Alden Knight: la partida de un ícono

Alden Knight: la partida de un ícono

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El 10 de febrero último conocí de la partida física de un amigo excepcional, Alden Knight, uno de los rostros más significativos de la cultura y el espectáculo, símbolo de cubanía. Nacido el 15 de agosto de 1936 en el municipio de Florida, Camagüey, fue un polifacético artista cuyas contribuciones al teatro, la televisión, la radio, el cine y el cabaret lo convirtieron en una figura emblemática de la identidad nacional. Su vida estuvo marcada por la pasión por el arte y un compromiso inquebrantable con la cultura de su país, legado que deja a las futuras generaciones.

 

Alden Knight, uno de los rostros más significativos de la cultura y el espectáculo, símbolo de cubanía. Foto Cubadebate

 

Desde sus humildes orígenes como hijo de inmigrantes caribeños, Alden se destacó por su carisma y su entrega al aprendizaje y la enseñanza del arte dramático. Su formación y carrera artística son testimonio de su dedicación. Se graduó con honores en el Instituto Superior de Arte, donde se cultivó su amor por la interpretación y el escenario. A lo largo de su trayectoria, participó en más de un centenar de obras teatrales y programas radiales, logrando un impacto profundo en la visión artística de su país. Entre sus defensas y compromisos ineludibles estuvo el dar valor a la imagen afrocubana por encima de rancios prejuicios y la colonización cultural.

Alden Knight, se autocalificaba como un ser “espontáneo” 

Uno de los aspectos más llamativos de Alden Knight, quien se autocalificaba como un ser “espontáneo”,  fue su capacidad de conectar con la audiencia. Su presencia en el escenario era inigualable, y cada actuación suya era un viaje emocional que resonaba no solo en quienes lo observaban, sino también en quienes tenían la fortuna de compartir con él su visión del arte. Como declamador, su irrepetible voz  poseía un ritmo que cautivaba; como presentador, su carisma conquistaba a los televidentes; y como profesor de actuación en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), formó a numerosas generaciones de artistas, convirtiéndose en un mentor y guía para muchos.

Recibió a lo largo de su carrera innumerables premios que reconocen no solo su talento actoral, sino también su contribución a la cultura cubana. Entre estos, destacan el Premio Alejo Carpentier, el Premio Nacional de la Televisión Cubana y el prestigioso Premio Caricatos para niños, galardón que reflejaba su dedicación a los más jóvenes y su deseo de fomentar el amor por el arte desde la infancia. Estos reconocimientos no son meros trofeos; son un testimonio de su incansable labor en defensa de una identidad cultural rica y diversa.

El arte como vehículo para la transformación social y cultural

Sus más de 60 años de vida artística fueron un constante llamado a la reflexión sobre el papel del arte en la sociedad. No se limitaba a actuar; se involucraba activamente en debates culturales, participando en congresos y asambleas, donde abogaba por la mejora continua de las artes en Cuba. Para él, el arte no solo era una forma de expresión, sino un vehículo para la transformación social y cultural, capaz de abordar problemáticas contemporáneas y generar conciencia sobre la identidad cubana.

Su plena identificación con la Revolución Cubana trascendió en muchas de sus declamaciones e improvisaciones. Consideraba que “la Revolución Cubana ha sido la obra liberadora de amarres. Nosotros hemos sido seis hermanos, de madre y padre, y dos por parte de padre. Uno económico, una profesora, dos ingenieros, un médico y un artista. De nuestros hijos, nietos y bisnietos, seis son médicos, una anestesista, dos periodistas y un locutor, otros son economistas, ingenieros …. Entonces ¿Qué te puedo decir del significado de la Revolución para nuestra familia?”, tal me expresó en una entrevista publicada el 13 de diciembre d e 2020 en el periódico Trabajadores bajo el título  de Alden Knight: “…he cumplido con mi gente”.

 

 

Durante una de sus actuaciones en el periódico Trabajadores. Foto: Isabel Aguilera

 

En esa ocasión evocó sus años de niñez y adolescencia cuando, luego de que su familia se trasladara a residir en la ciudad de Guantánamo, “ingresé a los Boy Scouts, donde había que hacer de todo: campamentos, señales con banderas, nudos marineros… además de mostrarse como artista. A mí me gustaba cantar, pero un día descubrí un poema de Paquita Bouquet titulado No quiero ser general, que gustó tanto cuando lo dije, que me llevaron a la CMKS Radio Savón. Gané en el concurso y me dejaron fijo (sin sueldo) en la emisora.

“Guantánamo ؅me conoció y me aceptó”

“Guantánamo ؅—agregó— me conoció y me aceptó. Ya no sería otra cosa que actuante escénico. Y gracias a esa acogida del pueblo guantanamero, pude hacer un show para competir en La Habana, ciudad en la que la señora Carmen Brown, amiga de mi familia, con sus cuatro hijos, de 15 a 8 años, me dio cobija. Era su hijo más grande, el que le nació más tarde”.

