Las mentiras de Trump y poder de las palabras frente a la Orden ejecutiva.
Este 29 de enero el presidente de los Estados Unidos Donald Trump, ha emitido una Orden ejecutiva con el descabellado título de: Abordando las amenazas contra los Estados Unidos por parte del gobierno de Cuba.

La letra de este documento, según se advierte en el preámbulo, se ampara en la Constitución de los Estados Unidos de América, así como la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, la Ley de Emergencias Nacionales y la sección 301 del título 3 del Código de los Estados Unidos. Una observación obvia y necesaria, se suscribe bajo las leyes de otro gobierno que no ha sido legitimado por el pueblo cubano y su aplicación, impacta en los destinos de nuestra nación.
El texto discurre en una retórica que transita por ciclos, “sobre el peligro que representa Cuba para los Estados Unidos”.
Estos encabezados jurídicos se instalan en el cuerpo del documento como narrativas que buscan legitimar las órdenes que el inquilino de la Casa Blanca le ha dado (se revela en la parte final del documento) al Secretario de Estado, Marcos Rubio, encargado de aplicarla en todo su endemoniada escritura. Un pasaje de Donald Trump emerge como unos de sus más recientes delirios: lo anunció como futuro “presidente de Cuba”.
En la sección 1, de Abordando las amenazas… en una primera parte, sentencia:
“Como presidente de los Estados Unidos, tengo el deber imperativo de proteger la seguridad nacional y la política exterior de este país. Considero que las políticas, prácticas y acciones del Gobierno de Cuba constituyen una amenaza inusual y extraordinaria, que tiene su origen total o sustancialmente fuera de los Estados Unidos, para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos”.
Esta aseveración carece de fundamento y no aporta prueba documental que legitime tal afirmación. No le acompaña, tan siquiera, algún anexo que “ilustre” —si cabe la palabra— las afirmaciones del presidente de los Estados Unidos. Tan solo se vislumbra, como ya resulta habitual en la retórica del presidente Trump, el lanzar ante la opinión pública de los Estados Unidos y del mundo, acusaciones vacías que tan sólo aspiran a generar un estado de opinión sobre los países y gobiernos que “son un peligro para la nación norteña”.
En otra parte de la sección 1 de esta Orden ejecutiva se deja ver por parte del presidente de los Estados Unidos, una clara intromisión en la política exterior del gobierno cubano, delineando calificativos y adjetivaciones que buscan quebrantar el derecho de la isla a tener relaciones con otros estados y gobiernos, reconocidos en las Naciones Unidas. En esa suma de “razones”, mezcla como un artificiero de palabras huecas los términos: “países hostiles, grupos terroristas transnacionales y actores malignos adversarios de los Estados Unidos”.
“El Gobierno de Cuba ha tomado medidas extraordinarias que perjudican y amenazan a los Estados Unidos. El régimen colabora con numerosos países hostiles, grupos terroristas transnacionales y actores malignos adversarios de los Estados Unidos, entre ellos el Gobierno de la Federación de Rusia (Rusia), la República Popular China (RPC), el Gobierno de Irán, Hamás y Hezbolá, a los que presta apoyo. Por ejemplo, Cuba acoge abiertamente a peligrosos adversarios de los Estados Unidos, invitándoles a establecer en su territorio sofisticadas capacidades militares y de inteligencia que amenazan directamente la seguridad nacional de los Estados Unidos”.
Se impone señalar que en el último tercio de esta sección Donald Trump afirma:
“Cuba alberga la mayor instalación de inteligencia electrónica en el extranjero de Rusia, que intenta robar información sensible sobre la seguridad nacional de los Estados Unidos. Cuba continúa desarrollando una profunda cooperación en materia de inteligencia y defensa con la República Popular China”.
Una vez más el gobierno de los Estados Unidos desparrama mentiras salidas de los manuales de las Agencias de inteligencia de los Estados Unidos. Forma parte de una histórica estrategia, que busca justificar acciones de mayor calado. Su retórica se ha caracterizado por intervenir en los asuntos internos de otras naciones, apelando incluso a intervenciones militares en nombre de la “libertad y la democracia”.
¿Cuántas bases militares de la nación norteña están afincadas fuera de los Estados Unidos? Según varias fuentes se estima que operan entre 750 y 800 asentada en los cinco continentes. Se interpreta con esta aseveración, no solo que miente descaradamente, sino que también, padece de cierta demencia en torno a temas, que son manejados por los columnistas y estudiosos de la geopolítica estadounidense.
