Un contemporáneo de Lázaro, José Herrpinark, procedente del sindicato de la construcción, recordó que lo conoció en los años 40 del pasado siglo, poco después de la creación de la CTC, que para encontrarlo en su oficina había que ir de noche porque el día lo dedicaba a visitar la base y los sindicatos.

Atesora una anécdota de aquellos tiempos de cuando se estaba construyendo el edificio de la CTC el cual contó con la contribución financiera voluntaria de los trabajadores y el aporte de trabajo voluntario de los diversos sectores.
En una ocasión, relata el testimoniante, después del azote del ciclón del 44, los compañeros que se encontraban en la obra al ver llegar a Lázaro le comentario con tristeza que todo lo levantado con tanto esfuerzo y sacrificios se había venido abajo, a lo cual él, con su tremendo optimismo, contestó: ¿Y para qué estamos aquí nosotros? ¡Ahora sí vamos a levantar un verdadero Palacio de los Trabajadores! Y dicho esto, se “pegó” a trabajar.
Otro sindicalista de la alimentación, Andrés Rojo, que atendía la esfera de la educación, rememora la gran tarea asumida por la CTC de la superación de los trabajadores, y evoca cómo le correspondió sentarse junto a Lázaro el día en que los dirigentes sindicales realizaron la prueba de escolarización.
Después de la campaña de alfabetización, señaló, vinieron el seguimiento y la batalla por obtener el sexto grado, tarea que fue atendida muy de cerca por Lázaro. Era necesario, puntualizó, convencer a la gente de que estudiara, y a menudo me recogía a las cinco de la mañana en la esquina de la CTC para ir a los centros y celebrar asambleas relámpago con el fin de comprometer a los trabajadores. Después me acompañaba a comprobar personalmente el funcionamiento de las aulas de superación. Él estudiaba como todos.

