El joven y reconocido artista visual cubano Enrique Alfonso Rodríguez labora actualmente en un suntuoso proyecto concebido para el mes de octubre en la galería Casa Carmen Montilla. La exposición, que estará conformada por ocho cuadros (óleo sobre lienzo) de grandes dimensiones, llevará como título Ecos de la Eternidad, y a través de esta el pintor busca resignificar y reinterpretar los arquetipos universales del mundo clásico.

La muestra no solo se ancla en la rica herencia cultural del arte occidental, sino que también plantea un diálogo contemporáneo sobre temas universales como el castigo, la desmesura, el deseo y la redención; a través de obras que engalanarán la prestigiosa institución asociada a la Dirección de Patrimonio Cultural de la Oficina del Historiador de La Habana.
Estos cuadros de Enrique se articulan en torno a la monumental obra de Dante Alighieri, La Divina Comedia, específicamente tomando como referencia sus estructuras simbólicas del Purgatorio, Infierno y Paraíso. Estos tres estados morales propuestos por Dante funcionan como bases narrativas y conceptuales que permiten al artista explorar las complejidades de la condición humana. En este sentido, la obra se convierte en un laboratorio donde se cuestionan las tensiones inherentes entre la culpa y la redención, el deseo y el límite, así como la caída y la trascendencia.
El Purgatorio, como espacio de tránsito y purificación, se presenta aquí no solo como una etapa en el camino hacia la redención, sino también como un estado de reflexión crítica sobre la propia existencia. En su exploración de este territorio simbólico, el artista invita al espectador a considerar su propia experiencia del sufrimiento y la eventual búsqueda de absolución. Las figuras que habitan sus obras pueden ser tanto reales como ficticias, lo que añade una capa de complejidad a la narrativa visual. Esta dualidad permite que el entusiasta creador transforme episodios de la historia y la mitología, adaptándolos a una cosmovisión contemporánea que resuena con las inquietudes actuales.
Por otro lado, el Infierno se aborda como un estado de sufrimiento irreversible, donde las representaciones de dolor y desesperación se convierten en alegorías de la condición humana. Al incluir figuras posteriores a Dante, Enrique abre un campo fértil para la reinterpretación de relatos antiguos a la luz de nuevas problemáticas sociales y personales. Aquí, parece plantear que el sufrimiento no es un destino irrevocable, sino más bien un ámbito desde el cual puede surgir la creación y la redención. Este enfoque, que juega con la idea de reescritura y reconstrucción histórica, permite reflexionar sobre cómo el pasado sigue influyendo en nuestras realidades presentes.
El Paraíso, por su parte, se contempla como un horizonte de plenitud, un espacio idealizado que, sin embargo, está cargado de ambigüedad. La representación de esta utopía alcanza una doble lectura: como una aspiración casi inalcanzable que impulsa al ser humano hacia el crecimiento personal y espiritual, pero también como una construcción social que puede resultar excluyente o ilusoria. Esta tensión se manifiesta en las obras pensadas por el artífice a través de la incorporación de elementos visuales que invitan a la reflexión sobre la ilusión y el anhelo central a la experiencia humana.
“Por ejemplo, en la pieza titulada La última frontera de la realidad (óleo sobre lienzo, 140x170cm), mientras la grey de los que nunca alabaron ni insultaron es perseguida por avispas. Don Quijote, personaje central de la novela Don Quijote de la Mancha, escrita por el español Miguel de Cervantes Saavedra, cabalga entre esos personajes reales o artificiosos posteriores a Dante, convencido de liderar una carga de caballería. Su condena es la ironía suprema: el hombre que más apasionadamente tomó partido por un ideal yace entre los pusilánimes. Su locura no es su castigo, sino su naturaleza; su verdadero sufrimiento es la incapacidad de los demás para reconocer su dignidad de caballero. En él se cuestiona la noción misma del pecado: ¿es peor la indiferencia cobarde que el compromiso delirante?”, asegura Enrique al referirse a esta obra ya terminada.

