Icono del sitio Trabajadores

Pesar, pérdida… silencio

Foto: Yamila Causse Despaigne

Dicen que en ocasiones con una mirada sobran las palabras y eso lo descubrí en sus ojos; el cansan­cio profundo, mezcla de triste­za y de nervios, pero también la fuerza de quien no se quiebra. Su rostro marcado por la vigilia y el gesto contenido revelan el peso de lo vivido y la responsabilidad que lleva.

Esa fue la imagen que reci­bí del teniente Daniel Rodríguez Blanco, uno de los oficiales que acompañó el cortejo fúnebre de los 32 combatientes cubanos caí­dos en Venezuela. No le resulta fácil expresarse a este integrante de la Unidad de Ceremonias de las Fuerzas Armadas Revolucio­narias. “Trasladar los restos de compañeros que dieron la vida… duele”, confesó. “Uno piensa en los familiares. Si nosotros sentimos este dolor ¿cómo estarán ellos? Muchos de los fallecidos eran de mi edad. Tenían hijos, padres, hermanos. Una vida por delante”.

Sus palabras, —sin grandilo­cuencias ni discurso encendido— bastan para conocer su sentir, en las cuales también está implícita la firmeza con la que marchó al trasladar una de las urnas. Cada uno de sus pasos llevaba el reco­nocimiento al valor de quienes son sus hermanos. Y en el silen­cio con el que se rindió guardia de honor a los 32 combatientes, Da­niel volvió a convertirse en testigo y guardián de un hecho que tras­ciende el tiempo.

“He participado en otras cere­monias, pero ninguna es igual. Esta tiene una connotación especial, pues estamos despidiendo a héroes que siempre recordaremos con pro­fundo respeto. Y ver a niños, ancia­nos, mujeres llorando en las calles… eso conmueve. Todos despidiéndo­los como si fueran familia”.

Este día le hace recordar otras pérdidas. Las honras fúne­bres en homenaje al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz; y a los fallecidos por el incendio en la Base de Supertanqueros de Ma­tanzas, momentos en que el dolor es colectivo. “Ver al pueblo lan­zando flores sobre los armones… eso marca: es entonces cuando uno comprende cuánto duele la ausencia de los hombres que en­tregan su vida a la Revolución”, abundó.

“Por eso se comprende por qué miles de personas permanecie­ron en fila para rendir homenaje póstumo a los combatientes a pe­sar de la fuerte lluvia. Miré ha­cia arriba y murmuré: dicen que cuando llueve, en un funeral, es porque parte un alma buena”. Y haciéndonos eco de ese viejo re­frán, también entendimos la sim­biosis de lágrimas y lluvia que resbalaban por mejillas jóvenes y curtidas en una despedida que deja huella profunda de dolor en el silencio.

Compartir...
Salir de la versión móvil