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Gallardía

Cuba jamás ha pedido nada a cambio de su solidaridad. Y en América, África, Asia y hasta en Europa hemos dejado una impronta de hermandad con nuestros médicos, educadores, entrenadores, constructores y una larga lista de profesiones u oficios, cultivada por el proceso revolucionario que hoy, a sus 67 años, vive entre peligros reales de una agresión y el bloqueo de combustible más recio que haya impuesto el Gobierno estadouni­dense a una nación.

Sin embargo, la mejor reacción a tamaña barbaridad económica ha llegado desde los amigos sin­ceros, quienes no se destiñen ante el imperio, aunque los ten­gan a solo metros y la presión alcance a empresas y entidades gubernamentales.

México y su presidenta Clau­dia Sheinbaum han vuelto a ser consecuentes con aquella deci­sión en la década de los sesen­ta del siglo pasado, cuando no dejaron solo al pueblo cubano y mantuvieron relaciones diplo­máticas que otros países rom­pieron por la bota yanqui. Su ayuda material de estas últimas semanas nos recuerda la valen­tía y arrojo de los indomables.

Sindicatos de Francia, Pana­má, Brasil, República Dominica­na, Gran Bretaña, entre otros, junto a amigos y organizaciones gremiales de todo el mundo, incluido los propios Estados Uni­dos, no solo están condenando con palabras y declaraciones la medida arbitraria tomada por Trump, sino que ya se agrupan y piensan en aportes concretos, tal y como ha trascendido en las redes sociales y encuentros vir­tuales.

Y ese movimiento mundial de apoyo a la sobrevivencia del pro­ceso revolucionario se estrella contra la guerra mediática y las campañas de horas y días que dicen le queda a nuestra socie­dad fidelista y gallarda, que no le gusta que la amenacen, que no sabe de rendiciones y que nunca dejará de agradecer todo lo que se hace hoy por ella.

El sol de estos tiempos sale acompañado de muchos ami­gos. Recibimos con un abrazo toda esa solidaridad, tal y como la dimos y seguiremos dando siempre.

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