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Estamos con Cuba para todos los tiempos

El 29 de enero de 2026 el presidente estadounidense Donald Trump emitió una nueva orden ejecutiva declarando una “emergencia nacional”debido a la “inusual y extraordinaria amenaza” que Cuba supuestamente representa para Estados Unidos. La Casa Blanca anunció que le impondrá aranceles punitivos severos a cualquier país que le venda petróleo a Cuba.

 

La última escalada de la guerra económica de Washington contra Cuba llega en un momento en que la economía y la infraestructura de la isla están a su límite por el bloqueo económico de más de 60 años impuesto por las familias adineradas que gobiernan Estados Unidos. Foto: Yamil Lage / AFP

 

Esto es una guerra económica sin adornos, una gran escalada de los incesantes esfuerzos de Washington durante más de seis décadas tratando de asfixiar al pueblo cubano y derrocar su revolución socialista.

Aunque reconoce las extremas dificultades que enfrenta su pueblo, el gobierno cubano reaccionó con su característica rebeldía. Cuba es “un pueblo aguerrido y combatiente”, declaró en un comunicado (reproducido a continuación) denunciando la última amenaza de Trump. “Se confunde el imperialismo cuando confía en que con la presión económica y el empeño en provocar sufrimiento a millones de personas, se va a doblegar su determinación de defender la soberanía nacional y de impedir que Cuba  caiga, una vez más, bajo el dominio estadounidense”.

En una publicación en las redes sociales, el ministro cubano de Asuntos Exteriores, Bruno Rodríguez, escribió: “La situación con respecto al Gobierno de los Estados Unidos constituye una amenaza inusual y extraordinaria … para la seguridad nacional y la política exterior de todos los países, para la Paz y la seguridad internacionales y a la supervivencia de la Humanidad frente a la amenaza nuclear y el cambio climático”.

El nuevo edicto de Trump apareció seis semanas después de la imposición de un bloqueo al petróleo venezolano por la marina de Estados Unidos, cortando efectivamente los envíos de petróleo a Cuba desde ese país sudamericano, del que Cuba dependía para gran parte de sus importaciones de petróleo.

A eso le siguió el asalto militar de Estados Unidos en Caracas el 3 de enero — un acto de agresión imperialista descarada y una flagrante violación del derecho internacional y de la soberanía de Venezuela. Durante ese ataque “quirúrgico”, las fuerzas especiales de Estados Unidos secuestraron al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores y, en el proceso, mataron a más de 100 personas, entre ellas 32 combatientes cubanos.

 

El presidente cubano Miguel Díaz-Canel (centro) participa en una masiva manifestación antiimperialista frente a la embajada de Estados Unidos en La Habana, Cuba, el 16 de enero de 2026. La marcha rindió homenaje a los 32 combatientes cubanos muertos en Caracas, Venezuela, durante el asalto de Washington el 3 de enero a ese país, y denunció las últimas amenazas de Estados Unidos contra Cuba. Foto: Yamil Lage / AFP

 

 

Trump emitió esta última orden ejecutiva una semana después de amenazar con imponer un bloqueo naval contra Cuba para cortar completamente el suministro de petróleo a la isla.

La Revolución Cubana enfrenta hoy su desafío más peligroso desde la “crisis de los misiles” de octubre de 1962, cuando Washington, bajo la administración del entonces presidente John F. Kennedy, le impuso un bloqueo naval total a Cuba y llevó al mundo al borde de la guerra nuclear.

La última escalada llega en un momento en que la economía y la infraestructura de la isla están a su límite por el endurecimiento de las sanciones económicas y la designación como “Estado patrocinador del terrorismo” (SSOT) impuesta por el despiadado Goliat al norte. Esa designación ha hecho que la importación de combustible, medicinas, maquinaria y otros productos esenciales sea más difícil y, en muchos casos, imposible. Sin combustible, la generación de energía y el movimiento de mercancías dentro del país se están paralizando.

¿Qué temen los yanquis de esta pequeña isla en el Caribe? Temen el ejemplo que Cuba les ha dado a los trabajadores y los campesinos del mundo y a todos los oprimidos.

A pesar de su pequeño tamaño y limitados recursos, Cuba ha demostrado lo que los trabajadores y campesinos pueden lograr cuando le arrebatan el poder a la clase capitalista y lo utilizan en beneficio de la humanidad. En 1959 tras derrocar la odiada dictadura de Batista, respaldada por Estados Unidos, el pueblo cubano y su liderazgo revolucionario nacionalizaron los bancos, la industria y la tierra, abriendo el camino al socialismo en América.

La Revolución Cubana no sólo eliminó el analfabetismo y le brindó educación gratuita a todos, sino que también garantizó que todos los cubanos tuvieran acceso a una atención médica de calidad. El internacionalismo sin precedentes del pueblo cubano también le ha prestado un alivio desesperadamente necesario a países de todo el mundo con sus misiones médicas. Además ha impulsado la causa de la justicia social y la liberación nacional en lugares como Angola, donde en 1988, tropas voluntarias cubanas ayudaron a infligir una derrota contundente a Sudáfrica, desempeñando un papel fundamental en el derrocamiento del régimen racista del apartheid.

Como expresó el historiador cubano Ernesto Limia Díaz en su entrevista de octubre de 2025 con Panorama-Mundial, “Cuba es la brújula moral y política del mundo”. Es esa brújula, y la trayectoria que señala para los trabajadores y los oprimidos del mundo, lo que tanto odian los imperialistas.

