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Para alargar la vida

Camagüey.— En casi 20 años Maricela Rojas Díaz ha visto de todo en el ser­vicio de nefrología del Hospital Manuel Ascun­ce de esta provincia. Pero nunca le ha faltado cariño. Por eso siente que le debe su vida al personal médi­co, que a pesar de las ca­rencias y dificultades ga­rantiza que 170 pacientes reciban el tratamiento de hemodiálisis.

Garantizar un servicio con calidad y buen trato constituyen prioridad en el Centro de Nefrología de Camagüey. Foto: Tomada de la ACN

A comienzos de los 2000 Maricela se enfrentó a la realidad de una insu­ficiencia renal crónica. Su salud y vida dependían de que fuera hemodializada. Desde entonces es rutina vital: tres veces por sema­na aborda el taxi que la lleva desde el municipio de Vertientes a la institución hospitalaria en la cabece­ra provincial. Gracias a su disciplina y a la dedi­cación de los especialistas es hoy uno de los pacientes camagüeyanos que supe­ran los 15 años de terapia, junto a otros que suman 20 y 28 años de esa sobrevida.

 

Un reto constante

Como describe la jefa del servicio de nefrología del Hospital Universitario Ma­nuel Ascunce Domenech y del Centro Coordina­dor Provincial Regional de Trasplantes, la doctora Yen­nis Rodríguez Lino, esa ins­talación posee tres salas: la de trasplante, con 12 camas; la de clínica-hemodiálisis, con 15; y la de hemodiáli­sis, con 20 posiciones, de las cuales actualmente funcio­nan 17, además de otras dos camas destinadas a la diáli­sis peritoneal continua am­bulatoria.

Mantener en funciona­miento por 18 años un cen­tro con esas características implica un reto constante. “Es un servicio extrema­damente caro, aclara la es­pecialista. Por ejemplo, una sesión cuesta alrededor de 650 dólares. Teniendo en cuenta que los pacientes re­quieren tres a la semana, por mes el costo de la aten­ción ronda los 8 mil dóla­res. Aquí —como en toda Cuba— el proceso comple­to es gratuito”.

Hemos tenido afectacio­nes por déficit de recursos, incluso hubo momentos en los que no quedó más reme­dio que suspender sesiones debido a la falta de insu­mos. Aunque siempre se buscaron soluciones y nin­gún paciente quedó des­protegido.

A juicio de Rodolfo Emilio Domínguez Rosa­bal, director del Hospi­tal Provincial, el esfuerzo y el ingenio han sido las principales armas para superar las carencias. “No escapamos a problemas como la falta de personal en áreas como la de enfer­mería, pero nuestros tra­bajadores se multiplican y no se interrumpe ninguna actividad”, resaltó.

 

Servicio de vida

Al centro nefrológico de Camagüey acuden pa­cientes de la capital pro­vincial y de los munici­pios de Santa Cruz del Sur y Vertientes; y son atendidas las urgencias de Guáimaro.

La actividad de tras­plantología renal se ha de­tenido en los últimos años, no obstante se realizan los estudios para determinar si son aptos para una opera­ción de ese tipo e incluirlos en la correspondiente base de datos.

Como explicó Rodrí­guez Lino, la hemodiálisis “es un método de sobrevi­da, y que algunos enfer­mos lo asimilen y otros no depende de muchos poqui­tos, desde su autocuida­do hasta la dedicación de quienes los atienden en la instalación médica”.

Por eso un objetivo im­portante logrado a fina­les del 2025 fue disponer de una moderna planta de tratamiento de agua, porque ese líquido resul­ta vital en la hemodiálisis para eliminar impurezas del cuerpo. El equipo no solo duplica la capacidad de purificación del líquido, hasta más de 5 mil litros por hora, sino que permi­te reutilizar insumos, una práctica internacional.

“Gracias a ello hemos estabilizado la frecuencia de las sesiones. Era una in­versión muy necesaria, que rápidamente se ha traducido en calidad de vida de nues­tros pacientes”, apuntó la doctora Yennis Rodríguez.

Entre los beneficia­dos está Maricela, quien encuentra en cada sesión de hemodiálisis una oportuni­dad para alar­gar su vida.

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