Contemplé a los dos buques surcando las aguas de la bahía habanera, y fue mirar más que a unos barcos, al gesto de un hermano mayor que nunca ha fallado en los momentos difíciles sin intimidarse por las amenazas del imperio. Por el contrario, la presidenta Claudia Sheinbaum señaló que su país sigue comprometido con Cuba y está previsto un segundo envío de ayuda material.
Bastan algunas pinceladas de la rica historia común para demostrar los lazos de fraternidad y solidaridad que siempre han unido a ambos pueblos. En tiempos de Céspedes, Benito Juárez le ofreció recibir en México a los barcos con la bandera de la estrella solitaria como apoyo a la lucha que en tierra cubana se libraba por la independencia.
Allí llegó el poeta cubano José María Heredia en 1825, quien se convirtió en cercano colaborador del presidente Guadalupe Victoria, promotor de la fundación de la logia secreta Gran Legión del Águila Negra, entre cuyos objetivos, en esa fecha tan temprana, estaba lograr la independencia de Cuba e incorporarla a la nación azteca
Allí llegó José Martí con 22 años, se casó, se identificó con la sociedad mexicana, publicó en la revista Universal bajo el seudónimo de Orestes una vasta obra periodística, y de esa tierra era su gran amigo Manuel Mercado. El Apóstol llegó a decir “si yo no fuera cubano quisiera ser mexicano” y regresó en 1894 a recabar apoyo en el empeño de organizar el reinicio de la guerra de independencia. Su imagen quedó plasmada en el icónico mural de Diego Rivera “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central” junto a un centenar de personajes emblemáticos de la historia mexicana.
Más de 30 cubanos pelearon por la libertad de México y así lo hicieron igualmente por Cuba los hijos de esa nación, algunos de los cuales alcanzaron altos grados en el Ejército Libertador.
México acogió a Julio Antonio Mella, perseguido tenazmente por el tirano Gerardo Machado. Desde su llegada, el joven cubano desarrolló un intenso trabajo político, fue nombrado miembro del comité ejecutivo de la Liga Antimperialista de las Américas, ingresó en el Partido Comunista de ese país, del que llegó a ser miembro de su Comité Central y ocupó de forma interina la secretaría general. En suelo mexicano se encontraba cuando fue asesinado en 1929.
Antonio Guiteras planeaba viajar a México para organizar una expedición libertadora de su patria, idea que la muerte le impidió concretar, pero la retomó Fidel Castro cuando partió a México para preparar la expedición del yate Granma, que salió de Tuxpan rumbo a Cuba en noviembre de 1956.
La Revolución victoriosa de 1959 encontró en esa nación un aliado incondicional. El presidente Lázaro Cárdenas estuvo en Cuba en una celebración del 26 de Julio y cuando Cuba fue expulsada de la Organización de Estados Americanos (OEA) México fue el único país latinoamericano que se opuso y siguió apoyando a la Mayor de las Antillas.
En medio de las intensas presiones de Estados Unidos para evitar que México enviara ayuda a Cuba, nuestro hermano mayor no ha titubeado, ha mantenido los lazos históricos que siempre nos unieron y sostenido en todos los foros internacionales la condena al injusto y criminal bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a la Patria de Martí.
Por eso el barco que surcó la bahía más que una embarcación es un símbolo y un resumen de una solidaridad que no admite imposiciones ni chantajes. Ese buque y los demás que han arribado a costas cubanas y los que seguirán llegando, enriquecen la historia de la cual ambos pueblos y gobiernos están orgullosos.