La administración de Donald Trump se ha propuesto reforzar el ya criminal bloqueo a Cuba con medidas punitivas hacia aquellos que pretender proporcionarle al archipiélago de las Antillas el petróleo que necesita para mantener la vitalidad del país.
Tal decisión se refuerza con el absurdo calificativo de Cuba como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos, por lo que declaró una emergencia nacional.
Ya no sabe qué inventar para hablar de una amenaza cuando Cuba es la agredida.con un bloqueo brutal que dura más de seis décadas, todo por no aceptar que estemos construyendo ante sus narices una sociedad distinta. Les duele que en 67 años hayan fracasado en su empeño por retornarla al estatus neocolonial del pasado y que pese a sus maniobras de todo tipo no han podido ni podrán ponernos de rodillas.
Apoderarse de Cuba ha sido una obsesión de los sucesivos mandatarios de la Casa Blanca, desde que en 1959 esta tierra dejó de ser utilizada para sus propósitos, pero es un empeño que tiene una historia mucho más antigua. Y es oportuno echar una mirada al pasado para entender cómo manejó Estados Unidos este propósito.
Aunque conocido, vale recordar lo escrito por el secretario de Estado John Quincy Adams al ministro de Estados Unidos en España en 1823: :”Hay leyes de gravitación política como las hay de gravitación física, y así una manzana separada por la tempestad de su árbol nativo, no puede caer sino en la tierra, Cuba, desligada por la fuerza de su conexión antinatural con España e incapaz de autosostenerse, solo puede gravitar hacia la Unión Norteamericana, la cual, por las propias leyes de la naturaleza, no puede rechazarla de su seno.”
Muchas declaraciones semejantes se produjeron a lo largo del siglo XIX, como lo hizo por ejemplo el senador William Seward en 1859, cuando dijo: “La adquisición de Cuba es una cuestión de tiempo, de necesidad y de oportunidad”
Para convencer al pueblo estadounidense de que Estados Unidos tenía el compromiso moral de salvar a la Mayor de las Antillas de las atrocidades del dominio español, que interesadamente resaltaban con tintes truculentos en la prensa, desarrollaron una verdadera campaña de prensa encaminada a justificar su intervención en la guerra con fines altruistas.
En el diario Cleveland Plain Dealer se decía: “Uno no debe entrar en el jardín del vecino sin su consentimiento, pero si ve que un niño estaba siendo maltratado por un vagabundo, eliminará toda ceremonia y correrá al rescate del niño sin solicitar permisos”
Por su parte el ex presidente Benjamín Harrison señalaba: “Los cubanos oprimidos y sus hambrientos mujeres y niños están llamando a nuestra puerta”
Innumerables caricaturas ponían al Tío Sam, representación de EE.UU. como el salvador de Cuba. En una de estas imágenes el primero le decía a una pequeña que lloraba: “No llores pequeña niña. El Tío Sam te llevará con él a su casa. Después de eso me ocupará de ese joven” y señalaba a un español con un látigo en la mano.
En ese aluvión de propaganda estaba ausente por supuesto la lucha de los patriotas cubanos por la independencia, cuya beligerancia nunca reconocieron y por el contrario se dedicaron a denigrarlos.
Decía el corresponsal del New York Herald James O Kelly que “el clima y la forma indolente de vida” se habían combinado “para hacer afeminado al cubano de las ciudades” mientras que el escritor James Steele que utilizó el mismo argumento al comentar el fin de la Guerra Grande sin que finalizara el poder español, cuando calificó al hombre cubano de “débil y vacilante” y “flácido, sin fibras” y que en él “estaba ausente la apreciación de la masculinidad en sus propios valores” para concluir con la despreciable afirmación: “Muchos años pasarán antes que los cubanos hagan un esfuerzo exitoso por su libertad si es que alguna vez lo hacen”
El Philadelphia Manifactured planteaba “Ellos son incapaces, ociosos, de moral defectuosa e incapaces por naturaleza y experiencia para cumplir las obligaciones en una gran y libre república Su falta de fuerza masculina y autorrespeto está demostrada por la abulia con la cual se han sometido por tan largo tiempo a la opresión española, que incluso sus intentos de rebelión han sido tan tristemente inefectivos, que no han llegado mucho más allá de la dignidad de una farsa.”