En el corpus de esta sección 1, titulado: Abordando las amenazas contra los Estados Unidos por parte del gobierno de Cuba, se reciclan otras sandeces que apuntan a cimentar, una vez más, la retórica del engaño, sin el menor signo de pudor y sin presentar prueba documental.
“Cuba acoge a grupos terroristas transnacionales, como Hezbolá y Hamás, creando un entorno seguro para estos grupos malignos, de modo que puedan establecer vínculos económicos, culturales y de seguridad en toda la región e intentar desestabilizar el hemisferio occidental, incluidos los Estados Unidos. Cuba proporciona desde hace tiempo asistencia en materia de defensa, inteligencia y seguridad a adversarios del hemisferio occidental, con el fin de frustrar las sanciones internacionales y las de los Estados Unidos destinadas a garantizar la estabilidad de la región, defender el estado de derecho y salvaguardar la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos. Cuba sigue intentando frustrar los esfuerzos de los Estados Unidos para hacer frente a las amenazas que suponen para ustedes los países hostiles, los grupos terroristas transnacionales y los actores malignos, incluso en el hemisferio occidental”.
Sobre este “capitulo” de la Orden ejecutiva, es pública la posición del pueblo y gobierno cubano en la defensa de la soberanía de la causa palestina: es el derecho a existir como nación lo que defiende esta isla rebelde e insumisa.
En estos últimos dos años se han incrementado las prácticas genocidas del estado israelí contra el pueblo palestino. Según las autoridades de salud gazatíes, son 71 mil 667 los muertos y 171 mil 343 los heridos que han dejado esta nueva escalada, consecuencia de los bombardeos perpetrados por la soldadesca israelí sobre el enclave palestino.
Esta cifra significa dolor y pérdida de vidas humanas. El gobierno de los Estados Unidos es corresponsable de esta barbarie, como lo son también varias naciones de la Unión Europea. Esta ecuación de países le ha suministrado, lo siguen haciendo, pertrechos militares con el que se cercena la vida de ese digno pueblo.
Los argumentos de la Orden ejecutiva emitido este 29 de enero por el presidente de los Estados Unidos, no cesan en su línea de mensajes soez, mendaz y calumnioso. Es la “lógica” que define las puestas en escena que transpiran Donald Trump, anclado en una estrategia que rompe con toda las lógicas discursivas.
El repertorio que conforma esta sección 1 revela el desespero del ocupante de la Casa Blanca, ante las probables consecuencias que le traería la evolución de los archivos de Jeffrey Epstein. La repulsa de los estadunidenses por las practicas paramilitares que ejerce el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos (ICE) contra los inmigrantes, donde fueron asesinados dos ciudadanos estadounidenses, se inscriben como parte de preocupaciones de Donald Trump. Lo que refrenda el documento es sencilla y llanamente ridículo, poblado de burdas narrativas e impreso con falsedades mayúsculas:
Por otra parte, en contra de los intereses y de la política exterior de los Estados Unidos, el régimen comunista cubano apoya el terrorismo y desestabiliza la región mediante la migración y la violencia. El régimen comunista persigue y tortura a sus opositores políticos; niega al pueblo cubano la libertad de expresión y de prensa; se beneficia de manera corrupta de su miseria; y comete otras violaciones de los derechos humanos. Por ejemplo, las familias de los presos políticos se enfrentan a represalias por protestar pacíficamente contra el encarcelamiento indebido de sus seres queridos. Las autoridades cubanas acosan a los fieles, bloquean la libre asociación de las organizaciones de la sociedad civil, prohíben la libertad de prensa y niegan la posibilidad de expresarse libremente, incluso en Internet. El régimen cubano sigue difundiendo sus ideas, políticas y prácticas comunistas por todo el hemisferio occidental, lo que supone una amenaza para la política exterior de los Estados Unidos.
Recordemos que en estos 67 años de Revolución han perdido la vida 3,478 compatriotas y 2,099 han quedado discapacitados por el terrorismo de Estado organizado, financiado y ejecutado desde el territorio de los Estados Unidos. Los 32 combatientes caídos en Venezuela este 3 de enero, cumpliendo con su deber de salvaguardar la vida del Presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, es un nuevo capítulo del terrorismo que impulsa el gobierno de los Estados Unidos contra el pueblo cubano. La respuesta de estos 32 hombres de honor, nos trae dolor y afianza la unidad entre los cubanos.
