A las secciones sindicales corresponde un papel protagónico en los encuentros de los trabajadores con los jefes que usen las visitas de trabajo para que sean espacios de diálogo constructivo y búsqueda de soluciones.
Ahora que en plenos extraordinarios de los comités provinciales del Partido el primer secretario del Comité Central del Partido, Miguel Díaz-Canel Bermúdez ha insistido en aplicar un estilo de gestión más cercano al terreno, es la oportunidad para alinear esas acciones con las misiones sindicales.
En otras naciones tal práctica se conoce como gestión itinerante, en el cual la administración no se limita a un lugar fijo, los líderes interactúan directamente, fomentan una comunicación más efectiva y mejor comprensión de las necesidades y desafíos de los trabajadores.
El movimiento obrero puede preparar a los afiliados en la creación de una agenda de temas en puestos específicos, sin estancarse en quejas, sino recibir a los directivos con propuestas colectivas para tramitar en niveles superiores o en otras entidades.
La voz de los trabajadores en tales intercambios en la base se fortalece con la participación sindical tanto antes, durante, como después de las visitas porque son ocasiones en que la organización sindical puede exigir resultados tangibles.
En aquellos problemas que no se resuelven por trabas externas, la CTC y los sindicatos pueden contribuir a recopilar y analizar datos para que los afiliados intervengan en tales actos que no son de pura cortesía.
Los cuadros deben «pasar más tiempo en el terreno», dijo el Presidente, quien se refirió a la importancia de aprender de las experiencias obreras, y eso requiere que visitantes y visitados cambien su mentalidad.
No basta salir de las oficinas, hay que despojarse de enfoques burocráticos para hallar directamente la información en los puestos de labor, fomentar relaciones con los trabajadores y evitar que la visita sea una supervisión tradicional.
También es esencial evitar el reclamo de que sea sorpresiva (puede haberlas, pero no son estas) e impida la preparación para exponer asuntos que competen a los visitantes gestionar en instancias superiores u otras entidades.
La organización sindical debe garantizar que esos encuentros no sean ni se sienten como actos invasivos, resulten oportunas, promuevan la colaboración y desempeñen un papel fundamental en la retroalimentación.
Quienes reciben la visita también tienen que prepararse y aprender a establecer el contacto directo, lograr una comunicación abierta y proactiva al exponer situaciones, informar problemas y aportar ideas de forma clara.
Se trata de un método para estrechar relaciones con la base, donde están las secciones sindicales que deben documentar los encuentros para reclamar casos no resueltos, y controlar acuerdos o indicaciones.
Aunque no hay recetas únicas, resulta aconsejable que cada afiliado organice breves apuntes con temas clave de su puesto y haga las consultas pertinentes a todos los que sea necesario para argumentar sus planteamientos.
En definitiva, pasar más tiempo en el terreno no solo implica recorrer talleres o fábricas, hospitales. escuelas, y comunidades, sino entrar en sintonía con la vida laboral real, donde surgen las iniciativas y los desafíos cotidianos.
Si el sindicato contribuye a convertir cada visita en un ejercicio de aprendizaje mutuo y transformación práctica, se estará avanzando hacia una gestión más participativa, justa y comprometida con los resultados que el país necesita.