desde la producción de alimentos, la salud, las ciencias, el transporte, la cultura y el deporte, entre otros.
El líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, insistió siempre en que no hay problema sin solución, de lo que se trata es de buscar alternativas, y reiteró que los revolucionarios son por naturaleza optimistas y soñadores.
En otras de sus intervenciones, subrayó también que nada ni nadie podrá destruir a su pueblo porque su fuerza tiene como cimientos su conciencia revolucionaria, su generosidad extraordinaria, su magnífica condición humana, su entusiasmo y su carácter.
Sus compatriotas aprendieron muy bien de las ideas y firmeza de Fidel, y ello lo han demostrado desde el 1 de enero de 1959, cuando EE.UU. inició y persiste hasta hoy en su perverso asedio a la isla.
Olvida la administración Trump y sus secuaces, como el narcoterrorista secretario de Estado, Marco Rubio, que la mayor de las Antillas tiene un abultado expediente de resistencia y victorias frente a las agresiones constantes de su poderoso vecino cercano.
Recientemente el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, señaló con buen tino que la grave crisis que enfrenta la nación latinoamericana, provocada por el bloqueo de Washington, es una oportunidad para conseguir en el futuro depender menos de las importaciones y ganar más soberanía.
En el año del centenario de Fidel, este 2026, es bueno recordarles otra vez a los gobernantes de la Casa Blanca lo expresado por el eterno comandante en jefe de la isla en otro de sus tantos discursos: incluso si EE.UU. llegara a ocuparnos, tendrá que enfrentarse a una muy larga guerra.
Más claro que el agua, Cuba está decidida a defender su independencia y autodeterminación al precio que sea necesario, y para ello cuenta además con la solidaridad de millones de personas en el mundo.
Los augurios no son nada halagüeños para Washington. Los tiros volverán a salirle por la culata si insiste en su fracasada política hostil hacia La Habana.



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