Uno de los aspectos más interesantes de Ecos de la Eternidad es cómo Alfonso aborda la reinterpretación de estos arquetipos a través de su práctica artística, que se caracteriza por un uso innovador de medios y técnicas. Aquí, el arte no solo actúa como espejo de la cultura, sino como un medio activo que transforma el entorno social y emocional del espectador. Su autor parece reconocer que las narrativas del pasado tienen un peso significativo en la discusión contemporánea, y a partir de esto, busca crear un espacio de diálogo que sea tanto inclusivo como provocativo.
Al incorporar en sus trabajos figuras tanto históricas como míticas, entiende que esta reconfiguración no es simplemente una cuestión de actualización estética, sino un esfuerzo consciente por generar una conversación significativa sobre los miedos, deseos y aspiraciones de la humanidad. Esto se convierte en un aspecto fundamental para la comprensión de su obra: el arte como un medio de resistencia y transformación que invita a la introspección y a la crítica social.
Ecos de la Eternidad, que contará con la curaduría de la historiadora del arte Rosali Izquierdo Amaran y quien suscribe estas líneas, no se limitará a ser una simple exposición; será un lugar de encuentro entre el pasado y el presente, un punto de inflexión que invita a explorar el significado del sufrimiento y la esperanza en un mundo que, a menudo, se siente fracturado y complejo. Mediante su actual proyecto expositivo, este inquieto y exitoso pintor, dibujante, ceramista y escultor nacido en San Miguel del Padrón el 20 de abril de 1989, busca no solo resignificar conceptos fundamentales, sino también proporcionar un espacio para que el espectador explore su propia relación con estos arquetipos universales.
Su propuesta para la galería Casa Carmen Montilla, dirigida por la experimentada Norma Jiménez Iradiz, promete ser un evento significativo en el ámbito artístico contemporáneo. Al conectar su visión única con la poderosa tradición literaria y filosófica de Dante, logrará crear un espacio de reflexión que invita a repensar la humanidad misma. Esta exploración de los ecos del pasado y su resonancia en el presente no solo es relevante, sino esencial para cualquier discurso crítico acerca del arte y su papel en la sociedad actual.
Ecos de la Eternidad se erigirá como un testimonio del poder transformador del arte, capaz de iluminar la oscura red de la experiencia humana y, quizás, guiarnos hacia un camino de redención colectiva. De tal forma, su autor se posiciona como un creador que no teme indagar en las profundidades de la condición humana, y su invitación a todos nosotros es, en su esencia, una llamada a la exploración del alma en su búsqueda interminable de significado y conexión.
Sobre la Galería Carmen Montilla
La Galería o Casa Carmen Montilla, se encuentra ubicada en la calle de los Oficios, número 162, entre Amargura y Teniente Rey en la Habana Vieja, es una institución que cumple la función de galería de arte y estudio particular de la pintora venezolana Carmen Montilla Tinoco, quien falleciera el 21 de octubre de 2004. Durante sus treinta años de trabajo en la Oficina del Historiador de la Ciudad, Norma Jiménez Irádiz siempre ha estado vinculada a este centro aunque haya transitado por varias funciones y responsabilidades, como gestora del patrimonio cultural y curadora de arte.
En una entrevista publicada bajo el título de Gratitud a Carmen Montilla en la Revista Opus Habana, en su número especial por el V centenario de La Habana (enero/octubre 2019,) Normita (como todos la llaman) explicó a la colega Lizzeu Talavera que tiene el privilegio de “continuar al frente de un centro cultural que vi crear desde los escombros en un abandonado solar de La Habana Vieja, cuando en los años 80 del pasado siglo se le entregó a la intelectual venezolana Carmen Montilla. Tras ser inaugurada en 1994, esa Casa o Galería comenzó a funcionar como un sitio de intercambio permanente entre los artistas de Cuba y Venezuela”.

