Desde la pandemia de COVID-19 nuestras vidas cambiaron en cuanto a cuidados sanitarios, pero también en horarios de trabajo, costumbres alimentarias y en un tema que pudiera ser menor para algunos, pero recompensa esfuerzos y proporciona alegría y esparcimiento para los trabajadores y la familia.

Me refiero a las opciones recreativas, que van desde un teatro o cine hasta un estadio; desde restaurantes hasta heladerías, desde estancias en casas de playa u hoteles hasta las casas de la música, por solo poner ejemplos bien conocidos. La particularidad de lo anterior es que cada vez son menos los trabajadores que pueden asistir, pues predomina el principio oferta-demanda, con mayor asiento en negocios privados.
A pesar de la escasez económica y que las nuevas tecnologías dejan a muchos en el hogar, las mayores insatisfacciones, expresadas incluso en conferencias provinciales 22 Congreso, siguen recayendo en el retorno de las villas o casas a las empresas, sindicatos o a la propia Central de Trabajadores de Cuba para que las vuelvan a administrar y sirvan de estímulos a los más destacados, con precios más asequibles, a pesar de que muchas de ellas están en un deterioro bien serio por la mala o nula explotación durante estos años.
La situación eléctrica conspira también en este asunto, pero afloran los negocios privados que se las arreglan para no cerrar nunca, aunque sus precios son prohibitivos para la mayoría de los obreros e intelectuales del país. Sin embargo, parece más falta de gestión que imposibilidad real activar, de igual manera, instalaciones estatales (círculos sociales, casas de la música, restaurantes, cafeterías) con una calidad similar al privado cuyos precios sean menos agresivos y pueda incluso repartirse el acceso a través de los sindicatos o centros de trabajo como sucedió en otro tiempo.
No estamos soñando ni diciendo algo del pasado o imposible. En algunas provincias se va logrando, con participación no solo estatal, sino también de actores económicos privados o cooperativos, previo arreglo en cuanto a la factura final. ¿Entonces se puede o no lograr? ¿Hay resistencia total o falta pelear desde los sindicatos por esas opciones recreativas que no pueden dejar pérdidas a las entidades o al privado, pero tampoco agujerear los bolsillos como sucede hoy en una salida?
La soledad que vemos en muchas ciudades de noche se puede ir cambiando. Cruzarse de brazos o no escuchar a nuestra gente no debe ser nunca la opción.
Acerca del autor
Máster en Ciencias de la Comunicación. Director del Periódico Trabajadores desde el 1 de julio del 2024. Editor-jefe de la Redacción Deportiva desde 2007. Ha participado en coberturas periodísticas de Juegos Centroamericanos y del Caribe, Juegos Panamericanos, Juegos Olímpicos, Copa Intercontinental de Béisbol, Clásico Mundial de Béisbol, Campeonatos Mundiales de Judo, entre otras. Profesor del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, en La Habana, Cuba.


Como articulo y deseo de miles de trabajadores, bien. ¿La CTC y sus Sindicatos, que responden, será necesario llegar al Congreso para eso?
Este título me gustó y lo estoy viendo 🙂