Uno de los desafíos ambientales que enfrenta actualmente nuestro planeta es la pérdida de los humedales, valiosos ecosistemas constituidos por aquellas zonas geográficas donde el agua es el factor principal que controla el medio ambiente, así como la vida vegetal y animal asociadas.
Tal situación genera efectos negativos en cascada, problemática que es abordada por la revista National Geographic en un artículo que fundamenta su contenido en el informe Perspectiva Mundial de los Humedales 2025, elaborado por el Grupo de Examen Científico y Técnico (GECT) de la Convención sobre los Humedales, (o Convención de Ramsar, tratado internacional adoptado en 1971).
Según el artículo de Nacional Geographic, recién divulgado en ocasión del Día Mundial de los Humedales (el 2 de febrero, aniversario de la Convención de Ramsar) se estima que desde el año 1970 el planeta ha perdido al menos 400 millones de hectáreas de humedales, lo cual representa un 22 % de la superficie de estas zonas húmedas del mundo, con una disminución anual continua del 0.52 %.
Estas pérdidas varían según la región y el tipo de humedal, aunque los ecosistemas de agua dulce (lagos, pantanos y marismas continentales) son los que registran los descensos proporcionales más elevados.
Las pérdidas se entienden como la reducción del espacio donde hay agua disponible y de calidad suficiente para que las especies (y subespecies) de los humedales se refugien, se alimenten, descansen y se reproduzcan; y son causadas por actividades humanas que alteran significativamente las características ecológicas del lugar.
Cabe añadir que casi una cuarta parte de los 400 millones de hectáreas de humedales afectados permanece degradada. Es decir, han sido alteradas, provocando una simplificación o alteración de sus características ecológicas y una reducción de su biodiversidad típica, de los procesos ecológicos o de los servicios ecosistémicos que brindan.
Los factores que impulsan la pérdida y degradación de estas áreas naturales son diversos. Algunos de los principales son: la contaminación ambiental; la expansión urbana; el desarrollo industrial; la intensificación agrícola; el drenaje; y la introducción e invasión de especies exóticas no autóctonas. También la erosión, la desertificación y el cambio climático son otros de los factores que inciden negativamente.
Y como es de presumir, son los países de menor desarrollo los que enfrentan el peor escenario en esta problemática medioambiental.
“Los humedales son fundamentales para nuestra existencia”, y su pérdida tiene un elevado costo económico, a pesar de que tan solo ocupan el 6 % de la superficie terrestre, afirma la Convención de Ramsar.
El aporte de los humedales es muy diverso: garantizan el suministro de alimentos, proporcionan agua dulce, depuran y filtran el agua, minimizan los efectos de tormentas e inundaciones, almacenan carbono, contribuyen a la biodiversidad (albergan el 40 % de las especies de animales y vegetales conocidos), proporcionan productos y medios de vida sostenibles, ofrecen oportunidades para la relajación y el turismo, entre otros servicios ecosistémicos.
En correspondencia con lo anterior, el daño de estas zonas naturales se traduce en consecuencias derivadas de la reducción de esos servicios ecosistémicos y van desde una menor disponibilidad de agua y biodiversidad hasta la afectación de la estabilidad climática y el bienestar humano.
El informe del CEGT insta a los formuladores de políticas, las empresas y la sociedad a adoptar medidas urgentes para frenar el daño y proteger los humedales. Para ello, sostiene, es necesario invertir en estos sistemas e impulsar acciones inmediatas y coordinadas de conservación y restauración.
Algunas de las medidas que propone incluyen integrar las iniciativas de restauración en diversos sectores, como la agricultura, la infraestructura hídrica y la planificación urbana; dar prioridad a los resultados económicos a largo plazo; aumentar la financiación para la conservación, la restauración y el manejo sostenible de los humedales; e incorporar subvenciones positivas para estos espacios.
También insta a no demorar la adopción de las medidas requeridas para frenar la degradación de los humedales, y advierte que una demora de tan solo diez años en esa dirección duplicará los costos.
Asimismo, el Grupo de Examen Científico Técnico de la Convención de Ramsar reclama “una firme voluntad política, un amplio apoyo público y una importante inversión financiera” para apoyar la conservación de los humedales de nuestro planeta.
(Con información de National Geographic)