Ahora, embriagados de poder tras su cobarde ataque a Caracas, los financieros estadounidenses y otros capitalistas babean ante la posibilidad de arrodillar al pueblo cubano y derrocar a su gobierno revolucionario. “Cuba está por caer”, se jactó Trump tras el ataque del 3 de enero. Su secretario de Estado Marco Rubio — un favorito de la comunidad de exiliados cubanos de derechas — proyectó que esto podría suceder para finales de este año.

Sin embargo — a pesar del enorme y muy avanzado poderío militar a su disposición, indudablemente la más letal del mundo — Trump y sus semejantes, al igual que sus predecesores en la Casa Blanca, han evitado un ataque directo, al menos por ahora. Saben que enfrentarse al pueblo cubano no sería un paseo en el parque. Cuba no es Venezuela. Saben que un intento de invasión o el realizar otro asalto militar directo no sería popular en Estados Unidos, especialmente cuando los ataúdes de soldados estadounidenses comiencen a regresar a casa.

Por el momento, en lugar de emprender una aventura militar de esa envergadura, el imperialismo estadounidense ha optado por apretar la soga económica y fomentar una crisis humanitaria que amenaza la vida de millones.

Después de impedir el suministro de petróleo a Cuba desde Venezuela, Washington aumentó la presión sobre México. Después de Venezuela, México ha sido la fuente de petróleo más importante para Cuba. Ante el chantaje económico de la administración Trump, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum empezó a divagar sobre los compromisos comerciales de su país con Cuba. PEMEX — la petrolera estatal mexicana — anunció que canceló un envío urgente de petróleo a Cuba que debía llegar a la isla antes del fin de enero. Sheinbaum dijo entonces que el envío procedería como una oferta de “ayuda humanitaria” a la isla.

Sheinbaum hizo un giro nuevamente el 28 de enero, insistiendo en que la decisión de retener el petróleo era una “decisión soberana”, implicando que no sucumbía a la presión de Washington, pero que México le seguiría brindando “solidaridad” a la isla.

 

 

Camiones cisterna estacionados cerca de la refinería de petróleo Ñico López en La Habana, el 12 de enero, después de que el presidente estadounidense Donald Trump prometiera impedir que el petróleo venezolano llegara a la isla. Foto: Norlys Pérez / Reuters

 

 

Pero para salir victorioso de esta crisis, el pueblo cubano necesita algo más del resto del mundo que palabras de solidaridad, palabras que — como las de Sheinbaum — se vuelven superfluas en el instante en que Washington aprieta los tornillos.

Cuba necesita ayuda material, solidaridad en acción. Necesita que los gobiernos de países productores de petróleo como México y Angola envíen petroleros. Necesita inversión extranjera en paneles solares y generadores eólicos para ayudar a reducir su dependencia de los combustibles fósiles. Y necesita comerciar libremente para obtener productos alimentarios, medicinas y otros insumos esenciales.

Es necesario ejercer presión sobre esos gobiernos que ahora se doblegan ante Trump, Rubio, y sus acólitos para que sigan comerciando y apoyando al pueblo cubano, y así darles un respiro para que puedan defenderse de la manera más eficaz.

Los trabajadores, los estudiantes y otros jóvenes, y todos los que se preocupan por la democracia y la decencia humana en Estados Unidos, deben coordinarse en acciones unidas para exigir que Washington ponga fin a su maliciosa guerra económica, revierta el bloqueo de petróleo a Cuba y elimine al país de la infame lista SSOT. También es necesario organizar campañas de ayuda material para contrarrestar el intento de estrangular a Cuba y a su pueblo. Estos esfuerzos pueden servir de ejemplo de lo que es posible hacer en otros países.

Los revolucionarios cubanos y la gran mayoría del pueblo cubano han demostrado su tenacidad y su compromiso por crear un mundo mejor, no solo para ellos mismos sino para la humanidad. El pueblo cubano ha dejado claro: no va a echarse para atrás.

El mes pasado en La Habana un reportero de CNN le preguntó a una mujer bien vestida y de cabello blanco llamada Iliana qué haría si Estados Unidos atacara a Cuba como lo hizo en Venezuela. “Enfrentaríamos lo que venga con gran fuerza, con gran determinación”, dijo, con la voz trémula. “Y quien no tenga un arma lanzará una piedra. No sabemos qué va a pasar, pero estamos dispuestos a morir”.

Comentando en la página de Facebook de Limia Díaz sobre la defensa de la revolución cubana en las condiciones actuales, Mauricio Alonso escribió: “Hay que … recordar el ejemplo de los vietnamitas, que le ganaron la guerra a los yanquis transportando su armamento en bicicletas”.

En su comentario, ‘No conocemos la palabra rendición‘, Limia Díaz escribió: “No nos pueden perdonar que a pesar de todas las dificultades se nos tome como brújula moral, y el espíritu de revancha los lleva a actuar con saña genocida. ¿Qué hará la humanidad: plegarse ante al fascismo o responder con valentía e integridad? ‘Quien se levanta hoy con Cuba, se levanta para todos los tiempos’”.

Para los que estamos en las entrañas del monstruo, ahora es el momento de ponerse a la altura y asumir el reto.

 

(Editorial publicado por Panorama-Mundial, publicación estadounidense que se define a sí misma como de análisis político e interpretación de eventos en línea)

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