Lo que ellos llaman opositores se ha de traducir en mercenarios al servicio de una potencia extranjera, que está tipificado en la legislación cubana, y también en la leyes de los Estados Unidos y los países occidentales. Son mercenarios al servicio de las agencias y los medios de comunicación reaccionarios, que apuestan por derrocar a la Revolución cubana. Nuestro pueblo y gobierno tienen el legítimo derecho de defenderse de toda agresión, venga de donde venga.
La narrativa del supuesto uso de la tortura en las cárceles de Cuba es recurrente en los argumentos de los personeros de la Casa Blanca. Sobre esto habría que responder que, efectivamente, se ha torturado en la Base Naval de Guantánamo, ocupada ilegalmente por los Estados Unidos en contra de la voluntad del pueblo y gobierno cubano. Ninguno de los responsables políticos de estos actos execrables, debidamente documentados, han sido juzgados por las leyes de ese país.
La nación cubana está fortalecida por un cuerpo de organizaciones que son parte de una robusta sociedad civil. Representan los intereses de amplios sectores de la nación. La cantidad, acciones y objetivos que caracterizan a cada una de ellas, es voluntad soberana de sus miembros respaldada por la Constitución cubana, fortalecida en actos soberano en el año 2019.
Cada país tiene el derecho a difundir sus ideas en cualquier parte del mundo, respetando las leyes de las naciones que acogen ese derecho a expresarnos para defender nuestro modelo de sociedad.
El relato de este documento no cesa en la tónica de desgranar mentiras, sin tan siquiera aportar una línea que sustente la aritmética de sus “pruebas” presentes en el cuerpo central de la Orden ejecutiva. Las tesis que compartimos a continuación ilustran como repiten “argumentos” vetustos, sembrados de cinismo.
Considero que las políticas, prácticas y acciones del Gobierno de Cuba amenazan directamente la seguridad, la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos. Las políticas, prácticas y acciones del Gobierno de Cuba están diseñadas para perjudicar a los Estados Unidos y apoyar a países hostiles, a grupos terroristas transnacionales y a actores malignos que buscan destruirlos. Las políticas, prácticas y acciones del Gobierno de Cuba también son contrarias a los valores morales y políticos de las sociedades democráticas y libres, y entran en conflicto con la política exterior de los Estados Unidos de fomentar un cambio pacífico en Cuba y promover la democracia, el principio de la libertad de expresión y de prensa, el estado de derecho y el respeto de los derechos humanos en todo el mundo.
El presidente Trump aprendió de sus asesores la conocida estrategia nazi creada por Joseph Goebbels, uno de los principales colaboradores de Adolf Hitler: “una mentira mil veces dicha se convierte en una gran verdad”.
Cuba no es una amenaza, ni para los Estados Unidos, ni para ninguna otra nación del mundo. La Proclama de convertir a la América Latina y el Caribe como zona de paz, firmada en enero del 2014, fue impulsada por el entonces presidente de Cuba, el General de Ejército Raúl Castro Ruz.
Todo lo que expresa esta zona del documento transpira como letra vacía, bañada con adjetivaciones inmundas que tan solo apuestan por generar un estado de opinión sobre nuestra isla que solo calaría en las mentes ignorantes y en los mercenarios de Miami, que apuestan por derrocar a la Revolución cubana.
El resto de los apartados que conforma esta Orden ejecutiva se resume en este párrafo:
Para hacer frente a la emergencia nacional declarada en la presente orden, considero necesario y apropiado establecer un sistema arancelario, tal y como se describe a continuación. En virtud de este sistema, se podrá imponer un derecho ad valorem adicional a las importaciones de mercancías provenientes de un país extranjero que venda o suministre, directa o indirectamente, petróleo a Cuba.
En esencia, toda nación que le suministre petróleo a Cuba será penalizada con la ya conocida práctica de subida de los aranceles, una de las armas arrojadizas que caracteriza la política coercitiva de la administración de Donald Trump. Esta medida se revela como una clara intromisión en la soberanía de las naciones que comercialicen con Cuba, y por otra parte, se desata como otra vuelta de rosca para asfixiar al pueblo cubano, buscando el malestar interno y la desestabilización, a la espera de sembrar “pretextos” para una, ya anunciada, intervención militar en la Isla.
Con estas consideraciones, la Unión de Periodistas de Cuba rechaza categóricamente las perversas acciones que la administración de Donald Trump pretende instrumentar contra nuestro pueblo. Como dijera nuestro José Martí: “A quién crea que falta a los cubanos coraje y capacidad para vivir por si en la tierra creada por su valor, le decimos: Mienten.”
La Habana, 31 de enero de 2026.







