En esta sesión de preguntas y respuestas, Dorothea Schmidt, Jefa de Servicio de Empleo, Mercados de Trabajo y Juventud (EMPLAB) de la OIT, explica cómo unas políticas de empleo bien diseñadas convierten la promesa del trabajo decente en una realidad. Reflexiona sobre el papel del diálogo social, la importancia de la implementación y la manera en que los países pueden utilizar las políticas de empleo para afrontar los cambios tecnológicos, las crisis y las transformaciones estructurales de largo plazo de los mercados de trabajo.

¿Cómo marcan una diferencia real las políticas de empleo en la vida de las personas?
Las políticas de empleo efectivas traducen la promesa abstracta del «trabajo decente» en una realidad. Configuran las oportunidades de las personas: si los jóvenes pueden acceder a su primer empleo formal, si las mujeres reciben igual remuneración por un trabajo de igual valor, o si los trabajadores pueden transitar entre empleos sin caer en la pobreza. Las políticas de empleo bien diseñadas amplían el acceso a empleos más productivos, formales y sostenibles y, al hacerlo, mejoran la calidad general del empleo. También garantizan que los beneficios del crecimiento económico no se reflejen únicamente en los indicadores macroeconómicos, sino que también en las comunidades, en los hogares y en la vida de las personas.
Las políticas de empleo son fundamentales porque los mercados de trabajo no se autorregulan de manera socialmente óptima. Sin una intervención pública deliberada, la creación de empleo puede seguir siendo lenta, desigual o concentrada en sectores de baja productividad incluso en contextos de crecimiento del PIB. Las políticas de empleo ayudan a los gobiernos a alinear medidas macroeconómicas, sectoriales, de competencias y del mercado de trabajo en torno a un objetivo común: el pleno empleo productivo y libremente elegido, tal como se establece en el Convenio núm. 122 de la OIT.
Las políticas de empleo son fundamentales porque los mercados de trabajo no se autorregulan de manera socialmente óptima.
¿Cómo ayudan las políticas de empleo a los países a navegar el cambiante mundo del trabajo?
El mundo del trabajo está cambiando más rápido que nunca, impulsado por la digitalización, los cambios demográficos, el cambio climático y la volatilidad económica mundial. Las políticas de empleo proporcionan a los países una brújula estratégica en este contexto de incertidumbre. En lugar de reaccionar de forma fragmentada a las perturbaciones, permiten a los gobiernos anticipar el cambio, orientar las transiciones en el mercado de trabajo e invertir de manera proactiva en competencias, instituciones y sectores productivos. Los análisis de la OIT muestran que los países con marcos sólidos de políticas de empleo estaban mejor preparados para responder a choques como la pandemia de COVID-19, ya que pudieron combinar de forma coordinada la retención del empleo, las políticas activas del mercado de trabajo y la protección social.
Cabe destacar que las políticas de empleo no son planes estáticos. Son instrumentos vivos que deben evolucionar a medida que cambian las economías y las sociedades. Esta capacidad de adaptación es una de sus mayores fortalezas.
¿Qué papel desempeñan el tripartismo y el diálogo social en la configuración de políticas de empleo eficaces?
El tripartismo y el diálogo social están en el centro de las políticas de empleo eficaces, ya que los resultados en materia de empleo afectan —y dependen— de los trabajadores, los empleadores y los gobiernos. Las políticas que surgen del diálogo son más legítimas, realistas y duraderas. La experiencia de la OIT demuestra que, cuando las políticas de empleo son fruto del consenso, tienen una alta probabilidad de resistir los ciclos políticos y los choques económicos.
Hacer que el diálogo social funcione en la práctica requiere algo más que consultas: exige capacidades, confianza y una participación significativa. Los gobiernos deben crear espacios en los que los interlocutores sociales puedan definir prioridades y no limitar la participación a comentar borradores finales. A su vez, las organizaciones de empleadores y de trabajadores deben contar con la capacidad necesaria para participar en el diálogo en condiciones de igualdad y disponer de acceso a datos, análisis y opciones de política para intervenir de manera eficaz. Cuando esto sucede, las políticas de empleo se convierten en plataformas de resolución colectiva de problemas.