En la capital, el joven Alden ganó premio en el programa de la CMQ TV de José Antonio Alonso y “como no tenía cara para seguir agregado sin pagar un centavo en la casa de Carmen, me fui  a vivir en el sótano-crematorio del Hospital América Arias, donde por el  techo y la comida, junto con otros veinte jóvenes, hacíamos trabajos de jardinería, pinches de cocina, limpia pisos…, en tanto yo continuaba mi desempeño en la CMQ en la que, con figuras de la época, actuaba en varios espacios, como El álbum philip y El miércoles musical Conchita, en los que había que aclarar que yo era una ´estrella naciente´ del programa de José Antonio Alonso”, recordaba.

 

Para Alden fue “muy importante actuar junto a Asenneh Rodríguez”

Este prolífico creador de las artes escénicas recordaba que en su carrera artística fue “muy importante actuar junto a Asenneh Rodríguez, en un dueto sui generis para la época, donde además tenía un dúo con Olga Gómez, una bella bailarina. Hasta que nos hicimos profesionales. Y en eso llegó Fidel.  Y nos dieron salario, pero continué en la CMQ donde me siguieron dando trabajo como actor de la poesía…, decían que lo mío no era declamar, sino actuar”.

 

Para Alden fue “muy importante actuar junto a Asenneh Rodríguez”. Foto: La Jiribilla

 

El asimismo Acreedor de la Distinción por la Cultura Nacional, en aquella extensa entrevista realizada en su modesto y cálida vivienda en el barriada del Vedado capitalino, me narró algunas de sus experiencias “favorables y desfavorables”, entre las que recordó con placer sus “muchos personajes —alrededor de 15— en la obra Sizwe Banzi ha muerto (década de los ochenta), con Idelfonso Tamayo y dirigida por Roberto Garriga, uno de los grandes directores de la pequeña pantalla cubana; así como mi actuación en el estreno de la obra Mefistófeles, con el Teatro Musical. En esta última, fue tanta la alegría y la algarabía que, al día siguiente, en escena, quedé sin voz, y…  no pude volver a hacerla.

“Igualmente —dijo— recuerdo con agrado mis premios en Venecia, Bielorus y Puerto Rico, con Verónica Lynn, en el film Candelaria. Como locutor me viene a la mente la entrevista con Eusebio Leal en sus inicios como historiador de La Habana, oportunidad en que me llamó la atención su sorprendente control del tiempo, sin mirar reloj”.

Se refirió, además, a los “programas radiales Fiesta en el Aire, con orquestas populares y la Revista del Domingo en TV, donde cada semana estrenaba un poema. Como actor-declamador es inolvidable mi experiencia en Angola, con Asenneh, donde nos chiflaron tanto que pensamos que era una desaprobación; y no, era reclamo para que regresáramos; mientras que en Santiago de Compostela nos ovacionaron para un reprís. Como narrador oral mi mejor momento fue en Barcelona, cantando Ven aquí Bola de Nieve; y como director, la gala por el 26 de Julio en Isla de la Juventud”.

“He tenido la oportunidad de hacer lo que más me gusta y para lo que tengo capacidad”

Alden hablaba con entusiasmo y orgullo de su compañera en la vida: “Desde 1962 tengo un matrimonio de amor, respeto, armonía y estabilidad. Hemos tenido tres hijos, una nieta y un bisnieto. Poseo amigos por doquier, y algún que otro que no. Vivo feliz en mi tierra. Amo esta isla y, como dice la popular canción de Pablo Milanés, ‘Que me perdonen los muertos de mi Felicidad’. No podemos negar que hay dificultades y equivocaciones, pero en la balanza, los aciertos superan los desaciertos. He tenido la oportunidad de hacer lo que más me gusta y para lo que tengo capacidad. No todo se ha logrado, pues no todos halamos parejo; pues, como dice el poema de Guillén, ‘la rueda dentada con un diente roto/ si empieza una vuelta se detiene a poco’. Y hay dientes rotos entre nosotros, que no dejan que la sociedad avance armónicamente”.

 

Sus experiencias con Fidel

Sobre las múltiples ocasiones en que actuó en actividades que contaron con la presencia del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, y pudo dialogar con él, enfatizó: “esas son cosas personales de las cuales no me gusta hablar,  por razones que se entienden… pero, bueno, puedo decirte que cuando las campañas de liberación del niño Elián González o de los cinco hermanos prisioneros en Estados Unidos por luchar contra el terrorismo (Batalla de ideas), los artistas nos reuníamos con Fidel hasta altas horas de la madrugada. En una ocasión un actor perdió la voz, Fidel se reunió con él y luego el actor salió con toda su voz. Entonces el Comandante dijo: ‘eso me pasó a mí una vez y Raúl me relevó por unos minutos, ¿recuerdan?’”.

“En cuanto a lo personal —añadió— te digo que confiaba en mí al punto de decirme en una de esas reuniones:’tú sabes lo que tienes que hacer, con la poesía’. Recuerdo que en Mangos de Baraguá me dijo ‘¿Qué te pasó hoy, que no estuviste bien?’. Y pensé que nunca más me llamarían; pero no, en una posterior actividad me dijo: ‘tú tienes que cerrar con el Tengo, de Nicolás Guillén’. Él decía no saber de espectáculos, pero te digo que sí conocía del equilibrio de un espectáculo”.