Recuérdese que a esta perversa campaña difamadora se enfrentó José Martí con su artículo Vindicación de Cuba.
El reflejo en la prensa estadounidense de los cubanos como niños o niñas fue el modo de presentar ante el lector norteño la insostenibilidad de la soberanía de Cuba y darle credibilidad a la tesis de que la autoridad de Estados Unidos sobre Cuba era apropiada no solo en interés de Norteamérica sino por el bien de los propios cubanos, a quienes tenían la “obligación” de prepararlos para que maduraran. Así lo valora Louis A. Pérez en su libro Cuba en el imaginario de los Estados Unidos y agrega que sus fuerzas militares “no llegaron a Cuba como aliados del ejército cubano ni como agentes en favor de la independencia de Cuba. Llegaron para promover los intereses nacionales de Estados Unidos”
Ello no significa que el pueblo estadounidense se no sintiera simpatías por la causa cubana y expresara admiración por sus próceres sin embargo el plan de la intervención en la guerra entre Cuba y España se puso en marcha. y el 1ro de enero de 1899 Cuba pasó a manos yanquis.
El colmo del veneno fue la caricatura publicada en Puck donde aparece el Tío Sam, protegiendo con la bandera de las barras y las estrellas a una mujer cubana que le ruega de rodillas y en el fondo, saliendo del monte, tres patriotas cubanos luciendo el uniforme del Ejército Libertador observan la escena. Decía así la leyenda de la imagen: “¡Sálveme de mis amigos!” Acompañada la siguiente afirmación: “Tomar Cuba de España fue fácil. Preservarla de los cubanos exageradamente patriotas es otra cuestión”.
El escritor John Kendrick Bangs señalaba en 1901: “Es nuestra tarea cuidar al pupilo que los azares de la guerra han dejado a nuestra guardia: vigilar que se encuentra protegido no solo de sus enemigos, sino de sí mismo (…) Cuba es un niño subdesarrollado, rescatado por uno de los Altos Tribunales de la Humanidad, de un perverso y conspirador tutor que la estaba despojando de sus riquezas, vaciando su vitalidad e impidiendo su crecimiento”
¿Acaso no fue esa la consecuencia del dominio yanqui sobre Cuba? ¿Despojarla de sus riquezas e impedir su crecimiento? No existe una justificación más cínica y engañosa.
En 1906 el senador por Indiana Albert Beveridge declaraba algo que bien podía decirlo hoy Donald Trump “Es por la libertad por lo que toda la humanidad lucha. Y la nación que, bajo Dios, lidera el mundo hacia la libertad es esta República Americana”. Ese es el camino, según el presidente naranja para hace grande a América, como él ha prometido, y un detalle, el nombre del país como América, recuerda aquello de que América es para los “americanos”, del Norte por supuesto, una idea retomada con fuerza en estos tiempos.
Y una última afirmación de varios senadores estadounidenses a principios del siglo XX, que reflejó con crudeza el negociante Cyrus Duvall, en su respuesta a la pregunta si sería deseable anexar a Cuba: “Sí, respondió, si primero pudiera hundirse la Isla por una media hora (…) Si todas las cosas vivas pudieran ser removidas y purificarse la tierra con fuego y agua, y repoblarla con norteamericanos, entonces sería un paraíso en la tierra”.
No hay dudas, las visiones fascistas de la política exterior yanqui antecedieron en mucho al actual ocupante del despacho oval ¿Les habrán servido de inspiración?
Pero los tiempos han cambiado y hasta Trump ha reconocido la bravura de los cubanos y afirmado que para doblegarnos tendrá que arrasar con el país entero.
Aquí estamos con la fuerza de Maceo, que aseguró que el que intente apoderarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre si no perece en la lucha. Esperamos que el vecino se aconseje y no se atreva con los hombres y mujeres de esta tierra que enfrentarán con valor a quienes vengan del Norte revuelto y brutal que siempre nos ha despreciado.
*Citas tomadas del libro de Louis A. Pérez Jr. titulado Cuba en el imaginario de los Estados Unidos publicado por la Editorial de Ciencias Sociales La Habana 2014.