¿Cómo apoya la OIT a los países en la elaboración y la implementación de estas políticas?
La OIT apoya a los países mediante un enfoque estructurado pero flexible, basado en las normas internacionales del trabajo y en las realidades específicas de cada país. El primer paso consiste en apoyar el diseño de un marco integral de política de empleo, esto puede tomar diferentes formatos: una política nacional de empleo, una estrategia de empleo transversal a través de diferentes sectores y ministerios, una «estrategia de desarrollo centrada en el empleo» o un conjunto coherente de políticas alineadas al empleo. La elección depende del contexto institucional y de las decisiones nacionales. En todos los casos, el diálogo social garantiza que se identifiquen las prioridades más urgentes y que los objetivos de empleo se integren en las políticas macroeconómicas, sectoriales, de competencias y del mercado de trabajo.
Un buen diseño es fundamental, pero no suficiente. El segundo paso es la implementación, donde muchas políticas fracasan. La OIT brinda apoyo práctico para traducir los marcos integrales de políticas de empleo en acciones concretas, mediante la elaboración de planes de implementación, el fortalecimiento de las políticas activas del mercado de trabajo, el desarrollo de capacidades institucionales y el establecimiento de sistemas de seguimiento y evaluación. A través de iniciativas como la “Employment Policy Action Facility”, la OIT acompaña a los países ayudándolos a aprender, adaptarse y sostener las reformas.
¿Qué lecciones se han extraído del trabajo reciente en las regiones?
Una lección es clara: el diseño importa. Las políticas de empleo basadas en evidencia, alineadas con las estrategias nacionales de desarrollo y construidas mediante el diálogo social tienen más probabilidades de éxito. Los países que definen claramente sus desafíos en materia de empleo —como el desempleo juvenil, la informalidad o la baja productividad— están mejor preparados para priorizar y secuenciar reformas. La experiencia regional de la OIT muestra también que las políticas funcionan mejor cuando se adaptan a las capacidades institucionales y a las realidades de los mercados de trabajo.
Los países que definen claramente sus desafíos en materia de empleo —como el desempleo juvenil, la informalidad o la baja productividad— están mejor preparados para priorizar y secuenciar reformas.
Por último, existe una interacción evidente entre la eficacia de las políticas de empleo y el estado de los derechos de los trabajadores, incluido el respeto de las normas internacionales del trabajo. Cuanto mayor es el respeto de los derechos laborales, más eficaces son las políticas de empleo. Lo contrario también es cierto: unas políticas de empleo sólidas se basan en los derechos laborales y contribuyen a su aplicación.
Cuando ambas dimensiones funcionan de manera conjunta, tienen un impacto positivo en el desarrollo y el crecimiento de las sociedades.
Los países con mejores resultados invierten tempranamente en mecanismos de coordinación, financiación, seguimiento y evaluación y sistemas de datos, y conciben la implementación como un proceso de aprendizaje y no como un ejercicio puntual.
Si hubiera un mensaje clave que los lectores deberían recordar sobre las políticas de empleo, ¿cuál sería?
Las políticas de empleo importan, porque sin ellas es poco probable que se produzca un cambio significativo. Los mercados de trabajo no generan automáticamente empleos decentes para todos, incluso en economías en crecimiento. Un enfoque claro en la política de empleo establece prioridades y refuerza la rendición de cuentas. Envía la señal de que la creación de empleo, la calidad del empleo y la inclusión en el mercado de trabajo no son resultados residuales del crecimiento, sino objetivos centrales de la política pública. Y ofrece un camino a caminar juntos hacia un futuro sostenible y socialmente justo.
(Tomado de OIT)