Knight encomió la formación de los jóvenes actores, “los que llegaron después que nosotros. Ellos están mejor preparados académicamente, tienen las armas que no tuvimos y que fuimos adquiriendo gracias a cursos impartidos sobre la marcha. A ellos les digo que no se aparten de lo aprendido, que le aporten al trabajo todo el tiempo requerido, con amor de aficionados, y rigor profesional”.

“Estoy satisfecho, porque he cumplido con mi gente”

El carismático artista expresb que se sentía complacido por el conjunto de su obra. “Estoy satisfecho, porque he cumplido con mi gente. También me he equivocado, he cometido errores, perdónenme. Hay que pedir perdón, rectificar y ayudar. Estoy satisfecho, porque, sin mucha experiencia di a la escuela para la formación de actores del ICRT, lo que me habían enseñado. Y logramos artistas mejores que nosotros, que entregan su talento a la radio, la pantalla y la escena, con amor, calidad y disciplina.  Cuanto lamento no haber estado en el ISA, como me pedía Neyda, mi esposa; pero mi compromiso, entonces, era actuar. Hoy, y siempre, los jóvenes me enseñan mucho, con ellos sigo aprendiendo.

Alden Knight también formo parte de numerosas brigadas artísticas que actuaron en los más intrincados territorios de la geografía nacional. Viajó  a España, las antiguas República Democrática Alemana (RDA) y República Federal Alemana (RFA), Guyana, México, Barbados, Francia, Gran Bretaña, Angola, Nicaragua, Jamaica, Holanda, Bélgica y Venezuela. Fundó el grupo teatral Tacya e incursionó en el teatro musical, donde escribió su primera canción, titulada Amor en Trinidad.

Asimismo trabajó en filmes como Lejos de África (1996); Una Mujer, un hombre, una ciudad (1978); El otro Francisco (1975); El Bautizo (1968); y El otro Cristóbal (1963). Entre sus inquietudes artísticas está también la literatura, sobre todo en el género lírico. Grabó un primer disco de poemas y calipsos con la firma Maype. En la década de los 70 del pasado siglo realizó un valioso trabajo con la obra del Poeta Nacional, Nicolás Guillén, junto a la actriz Asenneh Rodríguez, proyecto con el que recorrieron la Isla y se presentaron en radio, televisión y finalmente en el Teatro Auditorium Amadeo Roldán, de la capital.

Desde 1986 trabajó en uno de los programas más destacados de la emisora Radio Taíno, Hablando de Cuba, primero con Hilda Saavedra y más tarde con la actriz Obelia Blanco. Posee además la Medalla Nicolás Guillén, el Escudo de la Ciudad de Sancti Spíritus, el Espejo de Paciencia, de Camagüey, y la Réplica del Machete de Máximo Gómez.

 

Desde 1986 trabajó en uno de los programas más destacados de la emisora Radio Taíno, Hablando de Cuba, primero con Hilda Saavedra y más tarde con la actriz Obelia Blanco. Foto Cubarte

 

Un vacío en el mundo del espectáculo

La noticia de su fallecimiento ha dejado un vacío en el mundo del espectáculo en Cuba. Muchos amigos, colegas, estudiantes y admiradores han compartido anécdotas entrañables que rememoran la esencia vibrante de Alden. Su bondad, integridad y espíritu colaborativo fueron cualidades que muchos apreciaron y recordarán siempre. Las redes sociales se inundaron de mensajes de condolencias y tributos que celebran su vida y obra; artistas de distintas generaciones expresaron su pesar y lloraron la pérdida de un gran maestro y amigo.

Aunque la ausencia de Alden se siente profundamente, su legado perdura. Los cimientos que construyó en la cultura cubana serán un faro que guiará a futuros artistas. En sus enseñanzas y en su arte, se encuentra la esencia de un verdadero defensor de la identidad nacional. La historia de Alden Knight es una celebración de la vida, el arte y el amor por Cuba, un testimonio de que aquellos que brillan intensamente nunca realmente se van.

EL Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República de Cuba. Miguel DíazCanel Bermúdez, en su cuenta de X, expresó: “Una voz, un carisma, una profesionalidad, una elegancia, una caballerosidad, una cubanía, un señor actor. Todo eso y más fue Alden Knight.

A medida que el país lamenta la pérdida de este gigante artístico, se recuerda que el arte es inmortal. Alden Knight se convierte en un símbolo de la resistencia cultural cubana, y su legado vivirá en cada actuación, en cada palabra declamada y en cada joven artista que siga la senda que él ayudó a pavimentar. Su vida, llena de pasión y amor por el arte, nos recuerda que, aunque el telón se haya bajado para él, su espíritu y su contribución a la cultura cubana continuarán iluminando el camino hacia el futuro.

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