La muy conocida sábila o Aloe Vera, posee tantas propiedades y es útil para el tratamiento de tantos problemas de salud que en la antigüedad se le consideraba una planta maravillosa, mágica, Los egipcios la llamaban la planta de la inmortalidad, porque puede vivir e incluso florecer sin tierra. Originaria del norte de África, su empleo data de miles de años y simboliza la sanación, la protección y la vitalidad. Otros la llaman la planta de las mil caras.
Y sobre ella existen diversas leyendas: una de ellas cuenta que al ser herido Alejandro Magno por una flecha un sacerdote pudo salvarle tras limpiar y tratar la herida con aceite de Aloe Vera. Lo cierto es que las reinas egipcias Nefertiti y Cleopatra la usaban como parte de sus rutinas de belleza.
Por eso es recomendable tenerla a mano, y es posible cultivarla en casa, porque no requiere muchos cuidados sin embargo es una garantía para la salud, no solo por su utilización en numerosas afecciones, sino porque al ser una excelente purificadora del aire, mejora la calidad de este dentro del hogar.
Los estudiosos de la medicina verde plantean que la Aloe Vera posee más de 200 componentes biológicamente activos beneficiosos para el organismo humano.
Algo muy importante: la planta tiene una gran cantidad de agua y tomar su jugo ayuda a la hidratación, lo que favorece la eliminación de residuos y toxinas, ayuda a regular la temperatura corporal y contribuye a l funcionamiento renal y hepático.
Su gran cantidad de vitaminas, minerales, enzimas y aminoácidos la convierten en un ingrediente fundamental para el cuidado de la piel. Su gel es útil para aliviar los daños que producen en la piel las quemaduras, heridas y puede utilizarse para el acné, suavizar imperfecciones como manchas e inclusive las arrugas, por poseer propiedades que estimulan la producción de colágeno, responsable de mantener la elasticidad de la piel. También ayuda a estimular el crecimiento del cabello y reducir la caspa.
Se puede emplear con buenos resultados para combatir el estreñimiento, el reflujo y la gastritis.
Es capaz de funcionar como antihistamínico y dilatador de los bronquios para aliviar los síntomas de los problemas respiratorios.
Tiene efectos positivos en los niveles de glucosa en los diabéticos tipo dos. Investigaciones apuntan también a sus beneficios en el tratamiento de enfermedades caracterizadas por la inflamación, como las digestivas, el dolor crónico entre otras.
Su contenido de vitamina C le aporta propiedades antiinflamatorias y antioxidantes lo cual protege al sistema inmunológico.
Posee propiedades antibacterianas y antimicrobianas que ayudan a mantener sanos los dientes.
Los especialistas señalan otros de sus beneficios, como son son reducir la presión arterial alta, mejorar la función de los glóbulos blancos, ayudar a la recuperación de la enfermedad, aumentar la absorción de hierro, disminuir el riesgo de enfermedad cardíaca y de gota.
Siempre antes de consumirla debe consultarse al médico para conocer cómo utilizarla, qué parte de ella (su gel transparente o su látex amarillo) y cuándo hacerlo.