La necedad de vivir sin tener precio

La necedad de vivir sin tener precio

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Hay muchos temas para escribir de la so­ciedad cubana, pero hay urgencias por en­cima de ellos: la so­brevivencia como na­ción ante un imperio estadounidense que sigue mostrando su ambición y prepoten­cia. Ahora intentan que no entre una gota de petróleo a Cuba, a partir de amenazar con la subida de aranceles a los países que así lo hagan.

Lo más risible de esta nueva y peligrosa pieza (nada musical y sí muy desafiante) de Trump y su camarilla es la justificación dada. “Cuba es una amenaza a la seguridad nacional”, lo cual sus propias agencias de inteli­gencia en más de una ocasión, en 67 años, han demostrado lo contrario, por más que cumplan los mandatos de sus gobernan­tes de espiar, preparar aten­tados a nuestros dirigentes y acoger en su seno a los terroris­tas más connotados, que sí han provocado la muerte de cientos de cubanos inocentes.

El delirio guerrerista y enva­lentonado de Trump tras lo ocu­rrido el 3 de enero en Venezuela intenta silenciar las olas de re­chazo y repudio que está tenien­do hacia lo interno la represión que lleva el Servicio de Inmigra­ción y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos, que en el 2025 superó la cifra de 600 mil per­sonas deportadas y lleva el peso sobre sus espaldas de atrocidades y fallecidos, algunos incluso ciu­dadanos de su propio país.

Ante la nueva escalada contra Cuba que dictó el pa­sado 29 de enero el inquilino más loco que ha pasado por la Casa Blanca, lo más doloroso pasa por la reacción aproba­toria y hasta alegre de una parte de nuestra emigración a la que parece importarle bien poco la suerte y la vida de sus familiares, amigos, cubanos todos. Quizás ilusos o borra­chos de un capitalismo en su fase imperialista, que ha sido capaz de borrarle hasta su sentido de pertenencia para apostar por una guerra, por una situación económica mu­cho más tensa de lo que ya es o simplemente por el extermi­nio de una sociedad imperfec­ta en miles de cosas, pero que sería peor en caso de perder su soberanía e independencia.

El poeta tenía razón. La ne­cedad de vivir sin tener precio es dura y cuesta hasta la respiración final. Nuestros trabajadores, fa­milias y amigos saben del peligro real una vez más. No arrodillar­se está claro. Y arrastrarnos por sobre rocas cuando la Revolución se venga abajo será bien difícil. Parafraseando al poeta: nos mo­rimos como vivimos.

Acerca del autor

Máster en Ciencias de la Comunicación. Director del Periódico Trabajadores desde el 1 de julio del 2024. Editor-jefe de la Redacción Deportiva desde 2007. Ha participado en coberturas periodísticas de Juegos Centroamericanos y del Caribe, Juegos Panamericanos, Juegos Olímpicos, Copa Intercontinental de Béisbol, Clásico Mundial de Béisbol, Campeonatos Mundiales de Judo, entre otras. Profesor del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, en La Habana, Cuba.

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